Historias – Algarabía https://algarabia.com Algarabía Thu, 05 Mar 2026 04:43:42 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=6.9.1 https://algarabia.com/wp-content/uploads/2021/06/favicon.png Historias – Algarabía https://algarabia.com 32 32 El Profeta del Nopal: Rodrigo González https://algarabia.com/el-profeta-del-nopal-rodrigo-gonzalez/ https://algarabia.com/el-profeta-del-nopal-rodrigo-gonzalez/#comments Thu, 05 Mar 2026 04:43:37 +0000 https://algarabia.com/?p=40381 Rodrigo Eduardo González Guzmán –mejor conocido como Rockdrigo—nació una navidad a mitad del siglo pasado en Tampico, Tamaulipas. Desde niño tuvo el oído aguzado, escuchaba todo tipo de música. Aprendió sones huastecos pero también se contagió con el ritmo rockero de muchos grupos, en su mayoría extranjeros, de la época.

Vía elsiglodetorreon.com.mx


Con el tiempo, sus gustos lo volvieron multifacético, pues le gustaba modelar, cantar, actuar, y escribir. Quizás en esto influyó su natal Tampico, pues según él esta ciudad era un conglomerado de influencias musicales: «vives en la eterna pachanga, yo recuerdo que la casa de mis padres y la de mis abuelos estaba situada a tres o cuatro cuadras de diferentes centros de baile, en la esquina de la casa había una discoteca, luego había otro lugar donde se bailaban puras cumbias, otro de tangos; Tenía entonces como quince años y empecé a componer casi inmediatamente».


Comenzó su carrera musical en camiones, esquinas y bares, incluso realizó conciertos dentro de reclusorios. Las temáticas que abordaba en sus canciones eran los movimientos sociales y estudiantiles, un poco de poesía sobre el amor, la doble moral de la sociedad, las guerras, la pobreza, identidad y violencia.


Él mismo, en una entrevista para La Jornada –la última–, confesó que la verdad no quería estudiar, que nomás andaba viendo si alguna [carrera] lo emocionaba, para entonces hacerle caso a sus papas y ser un buen chico. Pero después de estar en siete carreras y no hacerla, aunque su formación no fue académica, Rockdrigo se llenó los ojos de letras: García Márquez, Rulfo, Sabines, Artaud, y varios más, fueron sus maestros encontrados entre páginas.

«El Bob Dylan mexicano»…

Rodrigo González
Vía rock11.com

Siempre fue un hombre terco que hallaba la forma de hacer las cosas de otra forma si la primera no le funcionaba. Como algunos otros artistas, Rodrigo se mudó primero a Veracruz –estado referente de música folklórica–, y más tarde emigraría a la Ciudad de México, que a finales del siglo xx se mantenía como el gran centro de producción de la industria cultural.

Mantuvo su estancia aquí cantando en bares y en la calle hasta que conoció a Françoise, quien al parecer se convertiría en su mecenas, pues lo llevaría de viaje durante seis meses a Francia, por lo que su mente recibió un importante estímulo contracultural.
Rodrigo leyó a Freud y a Jung, referencias que de hecho aparecen en algunas de sus canciones, por ejemplo en «Tiempos híbridos» y «Metro Balderas».


A su regreso a México en 1983, Rodrigo entró en contacto con los luego llamados «Rupestres», un apelativo que derivó de un ciclo de conciertos realizados en el Museo Universitario del Chopo por iniciativa de él, de Jorge Pantoja y Rafael Catana. Este movimiento musical Rockdrigo mismo lo definió así: «son poetas y locochones, rocanroleros y trovadores, simples y elaborados; gustan de la fantasía, le mientan la madre a lo cotidiano, tocan como carpinteros venusinos y cantan como becerros en un examen final del conservatorio».

La influencia que tuvo de Bob Dylan –innegable como el peso que tuvieron los Beatles en su oído– fue más que musical. La ruptura con la autoridad, la liberación como antecedente necesario para la búsqueda personal son tópicos en común en la historia de Rodrigo: el artista perteneciente a la generación de la posguerra que decide abandonar el hogar para convertirse en músico callejero. Aunque musicalmente presumía de requintear mejor que aquel músico estadounidense.

La amplitud del profeta

Las letras del Rockdrigo contienen metáforas que revelan una observación crítica de la realidad social en el Distrito Federal. Sensible a los dramas de la clase obrera, González tiene la intención de ir a contracorriente de las clases dominantes, una visión compartida por los Rupestres, quienes dejan muy claro a qué no se quieren parecer. En ese sentido, el adjetivo popular como oposición a la alta cultura está muy presente.

Vía Wikimedia Commons


Las canciones de Rockdrigo operan como una especie de caleidoscopio en el que pueden observarse diferentes matices de la sociedad mexicana, desde la perspectiva de la clase media. La migración de diferentes estados de la república a la capital en las décadas anteriores, constituyó al d.f. como una metrópolis compleja desde finales de los años setenta.

A esto se suma que son años de crisis económica, en 1982 se devaluó la moneda mexicana y después el país contrajo una alta deuda con instituciones internacionales.
«Se trata de ser uno mismo, equilibrar por ejemplo la fantasía colectiva con tu fantasía individual, que al fin y al cabo, las dos están matizadas de realidades e irrealidades.»


Rodrigo González tuvo la intención crítica que lo alejó de las garras de las industrias culturales, pues buscaba influir en la reflexión de quienes lo escuchaban, más que obtener los favores monetarios de sus composiciones. El escritor José Agustín planteó que él consiguió integrar el lenguaje al rock and roll.

La vida de este cronista musical llegó a su fin –a sus 35 años— el 19 de septiembre de 1985. El día en que un terremoto de 8.1 grados sacudió la capital de México, varias casas y edificios se derrumbaron; entre estos, los departamentos de la calle Bruselas en la colonia Juárez, donde habitaba Rockdrigo.

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¿Qué son los humores? https://algarabia.com/que-son-los-humores/ https://algarabia.com/que-son-los-humores/#comments Tue, 03 Mar 2026 15:25:12 +0000 https://algarabia.com/?p=13745 Durante la Antigüedad —y hasta el Renacimiento—, el hombre se consideraba un microcosmos que contenía en sí todos los atributos del Universo, y como tal, el hombre estaba compuesto de los cuatro elementos: fuego, tierra, agua y aire.

