Cincuenta chicos malos sin biografía

Lo bueno y lo malo; el héroe y el villano—, para tratar de entender, o justificar, nuestra propia naturaleza.

Los humanos somos seres complicados, pero, en el fondo, muy proclives a la simplificación maniquea —lo bueno y lo malo; el héroe y el villano—, para tratar de entender, o justificar, nuestra propia naturaleza.

La religión, el folklore, la mitología y la ficción rebosan de figuras arquetípicas de héroes que enarbolan las virtudes ideales perseguidas por los espíritus más nobles y defiguras de villanos que encarnan nuestros más oscuros vicios, delirios, defectos y debilidades. Así, en el inconsciente colectivo siempre están, y seguirán estando, los malos del cuento, los genios malvados, los archienemigos, los señores oscuros, los alter ego siniestros, los científicos locos o las femmes fatales. En esta ocasión, nos quedamos con ellos y les presentamos, por primera y única ocasión, y porque todos son tan temidos como queridos, a cincuenta «chicos malos» cuya biografía no encontrará en la papelería.

Foto tomada por Murat Esibatir para Pexels.
  • Alien. Esta agresivísima raza de bestias extraterrestres —concebida por Dan O’Bannon y modelada por el pervertido artista suizo H. R. Giger— debutó en la cinta homónima de Ridley Scott (1978) y, desde entonces, sostiene una sangrienta relación de codependencia con la oficial Ripley, quien ya hasta fue madre soltera de un «aliencito».
  • Bar Siniestro, Simón. De pobladas cejas, traje negro y mirada penetrante, Bar Siniestro es un malvado científico loco que hace ver su suerte al bonachón perrito Supercan. Tiene en su haber la invención de armas mortíferas, como la máquina de San Valentín, la máquina de lluvia o la máquina de cosquillas —«Simón dice: ¡ríe!».
  • Bateman, Patrick. El psicópata americano de Bret Easton Ellis es un adinerado yuppie de Manhattan que —como todos los de su clase y su época: los 80— usa trajes carísimos, frecuenta bares exclusivos, bebe en abundancia, inhala cocaína y está obsesionado con la apariencia física, lo que lo vuelve incapaz de albergar ideas o sentimientos profundos… ¡Ah!, y por las noches es un despiadado asesino serial. Pero su peor defecto es que le gusta la música de Huey Lewis & The News.
  • Bates, Norman. Sí, el de Psicosis (1960), en cuya mentecita conviven —gracias al trastorno de identidad disociativo— Norman, el niño abusado y sometido emocionalmente por su madre; Norma, la «cabecita de algodón» que despacha a cuantos y cuantas se interponen entre ella y su hijo; y Normal, el amanerado gerente del Motel Bates. Ni a cuál irle.
  • Bickle, Travis. Víctima del insomnio crónico y de la alienación social, este veterano de Vietnam se emplea como taxi driver nocturno y se engancha con una prostituta de doce años, a quien trata de salvar de su chulo, convirtiéndose en una suerte de justiciero con pelo a la mohawk… y en inspiración para John Hinckley Jr.:1 «¿Me estás hablando a mí?».
  • Blofeld, Ernst Stavro. El líder de SPECTRE, de origen polaco, ha aparecido —flanqueado siempre por un esponjoso gato blanco de Angora— en siete películas de James Bond. Esto lo convierte en el enemigo por excelencia del Agente 007 y en un imitadísimo cliché del cine de espías.
  • Burns, Montgomery. Multimillonario dueño de la planta nuclear de Springfield —y patrón del jefe de la familia más famosa de la TV—, podría ser una mezcla de magnates como Rockefeller, Howard Hughes y Charles Foster Kane, pero la verdad es que no es sino un alfeñique ruin y despreciable. Con todo, tiene a su «enamorado» incondicional: Smithers —que, más que malo, es maleta.
  • Caín. Hijo de Adán y Eva, hermano de Abel, a quien asesinó por puritita envidia con la quijada de un burro. Se disputa con Lucifer el sitio del primer chico malo de la tradición judeocristiana, porque la pregunta es: ¿Caín actuó por propio impulso o mal aconsejado por El Adversario? —o sea, ¿qué fue primero, el huevo o la gallina?

