Cuando filmas el tipo de películas que yo hago, recibes cartas extrañas de la gente.
David Fincher
David Fincher es reputado como un director sumamente disciplinado, cuyo más notable talento es provocar reflexión a través de sus inquietantes historias. Representante de la vanguardia cinematográfica de los últimos 30 años, sobre el cine que hace, el grueso de la crítica le aplaude que descienda profundamente en el psique de la sociedad moderna. Afirman, señalan, que al escoger proyectos tan complejos narrativamente hablando, captura de principio a fin la atención de los espectadores. Sus partidarios le atribuyen ser el principal responsable de que el cine hollywoodense resurgiera del período nada brillante que tuvo durante la década de los noventa.
Nacido en Denver, Colorado, en 1962, Fincher incursionó el cine desde los 21 años, trabajando para George Lucas en Industrial Light & Magic, donde colaboró en los efectos especiales de Star Wars: Episode VI – Return of the Jedi (1983). Comienza, como casi todo cineasta de entonces, siendo asistente en superproducciones veraniegas y luego pasaría a ser una de las figuras más importantes de la industria del videoclip, tan sólo le debemos los audiovisuales más sobresalientes de la era MTV: Janie’s Got a Gun de Aerosmith, Vogue y Express Yourself de Madonna, Cradle of Love de Billy Idol, Freedom de George Michael y Love is Strong de los Rolling Stones.
A la edad de 30 años Fincher realizó su primer largometraje: Alien 3 (1992). Su transición a la gran pantalla lamentablemente se encuentra con múltiples dificultades detrás de cámaras; y aunque no todo es negativo en su llegada al cine, a la tercera entrega de esta exitosa saga de ciencia ficción, la cual consigue por momentos esa sensación claustrofóbica que poseía la original, se le debe situar dentro del grupo de películas problemáticas que no lograron superar su rodaje infernal ni su tortuosa post producción.
Ya cuajó
Su siguiente filme, Seven (1995), encumbró a uno de los villanos más laureados del Séptimo Arte y fue la película confirmativa de su genialidad. En este thriller de intriga policial —considerado de culto— se nos cuenta la persecución, la cacería del consabido John Doe —un asesino en serie, una suerte de ángel exterminador, que ejecuta sus crímenes con base en los siete pecados capitales—, a cargo de una pareja de detectives: el veterano Somerset —Morgan Freeman, entregando uno de sus trabajos más memorables—, a punto de retirarse, y su compañero, el novato David Mills —Brad Pitt, quien ofrece con esta, después de Legends of the Fall (1994), la segunda gran actuación de su carrera—. Sólido, violento e inteligente, el filme nace de la imaginación de Andrew Kevin Walker —8MM (1999), Sleepy Hollow (1999)—, un escritor desconocido que pasaba los días enteros detrás de un mostrador en Tower Records. Estupendamente narrada y sólidamente actuada, todo un festival de emoción, precisión y estética, esta obra le valdría muy buenas críticas a nivel internacional, y lo confirmaría como uno de los directores más interesantes del momento.

Aparte de las ya mencionadas, David Fincher ha dirigido otras diez películas en estas tres décadas, entre las cuales destacan la argumentalmente pesadillesca The Game, de 1997, que colmada de vuelta de tuercas seguro le hubiera fascinado al mismísimo Alfred Hitchcock; Fight Club (1999), una sátira de sorprendente salvajismo basada en la novela del siempre perturbador Chuck Palahniuk, que critica vigorosamente a la sociedad americana noventera, y con majestuoso estilo visual y las destacadas actuaciones de Brad Pitt y Edward Norton, nos presenta a uno de los personajes cinematográficos más aclamados de las pasadas épocas, el señor Tyler Durden; Zodiac, en 2007, su triunfal regreso al mundo de los asesinos seriales, donde narra la historia real del hombre que aseguró, por medio de cartas, haber matado a 37 personas, y que nunca fue capturado por la policía, y jamás fue posible confirmar su identidad. Y así le siguen Panic Room (2002), The Curious Case of Benjamin Button (2008), The Social Network (2010), The Girl with the Dragon Tattoo (2011), Mank (2020) y The Killer (2023); además de la encantadoramente tensa y tóxica Gone Girl (2014), estelarizada por Ben Affleck y la hermosa Rosamund Pike, toda una crítica mordaz a las relaciones modernas y al espectáculo mediático.

Es indiscutible que David Fincher goza de la cualidad para compaginar su gran capacidad cinematográfica con un avis comercial, un instinto para la taquilla y el negocio, francamente extraordinario. En términos generales, siempre nos muestra un rostro muy distinto en sus tramas. Es un director que ha dado varios golpes de taquilla y gozado de una enorme libertad creativa; ha llevado las formas más contemporáneas del thriller a la categoría de arte. En declaraciones publicadas en 2006 en la prensa, Fincher admitió hacer películas independientes: «Sí, claro que las hago, pero las hago en Sony y en Paramount», concluyó jactándose del gran logro que ha conseguido dentro de la industria.
Para celebrar sus ya más de 30 años de éxito, David Fincher estrenará a finales de este 2026 The Adventures of Cliff Booth, secuela de Once Upon A Time in Hollywood (2019), y la cual marca su primera colaboración con otro genio del cine, Quentin Tarantino.