¿Qué son los humores?

El hombre creía que cuando comía se nutría de estos elementos esenciales, los cuales eran procesados por el hígado y se convertían en cuatro sustancias líquidas: los humores. Humor es una palabra que proviene del latín y que significa ‘líquido, humedad’ —específicamente la que surge de la tierra, que en latín es humus.

Los humores eran para el cuerpo lo que los elementos para el Universo, por lo que cada uno tenía su correspondiente en el mundo físico.

elemento humor cualidad común temperamento
Fuego Cólera o bilis amarilla Caliente y seca Colérico
Tierra Melancolía o bilis negra Fría y seca Melancólico
Agua Flema Fría y húmeda Flemático
Aire Sangre Caliente y húmeda Sanguíneo

El buen temperamento y el mal humor

Para el buen funcionamiento del cuerpo era necesario que existiera un balance entre los humores. De la relación entre éstos y el «calor vital» dependía el temperamento: un «buen temperamento» hablaba de un adecuado equilibrio entre los humores, mientras que si uno de ellos excedía a los otros tres se producía una enfermedad o, bien, un desequilibrio espiritual que se reflejaba directamente en el estado de ánimo, que era, propiamente, el temperamento de una persona.

Si la mezcla de los cuatro humores estaba equilibrada se decía que la persona estaba de buen humor, y de mal humor, si estaban desequilibrados. Resulta curioso cómo esta creencia tan arcaica permanece en nuestras expresiones cotidianas e, incluso, en algunos estudios sobre la personalidad.

Siguiendo el espíritu de aquellos estudiosos del comportamiento humano, preparamos las siguientes preguntas. Al final podrás averiguar cuál humor o temperamento más cercano a tu personalidad.

Encontrarás más información sobre el tema de los humores en Algarabía 58, p. 58.

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Literatura perdida en la historia https://algarabia.com/literatura-perdida-en-la-historia/ https://algarabia.com/literatura-perdida-en-la-historia/#comments Mon, 02 Mar 2026 04:11:58 +0000 https://algarabia.com/?p=44961 La literatura es capaz de trascender a lo largo del tiempo, más allá del placer que producen, sus páginas han servido como referente de nuestra realidad, con la memoria y el registro de descubrimientos y teorías que intentan explicar el mundo; por eso no es una tarea banal el preguntarnos qué habría pasado si algunas obras como las que te presentamos a continuación no hubiesen tenido tan atroz destino.

–Conoce algunos libros que cambiaron la historia

Los casos que aquí se presentan fueron consultados en The Book of Lost Books de Stuart Kelly. Cabe añadir a esta lista, los fragmentos perdidos de la Biblia, los códices azteca y maya que se destruyeron después de la conquista.

10. Ab Urbe Condita, de Tito Livio

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El título de esta obra se traduce como: «Desde la fundación de la Ciudad», la cual narra la gran historia de Roma. A esta obra que originalmente constaba de 142 libros sólo le sobreviven 35 fragmentos; esto se sabe por un índice hallado en un papiro en la ciudad egipcia de Oxirrinco. Este índice hoy puede consultarse en el Museo Británico, aunque el documento también está incompleto.

9. Obras de Eurípides

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Eurípides fue uno de los poetas trágicos más importantes de Grecia – junto a Esquilo y Sofocles–, sin embargo no es preciso saber los grandes aportes que pudo haber dejado a la literatura, ya que de 92 obras que escribió sólo se conservan 19 –18 tragedias y un drama–. Eurípides fue amigo de Sócrates, quien lo admiró por mantener una concepción ilustre de la realidad, en comparación con otros poetas de la época.

8. Margites, de Homero

s49-top10-literaturaperdida-8Se trata de un poema cómico, algunos afirman que es una parodia de La Odisea o La Ilíada. La obra está escrita en hexámetros y en trímetros yámbicos. De acuerdo a estudios, el poema data del siglo vi, a. de C. Los cinco fragmentos que se encontraron de esta obra traían versos sobre Margites, un hombre tan tonto que no sabe quién lo parió. El último descubrimiento que se obtuvo de esta obra se encontró en un yacimiento arqueológico egipcio, la antigua ciudad Oxirrinco.

7. La Divina Comedia, de Dante Alighieri

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La obra fue escrita paulatinamente por Dante, quien logró terminarla el mismo año que falleció, en 1321. En vida el poeta distribuyó sus cantos entre amigos y familiares de modo que al morir se desconoció el paradero de los últimos trece cantos de La Divina Comedia; sin embargo, ocho meses después de la muerte del autor se encontraron aquellos cantos. Según Jacobo, hijo de Dante, su padre le indicó en un sueño dónde se encontraban sus manuscritos, él le señaló un hueco en la pared donde recuperó la última parte, y es por eso que ahora, afortunadamente, podemos disfrutar de su historia completa.

6. Sanditon, de Jane Austen

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Una novela que narra la construcción de una «ciudad moderna» donde sus habitantes deben ser algo así como hermanos, para así crear una identidad especial del lugar. La obra tiene once capítulos, suficientes para un buen final, pero no lo tiene. La novela comenzó a escribirse en enero de 1817 y la escritora la abandonó en marzo de ese mismo año, cuando se encontraba gravemente enferma. El libro, aun sin final, causó furor y aunque muchos han querido terminar su última obra, es imposible saber cuál habría sido el final que la escritora le daría.

5. Double Exposure, de Silvia Plath

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En febrero de 1963, cuando tenía apenas 30 años, la poeta y novelista estadunidense Silvia Plath se suicidó. El legado de Plath quedó a cargo de poeta Ted Hughes, su viudo, quien guardó celosamente un montón de poemas y manuscritos, entre los que destacaba Double Exposure, una novela que trataba sobre una mujer, un marido y su amante. Para la familia y amigos de Plath la trama de esta novela no era más que la tormentosa relación que la escritora vivió junto a Hughes. Double Expousure era una autobiografía de la que en principio se dio a conocer un fragmento, aunque años después en 1970 desapareció completamente.