Foto tomada por Percheck Industrie para Pexels.
  • Circe. Hechicera mitológica que vive en la isla de Eolo y que saltó a la fama mundial por haber seducido y retenido en su isla a Ulises, el héroe de la Odisea. Suele convertir en bestias a los hombres que son objeto de sus afectos; o sea, una mujer típica.
  • Creel, Catalina. La inolvidable y telenovelesca mujer del parche en el ojo es todo un hito en la TV mexicana, pues representa justamente lo opuesto a la Virgen de Guadalupe: la perversión absoluta del mexicanísimo arquetipo de la madrecita santa.
  • Coco, El. Esta nebulosa figura tiene su origen en el folkloremexicano y está profundamente arraigada —aunque cada vez menos— en la conciencia nocturna de los niños mal portados y berrinchudos. Nadie sabe cómo es a ciencia cierta; y eso es lo peor: debe de ser tan espantoso que las palabras no alcanzan para describirlo.
  • Corleone, Michael. A la muerte del primogénito Sonny y luego de don Vito, «El Padrino» —su padre—, Michael queda al frente de «la familia», y lo hace con tal precisión y frialdad, que hasta su hermano Fredo resulta trasquilado. Aparece en esta lista por sus crímenes, pero la verdad es que muchos le profesamos admiración… y hasta un poco de cariño.
  • Cruella de Ville.¡Vieja bruja! Esta nada agraciada gurú de la moda está obsesionada con la piel de dálmata y, por eso, secuestra a 101 cachorritos, para confeccionarse un abrigo con su tierna y moteada piel. Encabeza la lista de los más buscados por PETA.
  • Damien. Detrás de la tierna carita del hijo «sustituto» del embajador Robert Thorn, en La profecía (1976), se esconde nada menos que el hijo de Satán, destinado a convertirse en el Anticristo profetizado en la Biblia. Sobra decir que, con una simple mirada, es capaz de provocar horribles muertes a quienes se le oponen… ¡Lo que es ser hijo de alguien importante!
  • DeLarge, Alexander. Antes de ser traicionado por sus supuestos droogos,sometido al Tratamiento Ludovico y transformado en una «naranja mecánica», el «malchico» Alex era un as de la bota, la britvay el nozcho, apasionado del viejo in-out-in-out y de la «ultraviolencia», en especial después de un synthemesco o un dencrom en el bar Korova. Más claro, ni el agua.
  • Drácula. Inspirado por la exquisita crueldad de Vlad Tepes «El Empalador»,4 este mítico conde, oriundo de la región rumana de Transilvania, es un vampiro que, loco de amor por Mina, recorre media Europa para satisfacer sus deseos de carne y sangre fresca y, póstumamente, convertirse en todo un superstar de la literatura, el cine y la TV.
  • Duende Verde, El. Ésta es una identidad que varios hombres —entre ellos el industrial Norman Osborne, su hijo Harry y su psiquiatra Bart Hamilton— han adoptado para poner en jaque al ya de por sí atormentado Hombre Araña. Obtiene sus superpoderes gracias a un suero, cuyo efecto secundario es la locura. Ni hablar: los drogas destruyen.
  • Ecoloco, El. Al grito de «¡Mugre, basura y esmog!», este sucio greñudo es la contraparte del profesor A. G. Memelowsky y su partida de ñoños en Odisea Burbujas. Se rumora que es la mente siniestra detrás del calentamiento global, la infición y la saturación de los rellenos sanitarios de la ciudad de México. No se le ha podido comprobar nada, pero eso sí, desazolvamos a diario.
  • Gárgamel. Tal como sus odiados suspiritos azules,5 tiene una leyenda negra: al parecer, se trata de un monje renegado que practica la hechicería y la alquimia, y que necesita a un pitufo, pues es uno de los ingredientes de una poción que sirve para fabricar oro. Además, su gato se llama como el ángel bíblico de la muerte: Azrael. Finísima persona.
