¡Santo remedio! – Algarabía
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¡Santo remedio!

Remedios caseros para curar todo mal: empachos, aftas, indigestión y mucho más.

Como fui un niño enfermizo, mis primeros recuerdos, invariablemente, llegan aderezados con gripes, toses, dolores de estómago, diarreas y demás encuentros cercanos con el inodoro.

Mi madre se ganaba la vida como enfermera, así que estos trastornos fueron oportunamente tratados con un abanico de jarabes, cápsulas y fármacos intramusculares. Pero ahora creo que lo que realmente obró milagros en mi salud fueron los remedios que, sabia y amorosamente, mi abuela me suministró a espaldas de mi madre. Este compendio de remedios, que se funda en una añeja tradición empírica, cuenta con una solución efectiva para cualquier padecimiento, molestia o dolor. Lo que ahora comparto es real, y están mi carne y piel para constatarlo.

Aparato digestivo —boca, panza y más al fondo—

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Tomemos, para empezar, algo tan simple como los antojos. Éstos son los culpables de que broten postemillas —o aftas— en la boca y lengua. Para erradicarlas, bastará aplicar bicarbonato con jugo de limón y dejar que la espuma actúe sobre las ulceraciones, o bien, se debe procurar que el afectado sacie el culpable apetito; pero, si éste tiene un recurrente gusto por un solo platillo, es signo de que alberga lombrices en su intestino; así que, como es la lombriz quien lo pide, prívela de él hasta que el parásito abandone el organismo, por donde sea.

Limón y bicarbonato para curar las aftas o postemillas.

Ahora bien, si por andar cumpliendo antojos alguien sufre de empacho —especie de indigestión o constipación—, o si se le queda algo pegado, nada mejor que una jalada de cuero: tienda al enfermo bocabajo con la espalda descubierta, tome con ambas manos grandes porciones de piel, a la altura de la columna y, como si estuviera calando la casta de un perro fino, pellizque y levante el cuero hasta que se escuche un chasquido, señal inequívoca de que la obstrucción ha cedido y que el empacho ha sido curado. Un remedio digno de Torquemada.

Para aliviar el estreñimiento, nada como el té de gordolobo.

Del aparato respiratorio y otros aires

Cuando te llegues a mojar —ya sea que te pesque un aguacero, pises un charco o te haya sorprendido el Sábado de Gloria—, simplemente ensaliva la yema de tus dedos pulgar e índice y con ellos humedece los lóbulos de tus orejas. Con esto evitarás que, encima de mojado, termines en cama con un resfriado.

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Pero si, con todo, te resientes y empiezas a padecer molestias en la garganta, toma un cuadrito de azúcar dominó, remójalo en petróleo —un poco difícil de conseguir en estos días— y chúpalo como si fuera un dulce. Eso sí, ¡ni se te ocurra intentarlo con gasolina!

Hay que evitar que los niños hablen en la calle, porque, con el viento, se les puede meter el diablo por la boca.

Hay que tener especial cuidado con el aire de la calle: un chiflón en el ojo hace que éste se irrite y enrojezca, en cuyo caso toma la mano del gato —sí, el animal; si no tienes, consigue uno— y frota con su dorso el ojo afectado. Si el aire entró en el oído y éste se ha infectado o tapado, coloca unas ramitas de ruda —arbusto sumamente oloroso— en el orificio del oído; aunque lo mejor para destaparlo es insertar un cigarrillo encendido —del lado del filtro, por supuesto— y dejarlo hasta que se consuma. Por último, hay que evitar que los niños hablen en la calle, porque, con el viento, se les puede meter el diablo por la boca. Y ahí sí, ya no hay remedio.

Ramitas de ruda y un cigarrillo encendido para aliviar el oído inflamado.

