No es ninguna novedad que se diga que México es un «crisol de paisajes», ambientes, culturas y razas. Los contrastantes ecosistemas que uno puede ver en este país no dejan de maravillar hasta al más viajado de los exploradores. La variedad étnica también llama la atención, y aunque en esta posmodernidad el tema racial es tabú —no debe hablarse de razas humanas como si de perros se tratara—, vale la pena dares cuenta de los distintos tipos de mexicanos que hay en todas las geografías de la nación. Uno de ellos lo conforman los llamados «lomilargos».
por Diego de Ybarra
Lomilargos se les llamaba despectivamente —el apelativo era originalmente desdeñoso, pero hoy carece de connotación peyorativa— a ciertos habitantes de los Altos de Jalisco. En aquella zona es frecuente ver a mujeres de ojos claros y pelo castaño o rubio, y a hombres altos, de barba cerrada y rasgos más bien europeos.
¿Ascendencia francesa?
Los lomilargos están convencidos de ser descendientes de franceses —aunque cualquiera se preguntaría si los apellidos Muñoz, González y Gutiérrez en verdad evocan un pasado galo—. Su teoría es que, en tiempos de la Intervención francesa, un batallón de soldados de Bazaine se perdió por esos lares, depuso las armas, y se entregó a la cópula con las mujeres locales.
La realidad, según historiadores y genealogistas serios como Jesús Gómez Serrano y don Francisco de Castaños, es que esta gente desciende de inmigrantes españoles llegados a la región durante el Virreinato, y que constituyeron ahí comunidades profundamente endogámicas.
Si usted se sigue preguntando por qué se les llamaba así a estas personas, no se quede con la duda y busque Algarabía 73

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