La silla presidencial

Una de las fotografías más representativas de las Revolución Mexicana muestra a Francisco Villa, en compañía de Emiliano Zapata, sentado en la silla presidencial.

El 6 de diciembre de 1914 fue captada una de las imágenes más emblemáticas de la Revolución Mexicana. Francisco Villa y Emiliano Zapata, los jefes de dos de las facciones más importantes del movimiento —la División del Norte y el Ejército Libertador del Sur—, llegaron a Palacio Nacional tras haber tomado la Ciudad de México, y ahí, reunidos con algunos de sus colaboradores, fueron fotografiados por Agustín Víctor Casasola.
Uno de los detalles más curiosos de esta imagen es que Villa se encuentra sentado en la silla presidencial. Según se cuenta, el norteño insistió en que fuera Zapata quien ocupara ese lugar; sin embargo, no logró convencerlo y terminó por ocupar él mismo el asiento. Ambos personajes se conocieron apenas dos días antes, el 4 de diciembre, en Xochimilco, y de acuerdo con algunos testigos, de inmediato tuvieron una buena relación.
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A pesar de que Villa ocupó ese sitio para la fotografía, es sabido que ninguno de los dos caudillos ambicionaba llegar al poder, pues consideraban que no tenían la preparación necesaria para dirigir un país y esa tarea debían dejarla a las personas instruidas. Además, cada uno de ellos deseaba solamente cumplir sus objetivos y regresar a su tierra, lo que eventualmente hicieron, dejando así listo el camino para que Venustiano Carranza y Álvaro Obregón triunfaran definitivamente.
Durante su estancia en la capital, y pese a la buena relación entre sus líderes, villistas y zapatistas tuvieron constantes disputas relacionadas, en muchas ocasiones, con el alcohol. Incluso se dice que ambos bandos llegaban a intercambiarse hombres para ser fusilados como modo de saldar cuentas. Estas situaciones y los problemas de suministro de productos básicos hicieron la vida muy difícil para los habitantes de la ciudad.
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Los dos caudillos eran figuras contrastantes. Mientras que Villa era un hombre alto, de piel clara y extrovertido, Zapata era de estatura baja, moreno e introvertido, a pesar de lo cual los dos llegaron a convertirse en las figuras más populares y reconocidas de la Revolución Mexicana.

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