  • Guasón, El. De misterioso rostro blanco, sonrisa desencajada e incontenible inteligencia, el archienemigo de Batman dista mucho de ser el «lunático bromista» que el cine y la TV han mostrado. Este payaso —y no es insulto— es en realidad un temible sociópata para quien el caos y el crimen son sólo un placer, y un homicida que debe más de dos mil vidas… contando, claro, la de Heath Ledger —que Dios nos lo tenga en su santa gloria.

Foto tomada por Miggy Rivera para Pexels.
  • HAL-9000. El único personaje inorgánico de esta lista es la computadora asesina de 2001: odisea del espacio (1968), ideada por Arthur C. Clarke y Stanley Kubrick, cuyo crimen puede ser atribuido a su miedo a morir. Luego, si era tan inteligente, ¿por qué no alegó «asesinato en defensa propia»?
  • Hyde, Mr. Fruto de la prodigiosa pluma de Robert L. Stevenson —y de una pócima—, es el monstruoso alter egodel apocado doctor Jekyll, exactamente lo que éste quisiera ser… Y lo sería, si sus inhibiciones y represiones no se lo impidieran. Es decir, es más él que él mismo.
  • Jorge de Burgos. En verdad que este venerable fraile tiene objeciones contra la risa, ya que por él y su venenosa acción se desatan los crímenes narrados en El nombre de la rosa —de Umberto Eco—. A propósito, este personaje —anciano, ciego, bibliotecario y con ese nombre—, ¿aludirá a alguien cuyo nombre omitimos sólo porque puede ofender a quien dirige esta bendita revista?
  • Krueger, Freddy. Al desfigurado protagonista de las mil entregas de Pesadilla en la calle del infierno lo mueve la venganza y tiene por costumbre tasajear con sus garras metálicas el sueño de los jóvenes incomprendidos. En esta lista, Krueger representa a su gremio: Michael Myers, Jason Vorhees y otros tantos ídolos del slasher film.
  • Macbeth, Lady. La esposa del protagonista de la tragedia shakespeariana simboliza la ambición desmedida que hábilmente manipula a su marido para asesinar al rey y, así, asumir el trono, aunque después sea presa de la culpa y de un trastorno obsesivo que la lleva a lavarse las manos compulsivamente. Ya ahogado el niño…
  • Lecter, Hannibal. Refinado y fascinante, el doctor Lecter es un psiquiatra cuya ética peculiar disfruta de jugar con las mentes de sus pacientes y un gourmet consumado con una debilidad por la carne humana. Aun en prisión, ayuda a Clarice Sterling a «callar a sus corderos» y, ya afuera, le mueve el platónico tapete a esa guapa… ¡Slurp!
  • Llorona, La. Esta aparición espectral frecuenta solitarios parajes del México mágico donde abunda el agua, en los que busca, entre tétricos alaridos, a sus hijos perdidos… ¿Será Coatlicue que llora a sus mexicas caídos en la Conquista? ¿O la colonial española celosa que ahogó a los propios? De cualquier modo, y siendo estrictos, debería llamársele «La Gritona».
  • Lolita. De la novela homónima de Nabokov. Y sí, Humbert Humbert no fue precisamente un santo al andar levantándole la falda a su hijastra, pero esta puberta arpía tenía lo suyo: chantajista, sádica, inmoral, una manipuladora que usaba como carnada su floreciente sexualidad… Y todo con una mascarita de niña buena. Ésas son las peores.
  • Lucifer. También llamado Satanás, Belcebú, Asmodeus o Sammael, algún día fue un ángel llamado Luzbel que, por rebelarse ante la máxima autoridad, cayó del Cielo y ahora reina en la mansión de los fuegos eternos.7 Quienes creen en él lo hacen responsable de toda la iniquidad, el caos y la destrucción del mundo, mientras que los que no, simplemente lo consideran una alegoría exculpatoria del lado oscuro del alma humana. Pero la verdad es que es el jefe de todos los demás bribones que aparecen en esta lista.
