Tomar o pintar, he ahí el dilema
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Tomar o pintar, he ahí el dilema

Cuando pensamos en obras de arte, tal vez el alcohol no sea lo primero que nos venga a la mente.

Cuando pensamos en obras de arte, tal vez el alcohol no sea lo primero que nos venga a la mente, aunque se trate —para algunos— de un ingrediente muy importante, sino es que fundamental, para su creación.

Y no es que les hagamos mala fama a los pintores, pero de más de uno se sabe de su afición por la fiesta y el alcohol. El común denominador de los que presentamos a continuación es que no tuvieron un comienzo fácil o ni siquiera una feliz bienvenida a este mundo.

Aunque de épocas distintas, estos artistas encontraron en la pintura una válvula de escape para expresar su sentir sobre el mundo que los rodeaba y en el alcohol el combustible para sobrellevarlo. Algunos de ellos fueron de los primeros que se aventuraron a trabajar por su cuenta sin el apoyo de un patrocinador; los fundadores del «creador bohemio» que debían repartir el poco dinero que tenían entre comprar lienzos y pinturas o comida y bebida. Y los otros, cuya vida no hubiera tenido sentido sin el arte.

Gustave Courbet (1819-1877)

Fundador y máximo representante del realismo francés, este pintor se distinguió por sus ideas revolucionarias, su altivez y por ser un bebedor regular al punto de padecer cirrosis y morir por ella; además de por múltiples problemas de dinero.

Courbet tenía una vida pública muy activa, al menos dentro del circulo bohemio. Sus encargos eran pocos a pesar de que su estudio era célebre, pero en vez de comprar material para seguir pintando, compraba botellas para perderse en la bebida.

Se exilió en Suiza tras haber sido encarcelado y multado en Francia debido a su activismo político. Allí se refugió en el alcohol y produjo pocas obras.

Murió el 31 de diciembre de 1877 en la Tour de Peilz, a los pocos días de la dispersión de su taller en una subasta pública.

Vincent Van Gogh (1853-1890)

A partir de la correspondencia de Vincent a su hermano Theo, se sabe que su alcoholismo comenzó en París hacia 1886, lo que lo llevó a terminar internado en el sanatorio mental de Saint Remy de Mousola, en 1889.

Además del alcoholismo habría que agregar su afición por comerse las pinturas, se tomaba la trementina que, aunada a su gusto por la absenta, ha permitido a sus estudiosos desarrollar varias teorías acerca de su locura; algunos creen que padecía epilepsia; otros, que era maníaco depresivo o bipolar.

Fueron muchas las circunstancias que lo orillaron a beber. Una de ellas fue la falta de dinero para poder alimentarse bien durante su estancia en Arlés. Explicó también a Theo que, para evitar pensar en su miseria, decidió volcarse por completo en su trabajo: «Si la tempestad que hay dentro de mí se recrudece, tomo un vaso para aturdirme». Además, no hay que dejar de lado el rechazo de su familia —principalmente de su padre— por su estilo de vida y no integrarse al negocio familiar.

Luego de ser dado de alta de la clínica de Saint Remy, van Gogh fue instalado por su hermano Theo en un pequeño pueblo, donde se dedicó a pintar. Un año más tarde, Vincent fue encontrado en medio de un charco de sangre tras haber intentado quitarse la vida de un disparo en el pecho. Tardó dos días en morir debido a su mala puntería.

Edvard Munch (1863-1944)

Este exponente expresionista no sólo exorcizaba sus problemas por medio de la pintura, pues con una vida llena de pérdidas y relaciones amorosas fallidas, llegó incluso a considerar el suicidio.

Se ha dicho que Munch padecía esquizofrenia, también se le diagnosticó depresión a consecuencia de los excesos alcohólicos, su introversión y la pérdida de su hermana y su madre, quienes murieron de tuberculosis.

Cuando comenzó a sufrir ataques de parálisis sus amigos decidieron llevarlo a un hospital en las afueras de Copenhague. Los médicos le diagnosticaron parálisis alcohólica, pues su adicción ya comenzaba a provocar daños al sistema nervioso.

Durante su estancia en la clínica recibía baños de barro caliente y pequeñas descargas eléctricas, pero fue la insistencia de los médicos en que dejara el alcohol la que obligó al artista a abandonar la clínica.

Munch murió en 1944, a los 80 años y bajo el asedio de los nazis, quienes consideraban su arte «degenerado e inconcluso». Todo su trabajo se almacenó por años en el segundo piso de su casa hasta que se descubrieron cientos de cuadros, dibujos y grabados que nunca nadie había visto. La ciudad de Oslo, Noruega, abrió un museo con esta colección.

