Su arte era una provocación: su vida, el reflejo de su pasión al rojo vivo. El Moulin Rouge de París es impensable sin sus carteles. Todo el espíritu de la belle époque parisina fue capturado por sus pinceles; también los barrios, circos y prostíbulos. Lautrec fue el artista bohemio que se convirtió en un grande, con apenas metro y medio de estatura.

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