4. La Isla de la Cruz, de Herman Melville

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Melville escribió esta novela después de su viaje a Nantucket en 1852. La historia narraba el romance que vivió Agatha Hatch, hija de un velador. Esta mujer salvó a un náufrago, James Robertson, de quien ella se enamoró y con quien se casó pero éste la abandonó. La isla de la cruz fue una obra que Melville presentó a su editorial, pero no fue considerada, nunca fue publicada y aunque se tiene registró de ella, no se sabe qué pasó con el manuscrito.

3. Almas muertas, última parte, de Nikolai Gogol

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En 1842, Nikolai publicó uno de los libros más importantes de la literatura rusa, Almas muertas. Poco después el escritor se dedicó a darle fin a esta magna obra, pero un consejero espiritual lo convenció de que sus obras literarias no eran más que producciones malignas; el escritor apenado por la declaración, quemó la última parte de esta historia. El arrepentimiento por destruir su manuscrito provocó en Nikolai una severa depresión. Nueve días después de este suceso Gogol falleció de inanición.

2. La Historia de Cardenio, de William Shakespeare y John Fletcher

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Obra basada en un episodio de la primera parte del Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra. Según el Registro de Impresores y Libreros de 1653 este libro sí existió y fue escrito entre John Fletcher y Shakespeare. Aquél hablaba y leía español, y algunos críticos literarios creían que él se encargó de familiarizar a William con la literatura de «El manco de Lepanto». Otros entusiastas creen que hubo una conexión literaria más estrecha, pues aseguran que Shakespeare y Cervantes podrían haberse conocido durante la visita diplomática del rey Jacobo i en Valladolid, en 1605.

1. Manuscritos de Ernest Hemingway

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La historia cuenta que en 1922 Hemingway se encontraba cubriendo el Tratado de Paz de Lausana en Suiza, allí conoció al editor Lincoln Steffens, quien quedó encantado con los textos de Ernest, así que, interesado, le pidió más material para leer, pero sus escritos se encontraban en Paris, junto a su esposa Elizabeth Hadley, por lo que el escritor le pidió a ella que le llevara aquellos papeles hasta Suiza. Pero Elizabeth olvidó la maleta en la estación de Paris-Lyon y aunque regresó a buscarla ya no la encontró. Más tarde Hemingway declaró que en la maleta había relatos, notas, capítulos de una novela sobre sus experiencias en la Primera Guerra Mundial, la pérdida fue tan lamentada que incluso hay novelas y películas inspiradas en este suceso.

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«El Rey Pelé» https://algarabia.com/el-rey-pele/ https://algarabia.com/el-rey-pele/#comments Mon, 02 Mar 2026 04:01:18 +0000 https://algarabia.com/?p=40476 Difícil, sino es que imposible, elegir quién es «el mejor» de cada disciplina, pero, sin duda, uno de los atletas más emblemáticos e inspiración para los actuales, es Edson Arantes do Nascimento (Três Corações, Minas Gerais, Brasil, 1940).


Mejor conocido como «Pelé» —apodo que carece de significado— o «el Rey Pelé», trabajó desde muy niño como bolero hasta que a los 11 años fue descubierto su enorme talento para el futbol; a los 15 debutó en el club Santos, donde recibió el apelativo de «La perla negra» por su enorme habilidad técnica, dominio absoluto del balón, precisión en sus tiros, pero sobre todo, por su gracia y animosidad que fascinaban al público.

«El Rey Pelé»

«Nací para el futbol como Beethoven para la música.»

En el Mundial de Suecia 1958 fue seleccionado por su país, y aunque entró como suplente, dejó boquiabierto al mundo con los pases y poderosos disparos que lo harían legendario: ahí recibió por azar el número 10 en su camiseta, mismo que él volvió un ícono y emblema de los mejores jugadores del futbol.

«El Rey Pelé»


Tener pie plano y carecer de un riñón no fueron limitantes para anotar mil 282 goles —760 en 822 partidos oficiales—, y ganar 28 campeonatos, sin contar el centenar de distinciones individuales que ha recibido. Esto, más su afable actitud y enorme carisma, lo confirman como «el Rey» —mote que recibió desde 1961—. Y si alguien lo pone en duda, sólo recuerden que Pelé jamás metió goles de mano.

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Dejamos por aquí el video de este programa de televisión con Maradona y Pelé, en el que ambos intercambian experiencias y demuestran un poco de su habilidad con la bola.

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Cartearse en 2020 https://algarabia.com/cartearse-en-2020/ Mon, 02 Mar 2026 03:44:44 +0000 https://algarabia.com/?p=93482

La información no genera vínculo; los objetos, sí.
Byung-Chul Han

Los mensajes por chat en mi celular iban y venían en mayor cantidad que de costumbre. «No salimos ni al súper», «Mi hermano está contagiado», «Por fin puedo tomar el curso de arte que tanto quería, ahora es por videoconferencia». Estábamos confinados a raíz de la pandemia declarada como tal por la Organización Mundial de la Salud el 11 de marzo de 2020 y ocasionada por el virus SARS COVID-2 . Sólo nos quedó la virtualidad para seguir estando cerca.

Conforme pasaron los meses, la intensidad en los grupos de chat continúo, parecía que, a más mensajes, más vínculo. «Les mando una foto de hoy, por primera vez salimos, fuimos al Bosque de Chapultepec», nos escribió mi amiga Frinee. Me detuve y quise hacer memoria, ¿qué recuerdos estaba forjando con mis amistades? Cada nuevo mensaje anulaba el previo, las fotos que me enviaban sobre sus vidas pronto se perderían entre los cientos de piezas de información almacenada en la nube. Pensamos que volveremos a las fotos y a los videos porque lo digital sobrevivirá por siempre gracias a la gran capacidad de memoria en nuestros dispositivos y en la nube. La verdad es que es tanto volumen intangible que se nos olvida.

Sólo basta una carta o postal

No había forjado recuerdos con mis amistades durante los meses de aislamiento causado por la pandemia, ni recuerdos sobre los sucesos de su vida, ni sobre su sentir porque no había compartido momentos presenciales con ellos. ¿Qué hacer?

—Miren lo que me encontré—, irrumpió Óscar en el grupo de chat de mis amigos de la licenciatura. —Esta postal de Barcelona me la envío Gloria en el año 2000.

Quedamos asombrados. Gloria se arrancó a chatear sobre sus recuerdos en ese viaje. Yo recordé que era una asidua escritora de cartas en mi adolescencia, enviaba unas dos al mes a mis amigas, quienes me respondían, a veces con postales de sus ciudades o de los lugares que visitaban.

