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Las olvidadas de la historia

Los nombres que a continuación leerá pertenecieron a mujeres que aportaron mucho, no obstante, las olvidadas de la historia...
Las olvidadas de la historia

Si alguien le pide que piense en personajes protagonistas de la ciencia o de la historia, ya sea en México o en el mundo, tal vez le lleguen a la mente una infinidad de nombres masculinos —uno que otro femenino saldrá de su acervo cultural personal—. Déjeme decirle que sí hubo mujeres, pero no se preocupe si no las conoce, al fin y al cabo, ¿cómo recordar a quien nunca nos mencionaron? Te presentamos las olvidadas de la historia…

Hoy no escribimos sobre Frida Kahlo, tampoco de Leonora Carrington ni de Virginia Woolf, y mucho menos de Juana de
Arco. Los nombres que a continuación leerá pertenecieron a mujeres que aportaron mucho, no obstante, parece ser que los libros de historia las desdeñaron.

Ada Lovelace (1815-1852)

Ella es la primera programadora de computadoras de la historia —le debemos todo lo que somos y respiramos en la era digital—. Sus padres, creadores de tan brillante mente, fueron el poeta británico Lord Byron y la matemática Annabella Milbanke. Tras su separación, la educación de Ada quedó en las manos de su madre, quien propició que se convirtiera en una mujer analítica. Lovelace conoció al matemático británico Charles Babbage, quien sentó las bases de la computación. A partir de un motor analítico con el que él trabajaba, ella creó el primer algoritmo de la historia, que permitiría a la máquina de Babbage hacer cálculos, almacenar datos y programas.

Era una mujer visionaria. Tanto, que el mismo Charles le escribió a Michael Faraday —polifacético científico que descubrió la electrólisis y la inducción magnética— acerca de Ada: «Esta maga ha dominado con su hechizo la más abstracta de las ciencias. La ha aprendido con una fuerza de la que apenas ningún intelecto masculino es capaz, por lo menos en nuestro país». Fue hasta 1979, un siglo después de su muerte, que el Departamento de Defensa de los EE.UU. reconoció los aportes de la matemática y creó un lenguaje de programación llamado justamente Ada.

Lise Meitner (1878-1968)

Albert Einstein la llamó la «Marie Curie alemana» y el premio Nobel jamás la consideró. El simple hecho de ser mujer trajo a Lise Meitner muchos obstáculos. Su gran pasión por la ciencia la llevó a aferrarse y entrar a la Universidad de Viena en 1901. Lo malo: las universidades públicas no admitían mujeres; lo bueno: sus padres siempre la apoyaron; lo mejor: fue la segunda mujer en tener un doctorado en esa universidad.


En Berlín conoció a Otto Hahn, un científico con el que haría gran amistad. Trabajó con él más de 30 años e investigaron la radiactividad. Ejerció como docente en la Universidad de Berlín y junto con Otto identificó elementos radiactivos y publicó varios artículos. Cuando el nazismo estuvo a todo lo que daba en Alemania, Meitner tuvo que huir, como todos
los judíos, y fue a Estocolmo. Siguió trabajando a distancia con Otto y, tiempo después, resultaría el descubrimiento de la fisión nuclear.


Esto llevaría a la producción de armas nucleares, mismas en las que ella no quiso colaborar, pues sabía que sería
posible crear el arma más letal de todos los tiempos. En 1944 Otto Hahn recibió el premio Nobel de Química con aportaciones fundamentales de Lise. A ella no le dieron nada; sin embargo, la comunidad científica aún reconoce su labor.

Emmy Noether (1882-1935)

A principios del siglo XX, la mujer era víctima de discriminación; sin embargo, Emmy Noether, de origen judío, logró ser una de las matemáticas más notables de la historia. Dejó grandes contribuciones en el álgebra abstracta y la física fundamental. El mismísimo Albert Einstein la definió como la «genio creativa de las matemáticas más significativa desde que comenzó la educación superior para las mujeres».

Vía elpais.com

Fue la única mujer inscrita en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Erlangen. Al terminar, le fue difícil tener un cargo académico, debido al rechazo hacia la mujer en Alemania, incluso impartió clases en esa universidad sin paga alguna. En 1918 formuló el teorema que lleva su apellido, mismo que sirviera para entender mejor la física moderna.
Consiguió demostrar dos teoremas esenciales para la teoría de la relatividad que permitirían resolver el problema de la conservación de la energía. Lo más importante que dio a las matemáticas fueron los resultados sobre la axiomatización y el desarrollo de la teoría algebraica de anillos, cuerpos y grupos. Hoy se le considera la «madre del álgebra moderna».

