Desde el palco

Cineastas refugiados en México

Muchas de las cintas más emblemáticas de la época de oro del cine mexicano estuvieron a cargo de cineastas españoles que huían de los estragos de la Guerra Civil.

Desatada en 1936 después de un golpe de Estado, la Guerra civil española provocó que la élite intelectual de este país decidiera huir de su país de origen y se exiliara en otras regiones de América Latina. Uno de sus países favoritos para inmigrar era México, pues el expresidente Lázaro Cárdenas apoyaba su instalación en el país.

De esta manera, Cárdenas creó organismos gubernamentales —como la Junta de Ayuda de a los Republicanos Españoles (jare) y el Comité Técnico de Ayuda a los Republicanos Españoles (ctare)— para apoyarlos durante su traslado e instalación en México ofreciendo fuentes de trabajo que les permitieran sostenerse.

Gracias a la época de oro del cine, México se perfilaba como el país con la industria cinematográfica más poderosa e influyente de América Latina.

Razón por la cual los más interesados en asentarse aquí en eran los cineastas. Fue así como surgieron obras emblemáticas del cine nacional, las cuales recordaremos al abordar tres de los directores más relevantes por su contribución durante este periodo:

Francisco Elías Riquelme

Cuando luchaba por obtener los ingresos económicos para rodar su primera película, Riquelme tuvo que abandonar España. Al llegar a México, emocionado por un supuesto contrato para dirigir a Cantinflas en una nueva producción, sus ilusiones fueron destrozadas al descubrir que el acuerdo era falso. Estaba tan desanimado que en su libro de memorias,Anatomía de un fantasma de 1972, reflejó su decepción:

«Es la quinta vez que cruzo el Atlántico, pero esta vez dejo atrás todas mis esperanzas e ilusiones.
Me alejaba de España en un momento crucial de mi vida, cuando después de una durísima lucha de cerca de treinta años había logrado alcanzar una meta que me había señalado.
Con nuestra llegada a Veracruz en los últimos días del mes de octubre de 1938 se cierra un capítulo de mi vida y se inicia uno lleno de amarguras, de calamidades y fracasos.»

España perdió a uno de sus mejores directores

Siendo el primer cineasta en rodar películas con sonido directo, diálogos y música como El Misterio de la Puerta del Sol y The Jazz Singer, se posicionaba como uno de los directores más avanzados de país. Además, observó de cerca el trabajo que se hacía en los estudios Lumiére y en el Service des Agence de la casa Gaumont en Nueva York y Paris, en donde aprendió técnicas de los cineastas estadounidenses más reconocidos como D. W. Griffith.

A pesar del éxito obtenido con su obra María de la O, no pudo disfrutar del éxito de la proyección de su película, pues se mantenía refugiado en México. No obstante, ganó renombre en este país por su aportación como guionista y director de cintas como El último día de Pompeyo (1932), Marta (1955) y Boliche (1933). Además, fue productor de más de 37 proyectos de no-ficción.

Carlos Velo

Considerado padre del documental español por su activismo intelectual en donde combinaba su formación como científico y cineasta para oponerse al movimiento franquista. Además de su carrera en Biología por la Universidad de Madrid, su amor al cine lo llevó a la creación de cortometraje, así también de un cineclub de la Federación Universitaria Escolar donde conoció a Fernando Mantilla, quien le enseñó todo sobre la producción audiovisual.

Desde entonces, la policía ya era un dolor de cabeza para él, pues estaba prohibido proyectar películas rusas consideradas peligrosas —como el Acorazado Potemkin (Eisenstein, 1925)— y se encontraba en constante vigilancia, ya que al cineclub acudían siempre grandes personalidades como Federico García Lorca y Luis Buñuel, artistas que apoyaban el proyecto.

Al desatarse la Guerra Civil y convertirse en perseguido político escapa a México, en donde comienza a dar clases de fotografía científica en el Instituto Politécnico Nacional. Además de la academia, Velo vuelve a incursionar en el cine, su gran amor; y en poco tiempo el productor Manuel Barbachano Ponce se interesa en él para realizar un documental sobre ciencia. Además, funda un programa de cortometrajes artísticos y científicos en el que participan distinguidos intelectuales como Carlos Fuentes, José Emilio Pacheco y Gabriel García Márquez.

Sus trabajos más distinguidos fueron como guionista en Raíces (1954), de Benito Alzraki, y como director en Torero (1956) y Pedro Páramo (1967). Otra de sus aportaciones fue la fundación del Centro de Capacitación Cinematográfica con la ayuda de Luis Buñuel, considerada entre las 25 mejores escuelas de cine del mundo.

Luis Buñuel

Cuando estalló la -Guerra civil, Buñuel ya había grabado algunas producciones memorables como Un perro andaluz (1929), La Edad de Oro (1930) y Las Hurdes: Tierra sin pan (1933), filmes con los cuales consagró reconocimiento internacional como uno de los más significativos directores de cine surrealista; sin embargo, era perseguido por su simpatía con la Segunda República.

Al huir de España conoció a Oscar Dancingers, productor ruso que también residió en México y produjo su primera película en tierras mexicanas: Gran casino (1947), irónicamente, resultó ser fracaso en taquillas. Lo que provocó que Buñuel pasara tres años sin filmar, en los que sobrevivió del dinero que le enviaba su madre.

Fue hasta 1949 que grabó su segunda cinta: El gran calavera (1949), la cual fue todo un éxito en taquillas.

Después de observar el trabajo de reconocidos cineastas como Alejandro Galindo e Ismael Rodríguez, notó que retomar temáticas sobre la pobreza y la marginación en México resultaba exitoso e interesante.

Fue así que le propuso a Dancingers el argumento de una de las producciones más memorables de la década de los cincuenta: Los Olvidados (1950). Al presentar esta película, recibió una suerte de críticas por parte del pueblo mexicano debido al crudo retrato de la población marginada. No obstante, después de ser laureada en el Festival de Cine de Cannes regresó al país con una excelente recepción del público.

De esta manera, Buñuel continuó cosechando éxitos hasta alcanzar la prestigiada Palma de Oro por la cinta Viridiana (1961) protagonizada por Silvia Pinal. Dentro de sus logros también se encuentran dos nominaciones al Óscar por Mejor Guion gracias a sus películas El discreto encanto de la burguesía (1972) y Ese oscuro objeto del deseo (1977).

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