Yo estaba felizmente confinada en la Riviera Maya, en Quintana Roo, ¿por qué no enviarles postales de su bello arrecife de coral y de la zona arqueológica de Tulum, que mira al mar turquesa? Aproveché que algunos comercios comenzaron a abrir para buscarlas en Playa del Carmen. En un viejo portapostales pintado de blanco, oxidado y casi vacío, encontré suficientes.

Contagié a mi esposo y envío dos postales. ¿Se habrá debido a que el último regalo que le dio su mejor amiga antes de morir de cáncer fue el bonche de cartas y postales que ellos intercambiaron?

Salvador colgó en el refrigerador la postal que recibió de Carla Pascual

Como en los viejos tiempos

Cuando le escribí su postal a Maylin, recordé con ella los cursos de literatura que tomamos juntas; con Salvador, nuestras idas al teatro; con Dulce, Gloria y Tonatiuh, encuentros que se pospusieron por la pandemia y la promesa de retomarlos en cuanto fuera posible. Luego de tres semanas, me contactaron para agradecerme el detalle y Gloria tomó la estafeta, así que le compartí los domicilios de nuestros amigos de la licenciatura. Unos meses después Luis Pablo y yo recibimos sus postales de Mazatlán. Ella me escribió: «Carlita: disfruto de tomarme el tiempo de sentarme a escribir las postales junto con un café, de valorar lo más especial de mi viaje y escribirlo en la postal». Me sentí motivada para enviar una segunda ronda de postales, esta vez, de Morelia tomadas bajo el lente del cronista de la ciudad José Antonio Romo.

«Estuve en Morelia, donde crecí, un par de meses con mi madre. El home office ha sido un regalo para mí. Mi mamá me compartió recetas de cocina y yo le leí mi autobiografía sobre mi vida en Qatar, una obra que me llevó años escribir. Sabía de su enfermedad y mi madre sucumbió al cáncer en mayo», le escribí a Alejandro, cuya madre murió cuando éramos compañeros en la licenciatura.

A Alberto le envíe un abrazo especial por el fallecimiento de su padre por esas fechas. «Ahora ellos viven en nosotros», le escribí. Más adelante envíe una postal a Maylin: «Sigo en Morelia, viendo qué hacer con las propiedades, amistades, el hogar que fue Morelia para mí. Supongo que tuviste que hacer lo mismo cuando migraste de La Habana a la Ciudad de México”.

A Dulce le escribí: «Es momento de echar mano de tantos años de meditación, yoga, terapias, rituales; tú me has acompañado en ese camino». Y a Carmina, cuyo padre falleció hace varios años, le compartí que no supe cómo, pero de repente algo hizo click en mí y logré lo que anhelé por tanto tiempo: reconciliarme con mi madre. «Ahora me siento más vinculada con ella que nunca». Ironías de la vida y de la muerte.

También aproveché para echar una o dos fotos de recuerdo en el sobre junto con la postal, es decir, me di a la tarea de buscar dónde imprimir las fotos digitales almacenadas en mi computadora. Tristemente, solo Frinée, Leonardo y Dulce recibieron su sobre con la postal y fotografía y nunca me llegó la postal que me envió Luis Pablo desde Australia.

Postal del Jardín de las Rosas en Morelia, Michoacán, enviada a Frinée

También internacionales

Me queda el recuerdo de la postal que me envió Gloria de su viaje a Alemania. Está impregnada de uno de los sucesos más importantes en su vida: el nacimiento de la hija de su hermano, la única sobrina de la familia, y cuya llegada al mundo motivó su viaje, junto con la boda de su hermano y conocer a la familia política. Con razón escogió la postal de un jardín de tulipanes colorido, lleno de vida.

Si quieres aventurarte a enviar postales, envíalas en sobre y por correo certificado de Correos de México, así es más probable que alcancen su destino. Y si lo alcanzan, sentirás alegría de compartir un recuerdo tangible en la era digital.

Carla Pascual recibió una postal de Alemania por parte de Gloria

PD: Me gusta escribir cartas, me gusta recibirlas, pero me desmotiva que no alcancen su destino. Hace unos 15 años, propusimos una transformación para Correos de México; había que modificar la red logística. Puede sonar muy complicado, pero esta solución no resultaba amenazante porque no implicaba despedir personal ni introducir maquinaria, aspectos a los que se niegan los sindicatos y otros involucrados. Era un buen momento para la transformación del servicio postal mexicano, pues no había tantos proveedores de mensajería como ahora. Pero Purificación Carpynteiro, quien comenzó esta transformación, no quiso quedarse como titular, sino que se fue a buscar una subsecretaría. No alcanzó a escuchar nuestra propuesta y quien la sucedió, no tuvo interés en implementarla. Y así ha seguido pasando el tiempo y aumentando el deterioro de Correos de México.


Puedes seguir a Carla Pascual en:

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La sequía en la Ciudad de México https://algarabia.com/sequia-en-la-ciudad-de-mexico/ https://algarabia.com/sequia-en-la-ciudad-de-mexico/#comments Mon, 02 Mar 2026 03:43:35 +0000 https://algarabia.com/?p=45496 La sequía en la Ciudad de México Read More »

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La higiene no era el mejor hábito de los capitalinos: muchos destinaban el domingo a su aseo personal y pasaban el resto de la semana dándose rápidos baños de gato. El sistema de aguas no pudo elegir peor día para fallar y la sequía en la Ciudad de México no se hizo esperar.

Desde muy temprano, ejércitos completos de fámulas 1  fueron vistos en la calle con baldes en las manos. Un desastre impensable se había consumado.


La Ciudad, decía un periodista, «había perdido el canto del agua». Con el pelo enmarañado y lagañas en los ojos, la gente se sentó a esperar. Pero iba a resultar muy largo aquel domingo.
«El agua es huevona: siempre se va por el camino más fácil». Marino Hernández B. «Marianito»

Sequía por descuido

Desde la instalación del moderno sistema de distribución de agua potable, que comenzó en 1903 durante el gobierno de Porfirio Díaz, y culminado en 1912 bajo la administración de Francisco I. Madero, cada habitante de la capital solía disponer en su domicilio, con el simple hecho de girar un grifo, de un promedio diario de 240 litros de agua.

