Ciertas mujeres: el cine de Kelly Reichardt
Desde el palco

Ciertas mujeres: el cine de Kelly Reichardt

Las mujeres, sus dolores, carencias, decisiones, deseos y cuestionamientos son desmenuzados con particular sensibilidad en la obra de Kelly

Las vías del ferrocarril están ocultas en la mixtura verde de las hojas que nacen de los frondosos árboles que se erigen. El silbato del tren altera la silente armonía que impera en el ambiente matutino: una escena de apertura que se ha convertido ya en un icono recurrente dentro de la filmografía de Kelly Reichardt; donde, de las seis ficciones de larga duración bajo su autoría, existen tres que resaltan por destacar una cualidad inexorablemente femenina y poderosa.

La primera es Wendy and Lucy (2008), que relata la dolorosa travesía que vive una joven cuando su perrita se extravía en un pueblo ajeno; la segunda, Meek’s Cutoff (2010), es un interesante ejercicio al estilo western de una peregrinación de familias del siglo XIX que cruzan el desierto; la tercera es Certain Women (2016), donde el peso narrativo recae en tres mujeres que, con excepción del hermetismo que rige su personalidad, no tienen nada en común.

Además de un estilo formal, donde la fotografía se convierte en un registro panorámico de la naturaleza que enmarca a sus protagonistas, las producciones de la directora floridense representan un pedazo de una realidad compleja, pues sus obras continuamente presentan pequeños, pero significativos momentos que se caracterizan por largos silencios y emociones contenidas en sus intérpretes, estas mujeres, que desdibujan la arcaica concepción de la fragilidad femenina, son artífices de una sola cosa: la transición.

Reichardt confecciona situaciones donde cada diálogo, charla o discusión sucede en función, no sólo de un punto de inflexión, sino de una serie de profundas decisiones que conllevan a esta transición.

Su tercera cinta, Wendy and Lucy, es una obra particularmente dolorosa: Wendy es una joven cuya única pertenencia en el mundo es su auto ―donde duerme todas las noches― y su único apoyo es Lucy, una perrita dorada que la acompaña en aquella aguda travesía de abandonar su hogar. Al entrar a una tienda de autoservicio, Wendy pierde de vista a su entrañable compañera y comienza una incesante búsqueda, la cual la lleva a quebrarse: el peso de sus decisiones cae por fin en sus hombros y durante la incertidumbre existencial que la agobia tendrá que decidir su destino próximo, con o sin Lucy.

En ese sentido, la autonomía y brío femenino resalta en Meek’s Cutoff, filme que relata la manera en que tres familias intentan sobrevivir en 1845 para cruzar la Senda de Oregón. Durante su viaje, la presencia de un indio y diversos accidentes causados por el árido ambiente, la exhaustiva jornada y la posibilidad de morir de inanición o deshidratación hacen que Emily Tetherow, una de las mujeres del grupo, tome las riendas de una manera sutil pero insoslayable: será ella quien decida cómo actuar frente al indio, cómo continuar el viaje y, de manera muy probable, salvar la vida de los demás.

Por su parte, en Certain Women no sólo describe un episodio accidental en la vida de sus protagonistas; más bien, evoca un fragmento específico de la evolución universal que atraviesa el paraje femenino en función de su entorno. Narrada en tres actos, hila un manojo de historias tomadas directamente de la pluma de Maile Meloy y adaptadas al cine en un fiel acto de traducción intertextual. De esta manera, Reichardt captura la estructura estilística presente en todo cuento: los personajes ―una abogada, una madre de familia y una granjera― están atrapadas en el aquí y el ahora, no tienen pasado ni futuro, son sólo un instante en el relato.

En el cine de Reichardt el nombre de sus protagonistas no es realmente relevante, tampoco sus motivos ni intenciones. Lo que trasciende es su modus operandi, la astucia necesaria que se esconde detrás de un aparente egoísmo. Aquellas mujeres, cuyas acciones no realizan en función de su condición civil, profesional o social, actúan inspiradas por una obsesión individual, que se funde con la inmutabilidad del entorno, el cual camufla con indiferencia los fracasos o victorias de las protagonistas.

Tras dos décadas de experiencia como realizadora audiovisual, la cineasta ha configurado su obra a través de un molde inamovible que se caracteriza por detalles estilísticos que se manifiestan con frecuencia tanto en fondo como en forma. Sus personajes son individuos complejos cuyo bagaje emocional permea su porvenir; las situaciones dentro de sus filmes son más ordinarias que insólitas; recursos del guión que sobresalen visualmente gracias a la mesura fotográfica y la total carencia de sonido extradiegético.

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