Y hablando de niños

Éstos son algunos consejos para el óptimo desarrollo de los pequeños, basados en las recomendaciones de mi abuela:

– Precauciones con los bebés: estos angelitos, aun en el vientre de su madre, son víctimas de los más perversos daños —como el mal de ojo. Para evitarlos, amarra en el vientre de la madre un listón rojo; si el niño ya nació, ponle al niño una pulsera hecha de coral rojo, un escapulario o una cadenita de oro. Estos objetos contrarrestarán las malas vibraciones.

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-Para curar el hipo, el remedio es sencillo: consigue un hilito rojo, adhiérelo con saliva a la frente del inocente y verás cómo, casi instantáneamente, las contracciones desaparecen.

De todo, como en botica

– Para fortalecer el organismo: un buen baño a jicarazos con agua serenada —expuesta a la intemperie durante toda la noche— resulta insuperable. Surte un mejor efecto si el vital líquido fue bañado por los rayos de la luna llena.

– Para el mal de ojo —que consiste en un malestar generalizado causado por la vista pesada, sostenida y maliciosa de alguna persona— existen variadas defensas: un ojo de venado —especie de castaña con una franja negra en su ecuador, aunque a ciencia cierta no sé lo que es—, un listón rojo amarrado en forma de moño o un ajo macho —de los grandes.

Crímenes y castigos, en el pecado se lleva la penitencia

El complemento de esta suerte de remedios y herbolaria está constituido por una serie de axiomas que no tienen otra finalidad que evitar que el mal —no la enfermedad, sino lo malo, la maldad o hasta «el Maligno mismo»— se apodere de uno. Así pues, no está de más memorizar lo siguiente:

– Si apuntas hacia el arcoíris, te saldrán verrugas o mezquinos en el dedo y sólo se te quitarán el día que granice y te puedas frotar un granizo en él.

– Si juegas con cerillos o fuego, te orinarás en la cama por la noche.

– Si el aire te golpea mientras lloras, te saldrán perrillas —abscesos en los ojos—; lo mismo sucederá si miras por mucho tiempo las piernas —u otras partes más íntimas— de una muchacha. Para sanarlas —las perrillas, no las muchachas— aplique un chile en el ojo.

Si ves a alguien gozando de un platillo, evita mirarlo con insistencia y, sobre todo, que se te antoje lo que come, porque si lo haces, le robas la sustancia.

El pilón: tres sobre la fortuna

– Es del dominio público que romper un espejo es de mala suerte —siete años, nada menos—, pero el conjuro es simple: sumerja las partes del mismo en una cubeta con agua, de modo que ésta mate los filos.

– Si te zumban los oídos sin razón aparente, es porque alguien habla mal de ti. Para conjurarlo, debes hacer la señal de la cruz con la mano y ponerla junto al oído afectado o, si sabes de quién se trata, insulta al susodicho en silencio hasta que el zumbido cese.

– Y, finalmente, si te duele el codo de repente, es porque muy pronto alguien te pedirá prestado, mientras que si lo que sientes son cosquillas en la palma de la mano, lo que te espera es un dinero con el que no contabas.

Mi abuela decía —y decía bien— que con tanta cosa que se ha soltado, uno debe andarse con cuidado. Así que toma de las líneas anteriores lo que mejor te sirva y aplícalo sin temor. Tu salud y fortuna te lo agradecerán, y quizá también esa señora de quien mal aprendí todo esto y que quizá ahora mismo, dondequiera que esté, haya esbozado una leve sonrisa.

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4 thoughts on “¡Santo remedio!

  1. Pingback: clock hands
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  3. Pingback: crossfire burner
  4. Hola, te faltaron los «chiquiadores» para el aire o dolor de cabeza, estos se ponen en las sienes solo la sabanita del cigarro empapado con saliva y «OJO» tiene que ser con cigarros «faritos» o cualquiera que no tenga filtro (en estos tiempos harto difícil encontrar) ah, doble consejo: el tabaco lo guardas para cuando el chamac@ haga «berrinche» se lo haces masticar y santo remedio!!! Pa’ lotra que quiera hacer su «show» nomas le recuerdas del tabaco y listo!!! jejejeje
    Saludos

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