Cuando cayó la noche, los baños de cines, cantinas, teatros y restaurantes se estaban convirtiendo en zonas de desastre.

Al día siguiente se esparció la noticia de que, a causa del descuido de un empleado, los motores eléctricos que ponían en marcha las bombas de agua de la planta de la Condesa —en donde concluía el acueducto proveniente de Xochimilco— se habían mojado.

El director de Aguas Potables anunció que iba a tomar tres días desarmar, secar, reparar y volver a montar la maquinaria.

Entregó al público una mala noticia: en ese lapso la ciudad carecería de líquido suficiente para satisfacer sus necesidades. «El agua almacenada —dijo— sólo permitirá abastecer a la población durante dos horas diarias».

La gente agolpó cubetas bajo los grifos para surtirse en el horario señalado, pero el agua no llegó. A tres días del desperfecto, el Ayuntamiento informó que el problema se prolongaría a lo largo de la semana, «hasta el sábado o el domingo siguiente».

Comenzaban, en cascada, los males que desataron una crisis que dejó en las calles decenas de muertos y heridos por la falta de agua.

Desde la tribuna de los diarios, las plumas más influyentes acusaron al gobierno de engañar a la población. Algunas pedían que el primer mandatario, Álvaro Obregón, disolviera el Ayuntamiento; otras se preguntaban para qué demonios pagaba la gente el impuesto de aguas.

De las atarjeas 2 comenzaba a desprenderse un hedor insoportable. Los baños de los hogares eran semejantes a los de las cárceles.

Innumerables vecinos viajaban, desde todos los puntos de la ciudad, a las colonias San Rafael y Santa María, en donde algunas casas con pozos artesianos 3 obsequiaban líquido a los necesitados.

Éstos hacían filas inmensas, y después de esperar horas eternas frente a los pozos volvían a sus domicilios acarreando el agua en botes de hojalata.

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Agua de las piedras

Seis días después del arribo de la emergencia, la ciudad se consumía de angustia, rabia y desesperación. La mayor parte de las actividades se habían derrumbado. Por las calles y las plazas desfilaban «verdaderas caravanas […] buscando ansiosamente el indispensable elemento».

La sequía en la Ciudad de México provocó que muchos se arremolinaban en las tomas de agua, intentando abrirlas por la fuerza. Otros se encaminaban hacia canales infestos de donde extraían un líquido turbio que luego vendían a precios increíbles.

«La gente se encargó de obtener agua con sus propias manos». Tras una complicada serie de pruebas infructuosas, se admitió que no había forma de poner en marcha el motor de arranque, «la llave de toda la maquinaria que hay en la Condesa».

El presidente municipal declaró que la compostura tardaría por lo menos otras 48 horas, y la prensa ardió en santa indignación. «Ya no hay pronóstico en lo que se refiere a la fecha en que habrá servicio de aguas, pues nadie cree nada, ni se tiene confianza en nadie».

El diputado Jorge Prieto Laurens aseguró que la administración municipal había traficado con las piezas de repuesto de la estación de bombeo, vendiéndolas como fierros viejos. El alcalde fue acusado de descuido, negligencia, corrupción.

Para entonces, la ciudad había viajado varios siglos en el tiempo. El estancamiento de inmundicias en excusados y atarjeas, los enjambres de moscas que sobrevolaban la urbe, la mugre adherida a las manos y las uñas, perfilaban la llegada de un temido fantasma: la epidemia.

Ante «el punible abandono de los servicios públicos», la gente se encargó de obtener agua con sus propias manos. En la calle Nuevo México, un vecino razonó que «estando la ciudad edificada sobre un lago, todavía es posible encontrar depósitos de agua, y aun corrientes, a pocos metros de profundidad».

Tres horas de trabajo le bastaron para abrir un pozo y encontrar un venero de agua sucia que de inmediato fue aprovechado por los moradores de la calle para lavar trastos, y «otros usos». En patios de vecindad, en corrales y solares, la gente se entregó a cavar con denuedo. Había llegado el momento de sacarle el agua a las piedras.

Violencia en las calles

El martes 28, un arrebatado debate en la Cámara de Diputados avivó una tempestad por la sequía en la Ciudad de México. 

Cierto diputado anunció que la paciencia de los ciudadanos se había agotado «como el agua misma» y pidió que el pueblo imitara el día en que la turba quemó las Tullerías «para dejar una muestra perdurable de lo que es capaz la vindicta pública».

Los gritos de«¡Abajo el Ayuntamiento!» y «¡Que fusilen a los regidores!» cimbraron el recinto.

Las pancartas pedían «¡Agua, agua, agua!». Cuando la columna llegó ante el edificio del Ayuntamiento, la multitud lanzó piedras contra las ventanas. Nadie supo quién inició los disparos.

Manifestación en contra del ayuntamiento, 1922 – Fototeca Nacional, INAH

El miércoles 29, el Partido Laborista Mexicano convocó a una marcha: unos dos mil miembros de asociaciones sindicales, partieron de las oficinas de la Confederación Regional Obrera y avanzaron rumbo al Zócalo. En el trayecto se les agregaron tres mil manifestantes debido a la sequía en la Ciudad de México.

El rugido era imponente. Las pancartas pedían «¡Agua, agua, agua!». Cuando la columna llegó ante el edificio del Ayuntamiento, la multitud lanzó piedras contra las ventanas. Nadie supo quién inició los disparos.

Una lluvia de plomo barrió los tranvías aparcados en el Zócalo. Mientras un grupo de manifestantes se dispersaba, otro se arremolinó contra las puertas del Ayuntamiento y comenzó a golpearlas.

El gobierno municipal estaba colocando azulejos en la fachada del edificio: en el lugar había varios andamios. La muchedumbre desmontó los maderos y, empleándolos como arietes, atacó las puertas.

Dentro del palacio se encontraban fuerzas de la gendarmería montada y municipal. Dispararon desde las azoteas con intención de «amedrentar». Pero las balas causaron el efecto contrario. Y al fin, en medio de un estruendo, las puertas del Ayuntamiento cayeron.

Unas 200 personas enardecidas cruzaron el zaguán del edificio. Según El Universal, las recibieron a balazos desde el patio. «Del zaguán salía un río de sangre que hacía la misma impresión de los caños del Rastro, en las horas de matanza», escribió un reportero.