Rosalind Franklin (1920-1958)

Ella pudo recibir el premio Nobel de Medicina y Fisiología en sus manos en 1962, pero nunca sucedió. Fue la primera
mujer en fotografiar la molécula del ADN y descubrir la estructura de nuestra composición genética. Algunos la conocerán como «la dama oscura del ADN». Su historia se centra en la controversia de los descubrimientos de la estructura molecular del ADN y en la poca confianza que se le puede tener a un compañero cuando se descubre algo trascendental, por no admitir que Rosalind fuera capaz, igual que ellos, de realizar grandes hallazgos.

Trabajó como investigadora en el laboratorio de John Randall en el King’s College de Londres y ahí empezaron sus problemas. Había un hombre, Maurice Wilkins, al que no le pareció que una mujer compitiera en temas de ciencia, pues los dos dirigían trabajos relacionados con el estudio del adn. En 1952 Rosalind consiguió captar mediante rayos X parte de la estructura del ADN —la famosa Fotografía 51—, pero su compañerito, Wilkins, mostró la imagen a otros
dos colegas, Francis Crick y James Watson, lo que les daría la base para comprender la estructura del ADN.


Posteriormente, ellos publicaron en la revista Nature el artículo sobre la doble hélice del ADN que, en efecto, los haría ganadores del premio Nobel y jamás la mencionaron. Así, ella pasó a ser invisible en este trabajo tan relevante para la humanidad.

Delia Derbyshire (1937-2001)

Delia fue una mujer que se desarrolló profesionalmente en 1960. En una escena musical donde los reflectores estaban
dirigidos a los hombres, ella decidió seguir sus sueños y gracias a ello hoy podemos presentarle a la pionera de la música
electrónica. Estudió matemáticas y música en Cambridge; en 1959 se acercó a Decca records, pero le dijeron que no
empleaban a mujeres en sus estudios de grabación.


Entró al taller radiofónico de la BBC, donde sobresalió, ya que combinaba sus intereses en la teoría y la percepción del sonido, modos, afinaciones y estados de ánimo utilizando fuentes puramente electrónicas. Meses después, su pasión la llevaría a registrar el tema de la serie británica Doctor Who, uno de los más famosos y reconocibles. Así, Delia ganó reputación y alcanzó más éxito en radio, televisión y cine.

Radia Perlman (1961)

Radia Perlman es la «madre del Internet», pues creó el Protocolo Spanning Tree —STP—, o árbol de expansión, que cambió Ethernet; éste es el sistema que permite a los aparatos de interconexión activar o desactivar los enlaces de
conexión; gracias a esto se pudo desarrollar la red de redes. Radia contó en 2015 que a pesar de que se desenvuelve
en una industria donde la mayoría son hombres, ella ha destacado y no ha sido rechazada por sus compañeros a lo largo de su vida, ya que han valorado su talento; sin embargo, contó que en una clase un profesor de física la volteaba a ver constantemente para que ella asintiera que comprendía lo explicado, hecho que la incomodaba, pues sólo lo
hacía con ella. A la fecha, Radia también ha registrado más de 70 patentes relacionadas con temas de la web.

Vía pisapapeles.net

Susan Kare (1954)

Susan Kare es iconógrafa y pionera del pixel art, la creadora de la imagen de la interfaz de Macintosh. Seguro ha visto a lo largo de su vida esos íconos en su computadora. Pues es una mujer quien los creó. Ella concibió los íconos de Apple y dio al MacOS un léxico visual universalmente intuitivo. Susan también diseñó el puntero de mouse para Mac, la mano y el reloj de espera, además de varias tipografías.

Ella utiliza una cuadrícula minimalista de pixeles —comunica con ingenio y estilo—. Cree que los buenos íconos deben ser más como las señales de tráfico, ilustraciones comprensibles y no llenas de detalles superfluos. Posiblemente Steve Jobs no hubiera tenido tanto éxito sin el desempeño de esta mujer.

Liz Basaldúa es una millenial que sabe que la historia y la mente lo olvidan todo; una vez leyó: verba volant, scripta manent; desde ese día cree que lo único que no se olvida son las letras mientras no se olvide de escribir.

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