El 24 de agosto de 2026, Mandarina Films nos invitó a la premier de la película Sugar Island (2024). Dirigida y escrita por Johanné Gómez Terrero, la cinta nos adentra en la realidad de los productores agrícolas de la caña de azúcar: la baja remuneración económica que enfrentan, el problema de apatridia que padecen los propios residentes del país y el reto de asumir la maternidad a una edad muy temprana.

El proyecto nació pensado como un documental sobre los trabajadores de la caña de azúcar; sin embargo, la idea fue evolucionando hasta convertirse en una historia con múltiples ramificaciones sobre la maternidad, la fe y el trabajo, atravesada por problemas sociales e históricos que, en conjunto, terminan moldeando la realidad de quienes los viven.
La historia sigue a Makenya, una adolescente de 14 años que reside en las comunidades cercanas a los campos de plantaciones de azúcar. Mientras sus amigas sueñan con una vida mejor fuera de su país, Makenya siente una conexión profunda con sus raíces y su comunidad. Sin embargo, su realidad cambia cuando descubre que está embarazada, y trabajar en el único oficio que conoce deja de ser una opción. A partir de ahí deberá encontrar la manera de subsistir ante las adversidades que enfrentarán ella y su familia, en un contexto sociopolítico que no ofrece muchas esperanzas y en el que lo único que queda es aferrarse al mundo místico del gagá.1
La hibridez del proyecto entre documental y ficción le permite profundizar en la historia del batey: las personas que lo habitan, la realidad social, sus luchas y su manifestación mágico-religiosa del gagá. Mientras seguimos el viaje de Makenya, la película también nos va introduciendo datos históricos contundentes sobre la isla, sobre los lugares más importantes de la comunidad del vudú dominicano, el gagá y los cañeros.

dando una plática después de la función
Sobre el proceso creativo de esta potente película, Johanné nos contó que se inspiró en las localidades cañeras cercanas a donde vivían sus abuelos, en los embarazos a temprana edad que vivieron su sobrina, su madre, su abuela y su bisabuela, y en una fuerte necesidad de hablar sobre las injusticias derivadas de la falta de pensión de los cañeros. Habló también de que el tema espiritual-mágico fue esencial para desarrollar la historia de Sugar Island, porque, según ella, no hay revoluciones sin un poco de fe, algo que me pareció muy verdadero y contundente.
Es una película que invita a abrir los ojos y descubrir nuevas realidades del mundo; también enseña la cultura y la forma de convivir en una comunidad de la República Dominicana. Esto se percibe con fuerza en toda la ambientación de la película, incluso en los momentos en que los personajes no se encuentran dentro de su comunidad. La caracterización se vive y se transmite, y logra que me involucre por completo en esta nueva cultura.
La fotografía es otra de sus grandes virtudes: fue imposible dejar de ver la pantalla ante encuadres tan hermosos, muchos de los cuales bien podrían pasar por una pintura. Por todo lo anterior, recomiendo esta película, no se van a arrepentir. Se puede ver en el Cine Tonalá, en la colonia Roma Sur de la CDMX; habrá más funciones durante lo que resta del mes de agosto y en septiembre.

- El gagá es una práctica sincrética de República Dominicana y Haití que combina elementos del catolicismo con la santería, religiones africanas y vudú, a través de rituales, música y sacrificios. ↩︎