A través de los cristales rotos de una oficina, uno de los manifestantes lanzó una estopa empapada en gasolina. En la habitación había varios muebles de madera; el piso se hallaba cubierto por una alfombra. Las llamas comenzaron a lamer el departamento de licencias y el despacho del Tesorero.

Se escuchó un grito:«¡A quemar el Palacio Municipal!» .La marabunta encendió periódicos y prendas de vestir, y las arrojó convertidas en bolas de fuego sobre varias dependencias. La parte izquierda del Ayuntamiento se incendió. El municipio que había provocado la escasez carecía de agua para apagar el incendio.

Manifestación en contra del Ayuntamiento por la escasez de agua, 1922 – Fototeca Nacional, INAH 

Sequía en la Ciudad de México

Las descargas se recrudecieron hasta que el secretario de Guerra, Francisco Serrano, logró abrirse paso en automóvil y calmó a los manifestantes. Un carro de bomberos asomó en la plaza e intentó calmar el fuego. En el Zócalo había 21 muertos y 64 heridos.

El presidente Alonzo Romero se había refugiado en su domicilio: un cordón militar rodeaba su casa a fin de ofrecerle garantías. En el Castillo de Chapultepec, Álvaro Obregón recibía llamadas con un humor de perros y giraba instrucciones para que la guarnición de la plaza se movilizara al Zócalo.

La estación de la Condesa fue reparada, a medias, el 2 de diciembre: desde luego el partido de Alonzo fue arrasado en los comicios celebrados ese mes. Durante el resto de 1922 la capital dispuso de dos horas de agua al día.

Las cubetas de reserva, alineadas en los baños y en los patios de las casas, se convirtieron en el seguro de vida más codiciado por los habitantes. La cantera ennegrecida del Ayuntamiento era un espejo roto en el que la ciudad miraba su futuro improbable.

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Adiós a las tinieblas: Tesla y la luz eléctrica https://algarabia.com/tesla-y-la-luz-electrica/ https://algarabia.com/tesla-y-la-luz-electrica/#comments Mon, 02 Mar 2026 01:51:09 +0000 https://nuevaimagen.algarabia.com/adios-a-las-tinieblas-tesla-y-la-luz-electrica-2/ Año de 1893: el momento más importante de sus vidas había llegado. La Exposición Universal de Chicago reunió a más de 19 países y 27 millones de visitantes que esperaban ansiosos lo que muchos meses antes habían anunciado: por fin, adiós a las tinieblas, gracias a la luz eléctrica. La corriente continua del prolífico inventor Thomas Alva Edison y la corriente alterna, del ingeniero Nikola Tesla, estarían a punto de presentarse ante el mundo. El comienzo de la batalla había tenido lugar mucho tiempo atrás; pero en ese preciso instante, sólo hacía falta oprimir un interruptor.

La idea de que la luz eléctrica podría utilizarse para alumbrar casas y ciudades se tuvo a raíz de la exhibición del arco voltaico de SIR Humphry Davy —el primero en la historia en producirla —, realizada públicamente por Léon Foucault para recrear un amanecer durante una representación en el Teatro de la Ópera de París en 1849.

Hasta entonces, el sistema de iluminación artificial más usual seguía siendo el implantado en 1667 por el rey francés Luis XIV, con faroles de vidrio que prendían a base de aceite. Casi dos siglos después, en 1858, una de las más importantes aplicaciones de la luz eléctrica tuvo lugar en Inglaterra, con la instalación de un alumbrado en el faro de South Foreland; en 1877, una calle completa de París se iluminó con electricidad. Sin embargo, estas luces tenían un defecto: estaban conectadas en serie, así que si uno de los focos se descomponía, el resto se apagaba —como las series de luces navideñas.

Thomas Alva Edison, el Mago de Menlo

Era entonces un mundo muy diferente. Un mundo impulsado por manos humanas, caballos y barcos a vapor, iluminados tan sólo por el brillo de la luz natural. Para 1877, Thomas Alva Edison ya era toda una leyenda: era el creador del fonógrafo, la maravilla de la era. Vivía con su esposa en Menlo Park, Nueva Jersey y, una noche de ese año, viajó en tren con un grupo de inventores para estudiar un eclipse solar. En cierto momento, se alejó del grupo y se sentó sobre uno de los vagones para observar cómo el eclipse convertía al día en noche; entonces imaginó la posibilidad de crear un tipo de luz que hiciera justo lo contrario: transformar la noche en día.

Pero Edison no era el único. En ambos lados del Atlántico, docenas de científicos se disputaban el invento, y las investigaciones se remontaban a los descubrimientos de Humphry Davy, sobre los dos modos básicos de luz eléctrica: la luz de arco y la de forma alternativa.

El 13 de septiembre de 1877, antes de comenzar su investigación, Edison logró titulares en todo el mundo, tras haber prometido que alumbraría toda una vecindad de Nueva York en cuestión de unos meses. No tenía idea de cómo lo haría, pero sabía que para lograrlo requeriría el apoyo de los inversionistas de Wall Street.

Y se hizo la luz… eléctrica

Hilos de tela, fibras de coco, filamentos de metal: nada lograba conducir la electricidad durante varias horas sin que el filamento se achicharrase. Por fortuna, el empujón que necesitaba llegó con la invención de la bomba de vacío más avanzada de su tiempo: gracias a esto, Edison y sus «muchachos» —un equipo de doce notables científicos de su vecindario— hicieron brillar un filamento de bambú carbonizado durante trece largas horas, el 21 de octubre de 1879.

Una noche de invierno en año nuevo, 3 000 personas vieron cómo todo Menlo Park se encendía durante 48 horas sin interrupción. El 27 de enero de 1880 le fue concedida la patente, con el número 223 898, y ese mismo año se asoció con J. P. Morgan —un inversionista de Wall Street— para fundar la compañía General Electric.

Su promesa de iluminar Nueva York fue cumplida el 4 de septiembre de 1882. Para entonces, sus doce «muchachos» se habían convertido en 220. Desde sus nuevas oficinas —instaladas en Manhattan, no por casualidad— se inició aquel día el espectáculo de luces. El sistema abrió con 2 323 luces ese año, y para 1885, ya había 250 000 lámparas en uso en los EE. UU.

