El punk

La historia la hacen quienes dicen «No», y el No más grande de la música ha sido el punk.

Jon Savage

por Francisco Masse

El 4 de julio de 1976, millones de estadounidenses celebraban con bombos y platillos el bicentenario de su independencia. Al mismo tiempo, cuatro neoyorquinos montaban su propia fiesta en el London’s Roadhouse, aporreando otros bombos y otros platillos al ritmo de canciones cortas, directas e incendiarias. La banda se llamaba The Ramones, y su influencia en la contracultura y la música habría de inyectar sangre nueva y vigorosa a la escena del rock del último cuarto del siglo xx.

A mediados de la década de los 70, la industria del disco era revitalizada por el surgimiento de sellos independientes que trajeron a escena nuevos géneros musicales. Para 1976, la manera en que se producía, tocaba y escuchaba música, había cambiado: las viejas estrellas del rock se habían desvanecido, y otras nuevas señalaban nuevos caminos y tendencias.

Algo similar había sucedido en 1966, cuando el rock que conocemos nació debido a las revolucionarias grabaciones de Bob Dylan, Frank Zappa, The Doors, Pink Floyd y The Velvet Underground. Pero una década más tarde, la explosión creativa —aunque muy similar a la de los años 60— tenía un cariz muy distinto: la de los 60 fue una década francamente optimista, en la que los jóvenes creían que podían cambiar el mundo; diez años después, sólo los muy ingenuos podían creer en el triunfo de la paz y el amor, y los jóvenes habían dejado de creer en las autoridades, en la sociedad y en el mundo. Claramente, sólo el dinero importaba, y la mayor parte de los actores sociales estaban corrompidos —incluyendo a muchos rockstars, quienes llenaban estadios, vendían millones de discos y se enriquecían a costa del mismo sistema capitalista que habían

criticado—. Esto era peor que una dictadura, porque no había un dictador contra quien levantarse. Los jóvenes

sentían una gran impotencia, no sólo porque no tenían el poder en sus manos, sino porque se daban cuenta de

que había poco que ellos pudieran hacer.

De los 60 a los 70

La «conciencia colectiva» sesentera se había fracturado a tal grado que era difícil tener al menos un ideal —y ni hablar del ideal del «amor y paz»—. El idealismo agonizaba y el materialismo ganaba terreno; los 60 habían sido la época de lo excéntrico, lo inusual, elcompromiso y la participación social; los 70 marcaban el regreso a la «vida normal», a la mediocridad, a la uniformidad y a la indiferencia. La contracultura había sido vencida por el establishment. La revolución se había perdido.

They’re forming in straight line / They’re going through a tight

wind / The kids are losing their minds / The blitzkrieg bop…

[Ellos forman una fila / y caminan contra el viento, / los chicos se están

volviendo locos, / el Blitzkrieg Bop…]

«Blitzkrieg Bop», The Ramones

Los adolescentes de los 70 crecieron en una década bastante aburrida, y en su horizonte sólo se veía una carrera universitaria, encontrar un empleo y casarse. Sus abuelos habían combatido a los nazis; sus padres eran los baby boomers,1 hijos de la bonanza económica; ellos no eran «nada». Estas circunstancias dieron pie a una «depresión generacional» entre los jóvenes, que se caracterizaba por la violencia, la aburrición y el nihilismo.

Los jóvenes músicos de aquel 1976 transpiraban esa sensación de hastío con un sonido áspero y burdo, y letras desencantadas, poco complacientes. La ciudad de Nueva York era la meca de esta «nueva ola» de músicos, muchos de los cuales fueron llamados punks —que quiere decir «novicio, joven sin experiencia; rufiancillo»— y conformaron un fenómeno que se propagó por toda la Unión Americana como antes lo había hecho el love and peace de los hippies, pero el punk era prácticamente opuesto. Los punks eran perros callejeros, no pacifistas; su lenguaje era vulgar, no suave; buscaban la emoción y no el éxtasis o la trascendencia de la conciencia; no creían en las marchas, los movimientos o la organización, ya que su propia vida como punks era su modo de protesta.

La fiebre punk continua en Algarabía 79.

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