Si crees que el sol domina la vida en el desierto, déjame presentarte a la luna
…el desierto está hecho primero y principalmente de luz…
Rebecca Solnit
Las dunas del desierto son ese lugar en Qatar donde te permites recibir el regalo de la Luna: su luz, porque no hay contaminación atmosférica ni alumbrado que nuble su resplandor.
Qatar, como todo país musulmán, se guiaba por el calendario lunar. Sus pobladores observaban las fases lunares desde las Torres Barzan construidas a finales del siglo XIX. Barzan significa ‘lugar alto’, en donde estas torres vigilaban y defendían el valle junto con una fortificación al oeste y otra torre al norte. ¿Por qué este valle? Porque en él se acumulaba agua en el subsuelo.
El conjunto de las Torres Barzan tiene, además, una pequeña mezquita y un majlis, un salón donde se reúnen los hombres, cuya superficie se cubre de tapetes y asientos. En cada casa hay un majlis. Las Torres Barzan se localizan en Umm Slal Mohammed, a 20 minutos al norte de Doha, la capital de Qatar.

En el calendario lunar, la luna creciente —después de la luna llena— marca el comienzo de cada mes. El noveno mes lunar se llama Ramadán y es el más importante para los musulmanes. Fue cuando el Profeta Muhammad recibió las primeras revelaciones de El Corán de parte de Alá a través del arcángel Gabriel en el siglo VII d. C. Para el 2026, el Ramadán transcurre del 17 de febrero al 19 de marzo.
El Ramadán es un mes de aprecio por lo que se tiene y para ayudar a la comunidad. Para autopurificarse, los musulmanes ayunan durante el día desde el amanecer hasta el atardecer. También ofrecen limosna a los menos favorecidos y es el mes ideal para peregrinar a la Meca, ciudad natal de Muhammad y ubicada en Arabia Saudita. Estos son tres de los cinco pilares del Islam. Los otros dos son la profesión de fe ‘No hay más dios que Alá y Muhammad es su profeta’, y orar cinco veces al día en dirección a la Meca para entrar en contacto con Dios, pues no hay intermediario, como el sacerdote en el catolicismo, para vincular al creyente con el Creador.
A pesar de la urbanización, las familias qataríes disfrutan de vez en cuando, pasar una noche en el desierto, a la orilla de la playa. Para estas ocasiones llevan comida e incluso llegan a prender una fogata para calentarla o terminar de prepararla.
Los visitantes, que no tienen experiencia en adentrarse en el desierto de Qatar, deben contratar un tour especializado que los internará en las dunas del sur del país al atardecer en un vehículo 4X4. Se trata de acampar en el desierto en una tienda tradicional tejida en tela de color rojo con rayas verticales en negro, blanco y verde. Se cena una comida tradicional, como tabule, jocoque, hojas de parra y humus con pan pita y de postre, dátiles y dulces de hojaldre rellenos de nuez o pistache bañados en miel. Té, café y agua acompañan el festín. Si celebras tu cumpleaños, basta con que lo digas para agregar un pastel al menú.

Desde luego, la mejor vista es hacia arriba, para contemplar la Luna y las estrellas, dejarte envolver por la bóveda celeste, tan amplia que los astros se pierden hasta un horizonte muy, muy lejano. Incluso podrás dormir a la intemperie alrededor de la fogata para no perderte del baño de luz lunar.
Es más, podrías leer algunos relatos de Las Mil y Una Noches, cuyo origen se remonta a antes del siglo X de nuestra era. En él, Scherezada le narra cuentos al rey Schahriar noche tras noche, los interrumpe en el momento cumbre y retoma la narración a la noche siguiente. Así evita que la mande matar. Aquí te relato «Ardid de mujer»:[1]
«Pero cuando llegó la noche siguiente, Scherezada dijo:
—Cierto día un jeque de barba blanca solicitó al muchacho con malas intenciones. Este jeque era pérfido igual al cuchillo del vendedor de colocasias. Pero el muchacho no se quiso prestar a lo que el otro le pedía y, además, le golpeó la cara y la arrancó la barba. El jeque fue a quejarse al valí de la ciudad y éste hizo detener y encarcelar al muchacho.
La joven no tardó en enterarse de lo que le había ocurrido a su enamorado y, al saber que estaba preso, sintió una pena muy grande. Así que combinó su plan para liberar a su enamorado y, adornándose con sus más hermosos atavíos, fue al palacio del valí, solicitó audiencia, y la introdujeron en la sala de peticiones. Y ciertamente, por Alá, que, con solo mostrarse de aquel modo, hubieses podido obtener de antemano la concesión de todas sus peticiones. Así, tras las zalemas, dijo el valí:
—¡Oh nuestro señor el valí, el desgraciado joven al que hiciste encerrar es mi propio hermano y el único sostén de mi casa! Le calumniaron los amigos del jeque y el propio jeque, que es pérfido y un disoluto. ¡Vengo, por tanto, a solicitar de tu justicia que libertes a mi hermano, sin lo cual mi hogar se arruinará y yo moriré de hambre!
El valí, con sólo mirar a la joven, sintió que se le alteraba el corazón y se enamoró de ella. Entonces le dijo:
—Desde luego que voy a libertar a tu hermano!, pero conviene que antes entres al harén de mi casa; yo iré a buscarte, después de las audiencias, para que hablemos del asunto.
La joven, comprendiendo lo que él pretendía, pensó: ‘¡Por Alá, barba de pez, que no me tocarás hasta que las ranas críen pelo!’. Y en voz alta repuso:
—¡Oh nuestro señor el valí, es preferible que tú vayas a mi casa, donde tendremos tiempo sobrado de hablar acerca del asunto con mayor tranquilidad que aquí, puesto que soy una extraña!
El valí, invadido por la alegría, le preguntó”
—¿Dónde está tu casa?
Ella explicó:
—¡En tal sitio! ¡Allí te espero al ponerse el sol!
Abandonó la casa del valí, al que dejó sumido en un agitado mar, y fue en busca del cadí de la Ciudad.
En este momento del relato, Scherezada advirtió que se acercaba el nuevo día y calló discretamente.”
La noche siguiente continuó el relato, en el cual otros cuatro hombres que la muchacha visitó para solicitar su apoyo mostraron las mismas pretensiones con ella y ella también los invitó a su casa. Al advertir que se acercaba el nuevo día, Scherezada calló discretamente.
La noche siguiente, Scherezada narró que la muchacha recibió a los cinco hombres en su casa, a quienes fue encerrando en un armario que mandó hacer para ese propósito. Antes de encerrar al cadí, le pidió una orden y con ella logró liberar a su enamorado y huir juntos.
La muchacha dejó encerrados en su casa a aquellos hombres, quienes fueron liberados por su esposo al regresar de viaje y conocer los sucesos.
El rey, para consolar al esposo abandonado, le dijo:
—¡Te nombro mi segundo visir!
Y esta es la historia, pero Alá es más sabio. Y después Scherezada agregó:
—Pero no creas, oh sabio monarca, que todo es comparable a Las aventuras de Hassán-Al-Bassri.
El rey Schahriar funció las cejas:
—No conozco esa historia. Explícala pronto.»
[1] Las Mil y Una Noches, tomo II, Décima Edición enero 1997, Ediciones 29, Madrid, p. 871-879.
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