Nikola Telas: el mago olvidado

En 1883, el cielo de Nueva York estaba tapizado por una telaraña de gruesos cables, y 400 personas habían muerto electrocutadas. Nikola Tesla, un joven croata, alto, moreno, con abrigo negro y bombín, había llegado hasta la gran urbe, con una carta de recomendación escrita por Charles Batchelor, uno de los socios de Edison en Europa: «Querido Edison: conozco dos grandes hombres y usted es uno de ellos: el otro es este joven», decía.

Su intención era mejorar el estándar de electricidad utilizado, a partir de un nuevo modelo de energía inalámbrica de largas distancias; Su intención era mejorar el estándar de electricidad utilizado, a partir de un nuevo modelo de energía inalámbrica de largas distancias; sin embargo, desde el primer momento sus ambiciones y conocimientos chocaron con los intereses de Edison, pues mientras el sistema de éste requería de múltiples generadores, fluía en una sola dirección y no permitía transmitir energía a distancias superiores a dos kilómetros, el de Tesla —con una versión mejorada del generador y controles automáticos— permitía que el voltaje se elevara con un transformador antes de transportarse, lo que lo hacía un sistema más seguro.

Edison le propuso que, de hacerlo funcionar, le recompensaría con 50 000 dólares; pero un año después, cuando Tesla le anunció el éxito de su proyecto, lejos de reconocer su creación, se negó a pagarle la recompensa prometida: «Tesla, no entiendes el sentido del humor americano», le contestó. Sin embargo, otros inversionistas se interesaron y lo apoyaron, entre ellos George Westinghouse, propietario de The Westinghouse Corporation, quien le propuso comprarle su sistema de corriente alterna.

La guerra de corrientes

La comercialización de este sistema de energía propició el inicio de la guerra de corrientes, una campaña de desprestigio que durante diez años impulsó Edison: así, por ejemplo, intentando relacionar la corriente alterna con la muerte, electrocutó en público a perros, caballos y hasta a un elefante, y ajustició por primera vez a un reo en Nueva York con una silla eléctrica que funcionaba con el sistema de su rival.

La Exposición Universal de Chicago de 1893 fue el final del enfrentamiento pues, buscando una fórmula para iluminar el recinto, los organizadores recurrieron a ambos contendientes. Llegado el día del evento, el presidente Grover Cleveland oprimió un botón y 100 000 focos iluminaron el espacio. El público estalló en aplausos al presenciar aquel espectáculo tan parecido a la magia: mientras Tesla evidenció el poder de su corriente alterna de energía eléctrica sin cables con una demostración que conseguía que le saltaran chispas de los dedos, el sistema de Edison sólo logró que las luces de Chicago se atenuaran.

El ganador fue indiscutible: tres años después de la exhibición, Buffalo se convirtió en la primera ciudad de los EE. UU. en iluminarse con corriente alterna, luego de que The Westinghouse Corporation instalara una central hidroeléctrica en las cataratas del Niágara. Sin embargo, para desgracia de Tesla, después de que las patentes fueron registradas a su nombre aparecieron otros científicos para adjudicarse el invento, afirmando que habían hecho los trabajos básicos. Su nombre se perdió en medio de la disputa, y el público terminó asociando el invento con Westinghouse.

¿Por qué este hombre, a quien le debemos la invención de la corriente alterna, la comunicación inalámbrica, el motor eléctrico, el láser básico, el radar y el control a distancia quedó en el olvido? A él le gustaba pensar que si el presente no era suyo, el futuro sí lo sería, pero murió pobre y solo, un 7 de enero de 1943 a los 86 años.

En 2007, la central de Nueva York que Edison había fundado casi un siglo antes hizo su última transmisión de corriente continua. La luz de Tesla, en cambio, es el sistema eléctrico que circula hasta hoy, en todas las casas y ciudades del mundo entero.


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Churchill: el estratega —segunda de dos partes— https://algarabia.com/churchill-el-estratega-2/ https://algarabia.com/churchill-el-estratega-2/#respond Mon, 02 Mar 2026 01:48:17 +0000 https://algarabia.com/?p=53318 En el número 94,1 hablamos de un joven e indisciplinado Winston Churchill que, a los 26 años, había participado en cinco guerras —como soldado y cronista—; de su ascenso a la vida pública como funcionario, y de sus polémicas y contradictorias posturas políticas. En esta conclusión de su semblanza nos enfocamos en por qué, a pesar de haber sido clave para ganar la II Guerra Mundial, perdió su última batalla política. 
Los nazis han tomado Francia desde junio y ésta se ha declarado «neutral» entre Alemania y el Reino Unido. Al derrotar al principal aliado de los ingleses y con media Europa ocupada, los alemanes ofrecen «un acuerdo de paz» a la nación británica, pues saben que ésta no cuenta con recursos ni armas para continuar peleando. 

«Un fanático es alguien que no puede cambiar de opinión y no quiere cambiar de tema» 
Por si fuera poco, el nuevo Primer Ministro inglés es un anciano de 65 años con problemas de alcoholismo, fumador empedernido, elitista y muy desprestigiado en la política por su extremo cinismo y su profundo desprecio por la izquierda. 
Es tal la certeza de que los ingleses se rendirán en cualquier momento, que Hitler ha ordenado a casi medio millón de hombres que vuelvan a sus puestos de trabajo, que disminuyan la fabricación de armas y se privilegie la producción industrial y alimentaria. Incluso establece su cuartel general en Tannenberg, para escapar del calor del verano y desde ahí organizar su campaña contra la urss: la última nación por vencer. 
Sin embargo, el «anciano» inglés —quien al asumir su cargo sólo prometió a su pueblo «sangre, sudor y lágrimas»— responde como nadie se hubiera esperado: ordena destruir la flota francesa anclada en Mers el Kebir, para evitar que el gobierno provisional francés cediera sus armas a los alemanes y, con ello, da un giro radical al modo en que se había llevado la guerra hasta entonces. 

