En primer lugar, tendríamos que diferenciar entre tres modalidades de felicitación navideña: la carta escrita, la impresa y la tarjeta navideña comercial. Existen textos donde se menciona que, hacia 1450, en Alemania, ya se enviaban salutaciones impresas en vísperas de Año Nuevo, las cuales consistían en xilografías —es decir, impresiones hechas con planchas de madera grabada— que mostraban al Niño Jesús de pie en una embarcación tripulada por ángeles.

Las primeras tarjetas

Sin embargo, el primer antecedente claro es la costumbre que, desde inicios del siglo xix, existía entre los estudiantes ingleses de enviar a sus hogares una felicitación por motivo de las festividades de fin de año —que engloban a la Navidad y al Año Nuevo—. Dichos mensajes eran propiamente cartas o textos breves, escritos sobre un papel o tarjeta que, en el caso de los estudiantes adinerados, solían ser hojas membretadas con sus rimbombantes y aristocráticos nombres grabados.

Esta costumbre pasó a los ee. uu., donde en un principio las tarjetas de felicitación eran entregadas personalmente; pero hacia 1822, comenzaron a enviarlas por correo. La cantidad de envíos ocasionó tal saturación del sistema postal, que el superintendente de correos de la ciudad de Washington exigió la contratación inmediata de 16 carteros adicionales a su plantilla, e incluso presentó una solicitud formal ante el Congreso para que se limitara el envío de tarjetas, en la que argumentaba: «No sé qué vamos a hacer si esto continúa así».

Es un hecho que, en 1831, los dueños del Diari de Barcelona —un periódico catalán cuyo director era en ese entonces Antoni Brusi i Ferrer— tuvieron la idea de imprimir una tarjeta con una décima de felicitación navideña, para que fuera entregada a los clientes por sus mismos repartidores. La idea de la tarjeta, además de la felicitación festiva, era que a los repartidores se les diera un aguinaldo, a modo de gratificación. La tarjeta del Diari tuvo tanto éxito, que rápidamente fue copiada por otros periódicos españoles y se puso en boga también entre los carteros, gaseros, espiteros 1 Encargado de encender las farolas públicas., faroleros, las lecheras 2 Mujer campesina que, tras ordeñar a sus animales, bajaba sosteniendo en la cabeza una cesta llena de jarrones de leche, por caminos y veredas que comunicaban al pueblo con la ciudad., el sereno 3 Persona encargada de vigilar las calles de los pueblos y de regular su iluminación en horario nocturno. y hasta los monaguillos.

Egley vs. Cole

Para algunos, la primera tarjeta navideña manufacturada en serie, fue creada por el inglés William Maw Egley, quien en 1842 grabó una escena en la que aparecían personas cenando y bailando, patinadores y pobres recibiendo regalos. Para otros, la primera tarjeta navideña comercial fue idea de Henry Cole, un prominente londinense que, entre otros muchos cargos, fue promotor de la Gran Exposición de 1851, director-fundador del Victoria and Albert Museum, y constructor del Albert Hall. En 1843, atribulado ante la enorme cantidad de salutaciones escritas que por las pascuas navideñas tenía que preparar, escribir a mano y entregar, Cole decidió mandar a imprimir tarjetas con un mensaje y una ilustración alusivos a estas fechas, ahorrándose así la monserga de redactar cientos de mensajes personalizados.

Cole encargó el diseño de la tarjeta a John Callcott Horsley, un ilustrador de la Royal Academy quien, a su vez, pidió el grabado a John Thompson. La famosa tarjeta —impresa a una tinta e iluminada a mano— fue diseñada como un tríptico cuya escena central era la de una familia departiendo en torno a una mesa entre abundante comida y bebida —como detalle peculiar, aparecía una niña bebiendo vino de una copa que su madre le acercaba a los labios—, y con la leyenda «A very merry Christmas and a Happy New year to you» —«Una muy agradable Navidad y un feliz Año Nuevo para usted»— escrito sobre un festón. En los lados del tríptico, había escenas de personas ricas vistiendo y alimentando a los pobres. Así como Cole fue muy felicitado por la idea de la tarjeta, también fue víctima de furiosos ataques por parte de puritanos que le reclamaban el incalificable hecho de mostrar a un niño bebiendo y «fomentando la corrupción moral de los niños».