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Las consecuencias de «hacer justicia propia mano»

En el siglo XIX no se andaban con rodeos si de cuidar la moral y las buenas costumbres se trataba, ya que actos impudicos podían llevar a la muerte.

A más de uno se nos advirtió de los peligros de andarnos «agarrando por ai’»; nos amenazaron con que nos saldrían pelos de la mano y, en casos más extremos y religiosos, con irnos al Infierno. Ahora sabemos que nada de eso es cierto, sino imagínense cuántos andarían por la calle con manos de hombre lobo.

Sin embargo en el siglo XIX no se andaban con rodeos si de cuidar la moral y las buenas costumbres se trataba, ya que actos tan impudicos como el onanismo podían llevar a cualquier hombre a la muerte. O al menos así lo adevrtia el libro Sin nombre, que cuenta la tragedia de una joven en la flor de la vida al que le pasa de todo por jalarle el cuello al ganzo, deformaciones, debilidad y una terrible agonía hasta consumirlo por completo.

Al parecer en esa época masturbarse era considerado una enfermedad y de ello queda registro en esta y otras publicaciones resguardadas en la colección Percy Skuy del Museo Ditrick de historia de la Medicina, el más grande acervo en cuanto métodos anticonceptivos se refiere.

De hecho, fue uno de sus investigadores, James Edmonson, quien puso a nuestro alcance esta joyita de la medicina de hace casi dos siglos por medio de su blog. Acompáñenos a ver esta triste —y trágica— historia.

  • Era joven, guapo y el orgullo de su madre.
  • ¡Se corrompió! Pronto carga con el cargo de su crimen, envejece antes de tiempo, su espalda se encorva.
  • Un fuego devora sus entrañas; sufre horribles dolores de estómago.
  • Mirad sus ojos, antes puros y brillantes; su brillo se ha apagado, una banda de fuego los rodea.
  • No puede andar, sus piernas flaquean.
  • Sueños terribles perturban su descanso; no puede dormir.
  • Sus dientes se pudren y se caen.
  • Le arde el pecho, tose sangre.
  • Su antes maravilloso cabello se le cae como a un anciano, se queda calvo prematuramente.
  • Está hambriento y quiere comer; la comida no permanece en su estómago.
  • Su pecho se colapsa, vomita sangre.
  • Su cuerpo entero se cubre de pústulas; es una visión horrible.
  • Una lenta fiebre lo consume, lo hace languidecer; todo su cuerpo arde.
  • Su cuerpo se agarrota completamente, sus miembros dejan de moverse.
  • Delira, se resiste a morir: la muerte es más fuerte.
  • A los 17 años expira entre horribles tormentos.

James Edmonson es curador en Jefe del Museo de Dittrick de Historia de la Medicina y Profesor Adjunto de Historia en la Universidad Case Western Reserve. Como parte de su trabajo en el museo siempre está en contacto con una gran diversidad de objetos médicos, archivos y libros de medicina. Actualmente participa en investigaciones sobre patentes estadounidenses de dispositivos médicos y quirúrgicos, la historia de la endoscopía y el impacto de la tecnología en el diagnostico sobre la relación médico paciente. En el blog http://dittrick.blogspot.mx/ podrá encontrar más sobre sus hallazgos médicos.

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