Los ovarios de Eva

Desde tiempos muy antiguos, los seres humanos con malformaciones congénitas han despertado la curiosidad y el asombro de quienes los rodean; y por otro lado, la ignorancia, las creencias religiosas y la repulsión han hecho que, en el pasado, estos seres fueran satanizados, relegados o expuestos como fenómenos de circo. La historia de dos siamesas que vivieron en el siglo XIX sirve como preámbulo para dar un breve recorrido sobre diversas teorías que han buscado desvelar el misterio de estas malformaciones.

por Luis Muñoz Fernández


La pareja de siamesas Cristina y Rita Parodi nacieron el 3 de marzo de 1829 en Sassari, un pueblecito de Cerdeña, Italia. Sus cuerpos se unían a la altura de la cintura, y compartían el mismo par de piernas. Los padres, de muy escasos recursos, vieron en ellas la oportunidad de hacerse de algún dinero exhibiéndolas en público, así que gastaron sus pocos ahorros para viajar con sus bebés a la capital francesa.

Las teorías sobre el origen de estas desviaciones han sido muy variadas: algunos pensaban que eran resultado de una influencia diabólica o que constituían una amenaza enviada por Dios cuando los progenitores —o los habitantes de la comunidad en donde éstos vivían— habían cometido algún pecado grave; es decir, creían que se trataba de una manifestación de la ira divina.

Sin embargo, otros pensaban todo lo contrario; para éstos, la existencia de seres humanos con malformaciones era una prueba de la infinita capacidad creadora de Dios, que no se limitaba a las formas que consideramos «normales». Durante los siglos XVII y XVIII, el conflicto entre estas dos vertientes de pensamiento se conoció como «La querella sobre los monstruos».

Conozca el desenlace en Algarabía 71.

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