Desde la redacción

Charlotte Brontë, una envidiosilla

Hijitos míos, me acaban de mostrar un material invaluable que les tengo que pasar al costo.

Hijitos míos, me acaban de mostrar un material invaluable que les tengo que pasar al costo.

Londres, Inglaterra, abril de 1850.

Cené el otro día con el reputado editor de la Smith, Elder & Company, William Smith Williams, quien es asesor literario de Charlotte Brontë —34 años—, autora del éxito literario Jane Eyre (1847), y me contó que la editorial le envió una veintena de libros a su casa de York, por ser una de sus best sellers. Entre estos libros había tres novelas de Jane Austen: Orgullo y prejuicio, Emma y Sensatez y sentimientos.

Pues el día 12 de este mes, la señorita Brontë le envió a Smith una carta agradeciendo el obsequio y, de paso, se dedicó a «cortarle el traje» muy amargamente a la Austen —que ya lleva más de 30 añitos en la tumba—, diciendo que su novela Emma tiene buenas descripciones, pero que la verdad, le falta toda la pasión y la profundidad de sentimientos para ser un buen libro. Y no sólo eso, de plano se metió con la muertita escribiendo —literaaal, ¿eh?—: «Jane Austen fue una dama sensible y completa, pero una mujer muy incompleta e insensible —no insensata—, y si esto es una herejía, no puedo evitar decirlo.»

¡Ay, queriditos! Cuando yo leí esto, quedé es-can-da-li-za-da. Pero, es que, para rematar este chisme, les debo decir que ese odio no es nada nuevo. La verdad es que la Brontë le tiene inquina a la autora de Orgullo y prejuicio desde hace dos años, para ser precisos. Resulta que, en 1848, Charlotte le mandó una carta francamente desagradable a su amigo, el crítico literario George Henry Lewes. En una misiva previa, Lewes le había recomendado a Brontë que leyera a Austen. Obediente, Charlotita leyó Orgullo y prejuicio y no sabemos si realmente no le gustó o si de plano le dieron celos sus párrafos. El caso es que atacó la novela calificándola como «un lugar común».

Y ahí no paró la cosa. Verdaderamente, Lewes se mostró falto de tacto, pues en su siguiente carta le recomendó a la Brontë refrenar un poco sus pasiones y escribir más al estilo de Austen, con lo que sólo logró que la autora se enfureciera y odiara definitivamente a su rival que, al parecer, ahora es su némesis —y eso que ni está viva.

«¿Por qué le gusta tanto Jane Austen? Es algo que me tiene perpleja», decía la Brontë en su cartita, y añadía que no encontraba nada de poesía en Orgullo y prejuicio, por lo que, para ella, Jane no es una artista. «¿Puede existir un gran artista sin poesía?», se pregunta Charlotte, y si estuviera viendo su pálida carita, de seguro la vería verdosa de la envidia.

Ay, Charlotita, deberías darte cuenta de que cada quien tiene su estilacho, ¿no? Hay algunos a quienes tus novelas-vorágine también les parecen too much impetuositas.

Au revoir!

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