Desde los clásicos juegos de mesa hasta las experiencias digitales, la búsqueda de estrategias y la toma de decisiones se han convertido en parte del entretenimiento contemporáneo.
El humano se encuentra constantemente ante la necesidad de ser resolutivo y enfrentar problemas, realizar anticipación de movimientos y alcanzar los objetivos de la mejor manera. Esto puede verse desde los principios de la historia hasta la actual era digital. Esa calidad particular de las personas es lo que explica el porqué los juegos de estrategia han sido y siguen siendo tan populares en distintas culturas.
En México, sin ir más lejos, los juegos de mesa siguen diciendo presente en las reuniones entre amigos o familiares, conviviendo también con las ofertas de los nuevos dispositivos y el mundo online. Después de todo, los formatos pueden haber mutado con los siglos y las nuevas tecnologías, pero los principios básicos siguen siendo los mismos: la necesidad de crear una buena estrategia.
Desde los juegos clásicos modernos como el ajedrez hasta los complejos videojuegos y sus multiversos digitales, los jugadores buscan algo más que divertirse o pasar el tiempo: quieren desafíos que los inviten a pensar y usar toda su capacidad para resolver problemas y desafíos. En el siguiente artículo, un repaso por la cultura de la estrategia a través del paso del tiempo.
Tomar decisiones: el jugador como protagonista
Si se deben pensar las principales diferentes entre los juegos que dependen de la velocidad o el azar, con aquellos que se basan en la estrategia, la más importante es el protagonismo que tiene la decisión del jugador en el desenlace final. En los juegos estratégicos, cada disposición que se tome puede tener una consecuencia inmediata y también consecuencias a largo plazo.
Los jugadores más inteligentes deben tener siempre en mente distintos escenarios para evitar llevarse sorpresas, así como también tomar decisiones en frío. Un claro ejemplo de la actualidad es el boom del poker online en México: en cada partida, los usuarios deben considerar qué decisiones tomar para ganar y despistar al mismo tiempo al resto de los jugadores en línea.
De esta manera, tanto la incertidumbre como el control racional forman parte de la misma experiencia. No existe una única respuesta correcta ni ningún método que garantice siempre buenos resultado, por lo que la variedad de posibilidades y escenarios posibles es lo que mantiene a la atención de todos los jugadores y la pasión por el juego: dos partidas bajo las mismas reglas serán diferentes.

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Del tablero a las pantallas en el siglo XXI
Durante siglos, los tableros y paños fueron el escenario en donde se representaban los desafíos en diferentes juegos de estrategia. Estos incluían conflictos entre los participantes, competencias, desafíos intelectuales e incluso negociaciones. Si bien el ya mencionado ajedrez es uno de los más conocidos, también se pueden pensar en los juegos de barajas o los juegos de mesa más populares de las últimas décadas.
Por supuesto, la llegada de las computadoras a finales del siglo XX, junto a la masividad alcanzada por internet en el siglo XXI y la popularidad de los nuevos dispositivos móviles, cambiaron por completo el panorama. Los videojuegos han permitido construir mundos más diversificados e incorporar sistemas de juego más complejos que derivan en decisiones más complejas por parte del usuario.
Si se revisan las franquicias de videojuegos más exitosas del momento, es posible encontrar cómo la estrategia aparece siempre como un factor determinante. Ya sea que hablemos de la construcción de ciudades desde cero, la administración de recursos escasos, las competiciones directas con otros jugadores o seguir la evolución de una historia y un personaje, es el usuario el que suele definir su propio destino.

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La estrategia también es una experiencia social
El imaginario de los juegos de estrategia, ya sea los juegos clásicos o los videojuegos, suele retratar a alguien en solitario concentrado en silencio. Sin embargo, siempre han tenido una importante dimensión social y los últimos desarrollos tecnológicos no han hecho más que potenciarla y expandirla. Así, ya no solo se da en partidas entre amigos o familiares, ahora también se puede ver con jugadores de todas partes del mundo.
El desafío por interpretar decisiones y comportamientos de los demás, reconocer patrones y anticipar los próximos pasos que tomará un oponente termina conectando con otras capacidades mentales del jugador. Por ejemplo, la capacidad de resolver bajo presión, las habilidades de comunicación o la influencia en la negociación pueden ser trabajadas en estos juegos y luego utilizarlas en otros ámbitos de la vida.
Además, y de la mano con todo lo dicho hasta el momento, esto ayuda a entender el porqué de la vigencia de los juegos de mesa en México a pesar del cada vez más creciente mundo digital: reunirse para jugar sigue siendo un evento social compartido. Lo mismo se replica, pero a escalas potencialmente más grandes y globales, en los videojuegos en línea.
En síntesis
La satisfacción que genera resolver problemas en base a las propias decisiones es igual de importante que las características del juego en sí mismo. Es por ello que más allá de las nuevas tecnologías, los cásicos siguen tan vigentes en México y en todas las generaciones. Así, la capacidad de enfrentarse a desafíos mentales y poner en práctica nuestras estrategias se pueden ejercer tanto en un tablero como en un dispositivo móvil.