  • Luthor, Lex. El conocido supervillano de Superman es un acaudalado industrial y criminal «de cuello blanco» que, en una de ésas, podría terminar ocupando el Despacho Oval de la Casa Blanca. En origen era amigo de Superboy, pero como éste fue el involuntario causante de su calvicie prematura, se convirtió en su acérrimo enemigo. ¡Qué delicado!
  • Malosnoff, Boris y Fatale, Natasha. Esta pareja de espías con acento ruso veían siempre frustrados sus planes de dominación mundial por la oportuna intervención del alce Bullwinkle y de Rocky «La Ardilla Voladora»… Si tienes menos de 33 años, olvídalo; no tienes la menor idea de lo que estamos hablando. Baste decir que, en inglés, se apellidaba «Badenough».
  • Medusa. Ponzoñosa criatura de ojos mortales que con sólo una mirada convertía a sus enemigos en piedra —¿alusión eréctil?—. Otrora bellísima, fue transmutada en el monstruo con serpientes que conocemos, por la envidia de Atenea. Según Freud, es la imagen de la castración, asociada en la mente infantil con el descubrimiento de la sexualidad de la madre. Además, suele usarse como ícono feminista. Quién sabe por qué será.
  • Minotauro, El. Mitad humana y mitad toro, esta bestia habitaba el laberinto de Knossos, en Creta, y cada año —otros dicen que cada nueve años— se le ofrendaban siete jóvenes y siete doncellas atenienses, para que las devorara, hasta que el héroe Teseo dio cuenta de él… ¡Pobre buey!
  • Moctezuma, Carlos López —en cualquiera de sus personajes—. El malo más malo del cine nacional hizo que sus ojos verdes fueran los más temidos y odiados por la sociedad mexicana de entonces. Curiosamente, dicen que en la vida real era «un pan de Dios».
  • Morgan, Samara. La niña diabólica de El aro (2002) nació mala, murió mala y desde su hogar en el pozo —que es un umbral entre el más allá y el más acá— se «escabecha» a quienes, sin deberla ni temerla, osan ver su «película maldita». ¡Malditos resentimientos infantiles!
  • Moriarty, Profesor. Archinémesis de Sherlock Holmes, es, quizá, el primer ejemplo del «supervillano». Llevó a la muerte al sagaz detective en las cataratas de Reichenbach9 y, aunque sólo aparece en dos de las casi 60 historias escritas por Conan Doyle, su diabólica genialidad fue suficiente para que Holmes le apodara «El Napoleón del Crimen».
  • Pennywise. Díganme, ¿quién de niño no le temía, aunque fuera un poco, a los payasos? Pues en la teleserie Eso —It (1990)—, el vilipendiado, pero eficiente, escritor Stephen King explota al máximo ese temor infantil para dar vida a uno de los payasos más inolvidables y tenebrosos del siglo XX—desde luego, sólo después de Brozo.

Foto tomada por Wilson Vitorino para Pexels.
  • Reina, La. Blanca Nieves era una princesa que, al morir su padre, queda al cuidado de su vanidosa madrastra, quien envidia su angelical belleza, por lo que la obliga a vestirse con harapos. Cuando el espejo mágico le revela que es Blanca Nieves, y no ella, la más hermosa del reino, La Reina ordena a un cazador que la mate y, como prueba de su muerte, le lleve su corazón en un cofre… ¿A esto le llaman «cuento infantil»
  • Sauron. La vida, obra y avatares de este oscuro señor son intrincados y complejos… como el resto de El Señor de los Anillos y casi toda la obra de J. R. R. Tolkien. Sólo le digo que controlaba toda la Tierra Media desde Mordor y que su ojo coronaba la punta del Monte del Destino, como símbolo del miedo y la opresión. Si quiere saber más, léase el «tabique».
  • Scar. Evidentemente inspirado en el rey Claudio, de Hamlet, es la antítesis de su hermano, el Rey León Mufasa: cobarde, maquiavélico, megalómano, envidioso y con la sangre fría suficiente para fraguar la muerte de su hermano y su sobrino, con tal de hacerse del poder. Vaya, ¡hasta parece humano!
