¿Qué onda con ver el cine en la cama?

Desde que en los años 80 se popularizó el uso del video, se empezó a ver cine en casa.

Antes del video los proyectores caseros eran muy caros, requerían de mucho cuidado y mantenimiento y las cintas —de 8 milímetros—, además de difíciles de conseguir, se deterioraban muy rápido.

Cuando la batalla entre los formatos de video —entre el Beta y el VHS— empezó, tanto televisores como reproductores de video se hicieron cada vez más accesibles, al grado de que cualquier persona se podía permitir tener ambos electrodomésticos —alguna vez muy costosos— en cada habitación. Y la principal, donde se volvió parte de la «decoración natural», fue la recámara. De hecho, si ahora vemos una recámara sin pantalla y su respectivo proveedor de contenidos —ya sea de cable, DVD, Blu-Ray u otro formato— sentimos que «algo falta».

Ante esto, muchos médicos han mencionado que «ver la TV en la cama no es saludable». Pero ahora que las pantallas son extra planas y se pueden montar en paredes —o incluso en el techo y ajustarlas en el ángulo correcto—, los mismos médicos han llegado a la conclusión que la mejor postura sería estar acostado por completo, pues así no se afectaría la columna vertebral ni se forzaría la vista.

Si a esta costumbre se le agrega un muy buen colchón, es decir, que garantice nuestra comodidad y tenga el equilibrio ideal entre soporte y calidad —como el Stearns & Foster—, podemos afirmar que nos encontramos en la mejor época para disfrutar como nunca antes del cine en nuestra propia cama.

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