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Los Triángulos de las Bermudas citadinos

En diferentes zonas de la CDMX muchas parejas desaparecen de forma misteriosa en zonas que se conocen como los Triángulos de las Bermudas citadinos.

En el mundo existen zonas enigmáticas. Una de las más conocidas es el Triángulo de las Bermudas, famosa porque, supuestamente, ahí han desaparecido casi 50 embarcaciones y una veintena de aviones, con carga y tripulación. México no es las Bermudas, pero no se queda atrás, y en su área metropolitana existen lugares tan misteriosos como aquella zona del Caribe, zonas donde frecuentemente se registran desapariciones. ¿Qué secretos ocultan estos triángulos citadinos? 
Cementerio de barcos», «mar de la mala suerte», «triángulo del diablo», son los epítetos que se le dan a una extensión del océano Atlántico cuyos vértices son: Miami, Florida; la isla de Bermuda y San Juan de Puerto Rico.1 

Desde 1840, las bitácoras marcan desapariciones enigmáticas de barcos y aviones en este sitio. En 1964, el escritor Vincent Gaddis lo bautizó como Triángulo de las Bermudas, nombre que se popularizó mundialmente. Todo es especulación respecto a las causas: trombas, tsunamis, residuos bélicos, extraterrestres y muchos etcéteras. 
Del mismo modo podemos teorizar acerca de numerosas áreas de la Ciudad de México donde los coches y las personas, generalmente en parejas, simplemente desaparecen. ¿Devoradas por qué o por quién? ¿Y por qué? Aquí describimos un par de ellas y ofrecemos algunas hipótesis. 

«Se fueron a ver la hora al reloj de Pachuca»

Al norte de la Ciudad de México hay una versión local del «triángulo del diablo», formada por la salida de la carretera a Pachuca, San Juanico y un corredor de hoteles de paso para todo bolsillo y ocasión. A esa delimitación se le conoce como «el Triángulo de las Bermudas de los Indios Verdes». 
Su nombre proviene de unas esculturas de 5.90 metros de alto y cuatro toneladas de peso, realizadas por Alejandro Casarín a finales del siglo xix, que representan a los guerreros mexicas Izcóatl y Ahuízotl. Aquel par de piezas no fueron del agrado del público. Las apodaron «momias aztecas» y, cuando el bronce se oxidó, terminaron siendo los «Indios Verdes». Desde los años 40 hasta 2006 estuvieron montados en la salida de la carretera a Pachuca. 
Y aunque los Indios Verdes ya no están ahí —fueron reubicados en un parque cerca de la Villa—, uno de los Triángulos de las Bermudas defeños sigue llevando su nombre. La gran cantidad de paradores que existen en esta área son tan atractivos para quienes pasan frente a ellos, que muchos autos «desaparecen» como por arte de magia. 

Los títulos sugerentes muy alumbrados, los grandes portones, las promociones —cable+jacuzzi+bar— atraen con la fuerza del canto de las sirenas a los navegantes de autos. Si en el océano Atlántico se evaporan transportes y personas sin razón, en la región de los Indios Verdes los motivos son evidentes: recibir un apapacho, regalarle gusto al cuerpo o darle su remojón a una virginidad distraída. 
No es excepcional que en la fila de autos que se forma debido al perenne embotellamiento en esta zona, un niño se sorprenda de la desaparición instantánea de algún vehículo y pregunte: 
—¿Y el coche de enfrente, apá?
—Se fueron a ver la hora al reloj de Pachuca —responden pudorosamente los padres, sin saber que así alimentan la curiosidad de los chicos por resolver los acertijos de las zonas misteriosas. 
¡Hey Familia! ¡Danzón dedicado al triángulo de las bermudas del Eje Central!
El roquero Jaime López llamó al espacio que va de la Avenida Juárez a la calle República de Honduras, el Triángulo de las Bermudas del Eje Central. Las esquinas de este otro triángulo son: el Palacio de Bellas Artes, el Teatro Blanquita y la Plaza Garibaldi. 
El colosal Palacio de Bellas Artes abrió sus puertas al público en 1934, inaugurado por el presidente Abelardo Rodríguez, quien lo calificó de «centro de divulgación cultural». Las calles de Mina y Pensador Mexicano enmarcan, desde 1960, al Teatro Blanquita, llamado así por la hija de sus dueños, los empresarios Margo Su y Félix Cervantes. Cuadras adelante, se recuerda a José «Peppino» Garibaldi —quien combatió al lado de Francisco I. Madero en 1911— en la plaza que lleva su nombre. Ahí se popularizó la música de mariachi desde los años 20 hasta la actualidad. 