  • Scrooge, Ebenezer. A este viejo tacaño lo visitan los espíritus de las navidades pasada, presente y futura, y, bajo amenaza de muerte, decide convertirse en un hombre bueno y generoso. Pero, después de todo, ¿a quién se le puede culpar por odiar la Navidad?
  • Smith, Agente. Como agente que es, dentro de la Matrix, él puede ser cualquier persona y hacer cualquier cosa, pero cuando encuentra al «elegido» Neo, canjea su odio hacia los humanos en general por una batalla personal contra «Mr. Anderson». Al ser destruido por Neo, se transforma en un ente «liberado» que elude el control de las máquinas y que tiene el poder de clonarse en todos. El sueño de un geek.
  • Tenia, El. Adjetivos faltan para siluetear a esta escoria misógina que, en la explícita cinta francesa Irreversible (2002), aprovecha la soledad y la oscuridad de un túnel para perpetrar una de las violaciones más crudas y traumatizantes del celuloide sobre la escultural persona de Monica Bellucci. ¡No hay derecho!
  • Tezcatlipoca. En náhuatl su nombre significa «espejo que humea», y es la figura maligna más reconocible de la cosmogonía mexica, asociada a la noche, a la discordia y a la brujería, además del eterno rival del buen Quetzalcóatl, a quien emborracha y orilla al exilio. Hay quienes afirman que el culto a su figura evolucionó hasta convertirse en la Santa Muerte.
  • Tiburón. ¿Cómo no temerle a un escualo que mide casi 8 metros y que, además, es una voraz máquina de matar dispuesta a engullir lo que sea que se mueva? Pero, la verdad sea dicha, el verdadero artífice del horror que causa el tiburón es el compositor John Williams, que con su música nos hace olvidar los torpes movimientos de quijada de este animatronic setentero.
  • Torrance, Jack. Este escritor frustrado, de apariencia apacible, toma un empleo como cuidador de un hotel en invierno. Y ahí, el «resplandor» de los terribles hechos del pasado —y unos que otros fantasmillas chocarreros— se apoderan de él y lo convierten en un terrible psicópata que amenaza la vida de su esposa e hijo. Redrum… Redrum…
  • Tuerto, El. Si alguien desea entender la intensidad melodramática del pueblo mexicano, tiene que ver la trilogía de Nosotros los pobres (1947); y si alguien representa a la maldad en esa epopeya, es el «montonero» encarnado por Jorge Arriaga, culpable de las dos muertes más lloradas del cine nacional: la de «El Camellito» y la del pequeño «Torito».
  • Vader, Darth. Una vez llamado Anakin Skywalker, fue hijo de una esclava —igual que Moisés—, profetizado y concebido por «intervención superior» —igual que Jesús— y, ya grandecito, seducido por el lado oscuro de la Fuerza. Su aspecto maquinal lo debe al jedi Obi-Wan Kenobi, otrora su mentor, que le mutiló las piernas y lo dejó a merced de la lava. Es imperialista e implacable, aunque al final se redime por mero amor filial a su vástago, Luke.
  • Voldemort, Lord. La némesis del joven mago Harry Potter, a quien dejó huérfano y con la relampagueante cicatriz que cruza su frente. Impío y malvado, es el mago más poderoso de todos los tiempos, así que, como era de esperarse, esto lo lleva a querer dominar el mundo. Y que quede claro: éste es el auténtico «innombrable» y no un expresidente exiliado en algún lugar de Dublín.
  • El Correcaminos, Piolín y Jerry. Como lo lee. Dígame si no, ¿qué se necesita tener en el corazón para ejecutar desquites —con el pretexto de la defensa de sus depredadores naturales— que incluyen aplastamientos con rocas y yunques, disparos a quemarropa, caídas a un abismo, explosiones de dinamita, congelamientos y una larga serie de dolorosos «accidentes»? Y de la carita de mosquitas muertas, mejor ni hablemos…

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