Henri de Toulouse-Lautrec (1864-1901)

Este conocido pintor y cartelista francés se destacó por retratar la vida parisina de finales del siglo XIX.

Nació con una debilidad ósea que lo hizo pasar casi toda su infancia en cama bajo la perniciosa influencia de su madre.

Tenía afición por el mundo nocturno; los cabarets y las prostitutas fueron su inspiración, después de que múltiples mujeres lo rechazaron, entre ellas, la sirvienta de su casa.

Lautrec organizaba fiestas en su estudio que adquirieron renombre entre los principales artistas de la época, y donde el alcohol jugaba un papel central. En 1897 sufrió delirium tremens y disparó su revólver contra supuestas arañas en las paredes.

Como consecuencia de su adicción al alcohol y luego de varias visitas a distintas clínicas a causa de la sífilis, episodios de neurosis e intentos de suicidio, murió a los 36 años tras sufrir una parálisis.

Aunque vivió rápido y a tragos largos, y tras una vida profesional de menos de dos décadas, el artista dejó terminadas 737 pinturas, 300 grabados, poco más de cinco mil dibujos y 275 acuarelas.

Amedeo Modigliani (1884-1920)

Perteneciente a una familia de judíos sefarditas arruinados, desde niño fue muy enfermizo y estuvo vinculado al alcohol y las drogas, al punto de acudir por las noches a diversos bares y cafés donde pintaba pequeños retratos y con ello solventar sus adicciones.

Es parte de la Ècole de París que reune a una serie de contemporáneos con estilos individuales y sin seguir una corriente específica. Modigliani tenía una tendencia a deformar sus figuras alargándolas, lo que generaba rechazo y, en consecuencia, pobreza. Si a esto agregamos una historia de amor trágica con Jeanne Hébuterne y que no logró más que una exposición en toda su vida, tenemos la mezcla idónea para no dejar jamás la bebida.

En 1919, con su salud deteriorada y tras una noche de juerga en la que se involucró en una pelea con un grupo de vándalos, terminó delirando. Murió un año después debido a una meningitis tuberculosa.

Francis Bacon (1909-1992)

Este pintor angloirlandés tuvo una relación amarga con el alcohol, pues aunque él lo consumía de forma sensata, dos de sus amantes tuvieron trágicos finales debido al vicio.

Bacon conoció a su primer amor, el piloto Peter Lacy, en 1952, con él vivió una pasión sadomasoquista de ocho años. Luego de terminar su relación y debido al abuso del alcohol, Lacy se suicidó en 1962.

Un año más tarde, Bacon comenzó una relación con el modelo George Dyer, quien llegó a ser su principal fuente de inspiración entre 1963 y 1971. Ese año, y tras dos intentos de suicidio previos, Dyer logró su cometido al ingerir una importante dosis de píldoras para dormir mezcladas con alcohol. Al parecer, Bacon mataba todo lo que amaba.

Jackson Pollock (1912-1956)

A pesar de la prohibición, Nueva York le ofreció a Pollock muchas posibilidades para emborracharse.

Era el arquetipo de borracho que peleaba con desconocidos, corría por las calles amenazando autos y toqueteaba a las mujeres; en una ocasión rompió los cuadros de su hermano Charles con un hacha.

Su historia con el alcohol comenzó desde la adolescencia, pero gracias a su hermano, que lo impulsó a estudiar arte, fue que le dio rumbo a su vida.

Para acabar con las borracheras de Pollock, la artista Lee Krasner le pidió que se casara con ella. Se mudaron a una comunidad rural de Long Island, donde la tranquilidad del campo hizo que dejara de beber y se enfocara en la pintura.

Esa etapa duró sólo dos años, pues en 1951 volvió a recaer, e incluso amenazó con matarse o asesinar a Krasner.

Falleció años más tarde mientras conducía en completo estado de ebriedad, con él murió una de sus dos acompañantes.

Andy Warhol (1928-1987)

Además de ser el artista más emblemático de la segunda mitad del siglo XX, Warhol era conocido por su maniático carácter, su excentricidad y por las famosas fiestas que ofrecía. Al igual que Lautrec; de niño fue muy enfermizo y sostuvo una relación insana con su madre.

En 1963 el equipo de Andy ocupaba todo su departamento, por lo que alquiló un almacén al que apodó The Factory, que se convertiría en un punto de reunión de estrellas durante la década de 1960.

Las fiestas de Warhol fueron célebres por ser salvajes y libertinas, y la iniciación al alcoholismo y otros excesos de amigos y conocidos. A todos ellos se les llegó a conocer como Warhol’s Superstars.

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