¿Qué se hace en esta vida si no es ver películas? Lo decía Charly García en una de sus canciones con La máquina de hacer pájaros: «¿Qué se puede hacer salvo ver películas?».
Los días felices
Uno pasa el tiempo en plataformas de streaming «scrolleando» contenido, buscando una nueva ficción que lo distraiga de su mundo aburrido y rutinario. Cuando yo era niño —como a muchos— mis papás me llevaban al cine. El cine era una experiencia, no sólo contenido, eran películas planteadas con una búsqueda tanto estética como visual de lo que se supone que era un sueño en el que —por el tiempo que durara— aquello que veíamos sobre la pantalla era «real», como decía mi papá: «Por el tiempo que dure esto, los problemas son de otros».
Pasábamos horas en una sala, congregados con desconocidos que en el momento de ver los créditos y los nombres de las productoras nos comprometíamos con la pantalla, con lo fílmico. Antes la tecnología aún no estaba tan desarrollada ni qué decir sobre la existencia del DCP.1 Había latas de film —celuloide— que expuestas a la luz generaban imágenes fotosensibles que, reveladas después en un cuarto oscuro, se volvían planos. La lata revelada puesta en una máquina de proyección a cierto tipo de revoluciones generaba movimiento, pero si una toma salía mal, o si el material estaba dañado, era el momento en el que entraba el montajista, que también era el editor.
Una vez que el filme fuera revelado, se le llevaba al montajista para que éste verificara cuadro por cuadro la toma y cortar lo que no servía conforme el storyboard.

La historia que «de montó»
Todo comienza con Henry Woodbridge, un hombre relativamente rico que, cuando las cámaras sólo podían tomar fotos fijas, realizó un experimento entre aficionados a los caballos. Él apostó que estos animales mantienen las cuatro patas en el aire al saltar. Para ello, formó un circuito con 24 cámaras con hilos por donde el caballo pasaría y accionaría la cámara, y así captaría el momento. Además de estar en lo correcto, sorpresivamente descubrió que el film, al ponerlo en un objeto por empuje e inercia, se movía de manera circular como el zootropo.2
Con esto llega uno de los grandes descubrimientos para el Cine: la capacidad de descubrir el movimiento en el celuloide, dado por otro objeto circular. Después, los hermanos Lumière comenzarían a desarrollar una cámara capaz de captar este movimiento y reproducirlo, y así se crearía la ya famosa «llegada del tren», inmortalizada en Hugo (2010), por Martin Scorsese. Sin embargo, esta cámara representaba un problema: sólo podía tomar sujetos de frente y no se podía mover; en consecuencia, todas las tomas eran verticales, y esto se puede advertir desde sus primeros trabajos.
El Cine no nació con el uso que se le da hoy, su origen tenía un carácter inclinado hacia lo documental. Muchas de las vistas que se hacían eran de paisajes o personas, pues los incipientes cinematógrafos estaban más fascinados por su mecanismo que imaginando sus historias.

Kuleshov y sus magias
Lev Kuleshov (1899-1970) descubrió algo que cambiaría la manera de hacer cine: entendió que mediante la asociación de imágenes, el cerebro las conecta y damos por entendido un sentimiento o acción. Para probar esto, colocó la cara de un sujeto con una mirada seria y después la contrapuso con un plato de sopa para dar a entender que el susodicho se encontraba hambriento. Después hizo lo mismo con un ataúd, para explicar que su familiar había muerto y estaba triste; probó con la imagen de una mujer, que representaba a su esposa y le provocaba deseo. Esta simple asociación de imágenes resultan en algo diferente.
Posterior a este descubrimiento, llegaría otro ruso a México —que, dicho sea de paso, esos hombres eran genios— después de la explosión de la revolución en su país.
Van de a cinco
Sergei Eisenstein (1898-1948) fue el creador de cinco tipos de montaje. Él buscaba provocar un sentir en el espectador.
- Montaje métrico. Es medido conforme a la cantidad de tiempo que dura cada escena y busca estar cuadrado con la música, de tal manera que genera un impacto mucho más potente, pues éste va al ritmo del compás.
- Montaje rítmico. Irónicamente, busca que lo filmado no coincida directamente con la música o ritmo de la escena, por lo que va a destiempo. Además, contrapone los planos con aún menos tiempo del colocado anteriormente, generando el ritmo desde el primer plano con golpes o pasos, y así ofrece una explosión de sentimiento al final de la escena. Los planos se van acortando mientras acelera el ritmo de la escena, ya que va a destiempo de la música. Este tipo de montaje lo podemos ver en la secuencia de las escaleras de Odessa en El acorazado Potemkin, que culmina en la escena de la mujer con el ojo sangrado, la cual nos confunde y atemoriza al mismo tiempo.
- Montaje tonal. Deriva de lo que ocurre en la escena, dándole más importancia a las pequeñas cosas y gestos que a la musicalización, reflejando así algo más sentimental que reza más por lo que se cuenta en la escena.
- Montaje intelectual. Reza por el tipo de música o sonido utilizado más que sobre el personaje de la toma y el efecto es que nuestro cerebro hace diferentes interpretaciones, dependiendo del tono.
- Montaje armónico. Combina el tonal, el rítmico y el métrico dando por resultado una creación más profunda y una conexión más allá de lo visto en la toma.

Manolo logró montar este artículo no sólo por ser un apasionado cinéfilo desde la cuna, sino porque además también es estudiante de este arte.
Artículo originalmente publicado en Algarabía 235, septiembre 2025, «Montaje: la construcción de la ficción», pp. 36-41.