Salpicados entre estos tres espacios culturales, conviven congales, tugurios, antros de mala muerte y los consabidos hoteles de paso, a precios accesibles para la clase popular. En el Triángulo de las Bermudas del Eje Central se pueden ver parejitas caminando por las aceras, quienes desaparecen misteriosamente a través de puertas de cristales ahumados. Las «abducciones»2 ocurren en cascada los sábados y un par de días específicos al año: el Día del Amor y la Amistad y el Día de la Secretaria. 

La línea de nazca mexicana

En Nazca, ciudad costera del Perú, desde tiempos inmemoriales existen unas extrañas líneas trazadas en el suelo. Miden 50 kilómetros de longitud por 15 de anchura, y despertaron el interés de los investigadores en 1927, cuando empezaron a conjeturar sobre las razones de su existencia. En 1978, el especialista en alienígenas Erich von Däniken lanzó la hipótesis de que las líneas de Nazca son pistas de aterrizaje de ovnis. 
La Ciudad de México tiene su propia línea de Nazca: se llama Calzada de Tlalpan. A lo largo de ella podemos apreciar multitud de hoteles que ofrecen cuartos para desfogarse. Vehículos no identificados recorren la calzada y, de pronto, son misteriosamente devorados por agujeros negros ubicados al costado de los edificios. 
Se dice que por las mañanas, los visitantes son principalmente señoras casadas con hombres que no son sus maridos; por las tardes, oficinistas que se relajan después de su jornada laboral; en las noches, hombres solitarios que contratan servicios sexuales, y los fines de semana, parejas de novios que no cuentan con la intimidad de un cuarto propio. 

 

Encuentros cercanos del tercer tipo

Éstas son las características del interior de los hoteles de paso, basadas en diversos testimonios de abducidos: 

  • Hay que diferenciar entre hotel y motel o villa; mientras que el hotel es sólo la suite, el motel cuenta con su propio lugar de estacionamiento integrado a la habitación. 
  • El encargado de la recepción —no sabemos si es humano, pues permanece oculto tras un mostrador con vidrio oscurecido— solicita el pago, que dependerá de la calidad del hotel. 
  • En el cuarto, los abducidos encuentran una cama, un tocador con una botella de agua y dos vasos, lámparas en diversas zonas para crear ambientes y, con suerte, hasta preservativos. 
  • En el baño suele haber bidet y, si el bolsillo lo permite, un jacuzzi, gorra plástica para el cabello, una botellita de shampoo y un par de jabones chiquitos de color rosa. 
  • Al lado de la cama se encuentra un botón para sintonizar unas pocas estaciones de radio y un control remoto fijo al buró. Al encender la televisión, casi siempre está puesto un canal porno o al menos de soft porn
  • Los espejos son elementos indispensables de cualquier cuarto de hotel de paso respetable. 
  • El tiempo para permanecer en el mundo paralelo del hotel de paso es variable —generalmente no rebasa las cuatro horas de estancia— y depende de la demanda. En días de gran afluencia, los cuartos cambian de habitantes hasta seis veces. 
  • El costo promedio es de 350 pesos el rato, pero hay precios para todos los bolsillos, desde los que se encuentran en barrios bravos y cuyo mayor lujo es la TV a color, hasta los nuevos «hoteles concepto», que llegan a cobrar hasta 2 500 pesos la noche, pues cuentan con cama giratoria, alberca, cascada, trampolín y menú afrodisiaco. 
  • La gran ventaja de los hoteles de paso es que, a menos que una tragedia lo impida, los abducidos salen de ellos sanos, salvos y con una expresión beatífica en sus rostros. 

 
1 v. «El Triángulo de las Bermudas» en Chicos malos: villanos, monstruos y almas perdidas, México: Algarabía editorial y Lectorum, pp.113-119.
 

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