H. Guigno

«La política es casi tan excitante como la guerra… e igual de peligrosa» 

El «bulldog» británico

Sin entrar en grandes detalles sobre las estrategias de ataque y defensa que implicó para cada nación la II Guerra Mundial —para ello se necesitaría publicar varios libros—, Churchill tomó cuatro grandes decisiones para enfrentar la inminente invasión alemana: 

  1. eliminó de puestos clave a los políticos partidarios de la «negociación» y el «apaciguamiento», pues esa política había debilitado la imagen y la capacidad de acción del otrora Imperio británico;
  2. asumió el mando supremo y único de todas las fuerzas armadas de los aliados, así como de las estrategias de ataque y defensa —en detrimento de los demás ministros de Guerra, Marina y Fuerza aérea;

  3. decretó que toda la industria del país se dedicara a fabricar armas, buques y aviones —a pesar de que esto lo sumiría en la bancarrota, pues se cancelaría toda actividad comercial—;
  4. estableció un sistema para comunicarse de forma rápida y personal —por escrito— con el presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt, al margen de cualquier intermediario.
    Debido al arrojo con que Churchill enfrentó a los nazis y la contundencia de sus discursos, los rusos le pusieron el apelativo de «el Bulldog británico» que tanto sus enemigos como sus aliados adoptaron para referirse a él.

«Un diplomático es alguien que primero piensa dos veces antes de hablar y al final no dice nada» 

«la mejor defensa es el ataque»

A pesar de contar con menos armamento, los ingleses tuvieron varios factores a su favor. Por ejemplo: los cazas británicos eran más rápidos y eficaces que los alemanes; si un piloto inglés era derribado, la mayoría de las veces era posible rescatarlo y reactivarlo en su puesto en muy poco tiempo. En cambio, los alemanes que eran derribados en territorio británico, si no morían en el combate, se convertían en prisioneros de guerra. 
Además de situaciones similares a ésta, el Reino Unido contaba con dos armas secretas: el empleo del radar, con el que se logró detectar los ataques enemigos y enfrentarlos de forma oportuna, y más tarde, el descifrador de códigos Ultra,2 que permitió a los británicos interceptar y descifrar las órdenes de los alemanes a sus diversos puestos militares, buques, submarinos, etcétera. 
Para cuando los nazis lograron descubrir por qué los británicos se anticipaban a sus movimientos con tanta certeza, las fuerzas alemanas ya estaban mermadas material y moralmente; luego que los aliados recibieron el apoyo absoluto de los EE. UU., la «gran invasión» resultó imposible. 
«La democracia es el peor sistema de gobierno. Con excepción de todos los demás» 

Ganar la guerra: perder la credibilidad

Aunque la amenaza alemana quedó superada en diciembre de 1941 y sólo era cuestión de tiempo para recuperar los territorios ocupados por los nazis, Churchill tuvo que enfrentarse a severas críticas por sus derrotas militares en Malasia, Birmania, Singapur —Asia— y Tobruk —África—, que siguieron pesando a pesar de sus triunfos posteriores. 
Uno de los grandes errores de Churchill fue su empeño en establecer un acuerdo político con los EE. UU. para impedir que, al término de la guerra, los soviéticos se expandieran por Europa. Y logró justo lo contrario: la hegemonía de la urss y los estadounidenses, que relegó al Reino Unido como una potencia menor. 
En 1943, a los 69 años, Churchill empezó a tener accesos de ira e impulsos contradictorios —incluso durante conferencias internacionales— que lo marcaron como un Jefe de Estado en decadencia. En febrero de 1945, hizo su última aparición pública como Primer Ministro durante la Conferencia de Yalta, que decidió la configuración política de Europa durante la posguerra. 
En julio de ese mismo año se disolvió el gabinete de guerra —que él presidía de forma totalitaria— y, debido a su discurso agresivo y exagerado contra los laboristas, perdió las elecciones. Churchill no aceptó la derrota, pero prefirió alejarse de la política —como ya lo había hecho en los años 20— para dedicarse a pintar y escribir de nuevo. Publicó su Historia de la II Guerra Mundial —en seis volúmenes— que fue un éxito comercial. 
Cuando ya parecía un personaje jubilado de sí mismo, volvió a ocupar el cargo de Primer Ministro de 1951 a 1955. Pero con más de 70 años encima, su memoria y capacidad física estaban deterioradas al grado de ser conocido como «el Primer Ministro de la media jornada». En 1965, retirado casi por completo y cargando tras de sí 90 años, Churchill murió en su casa de Londres. 
Es fácil caer en la trampa de idealizar a un político tan peculiar, pero, tal vez, quien mejor lo definió fue su esposa. En 1954, con motivo de su cumpleaños 80, Winnie Churchill declaró acerca de su marido: «Winston no conoció la vida de la gente de a pie. Nunca viajó en autobús y sólo una vez lo hizo en metro: durante la huelga general descendió de un vagón en South Kensington y empezó a deambular de un lado a otro sin encontrar la salida, hasta que fuimos en su ayuda. Winston es egoísta, pero no lo hace a propósito: así es. Siempre tuvo la fuerza y la capacidad de vivir como quiso». 
El «Bulldog británico» alguna vez declaró —con el sarcasmo con que procuraba tomarse cualquier situación— las palabras que podrían haberle servido de epitafio: «Espero que la historia me trate bien… ya que pretendo escribirla». Juzgue usted. 
 
1 Algarabía 94, julio-2012, semblanzas: «Churchill: el desconocido —primera de dos partes—»; pp. 74-79. 
2 Instrumento que sirvió para decodificar los mensajes encriptados de la máquina alemana Enigma. v. Algarabía 89 y 90, febrero-marzo 2012, Semblanzas: «Réquiem por un genio» —primera y segunda parte—; pp. 39-45 y pp. 38-43, respectivamente.

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Octubre rojo: la revolución socialista https://algarabia.com/octubre-rojo/ https://algarabia.com/octubre-rojo/#comments Sat, 28 Feb 2026 15:04:54 +0000 https://algarabia.com/?p=55742 A principios del siglo XX, el Imperio Ruso abarcaba un sexto de la superficie terrestre y los Romanov – en el trono desde 1913- gobernaban con poder absoluto sobre 167 millones de súbditos, conformados en una sociedad multinacional, multicultural, multiétnica y multirreligiosa.

El imperio experimentaba un gran crecimiento y diversificación en su economía: la agricultura y el comercio—tanto interno como externo— se desarrollaban, se construían líneas ferroviarias e industrias pesadas y se explotaban los numerosos recursos naturales del país, como el petróleo, el hierro, el carbón y la madera. El mundo observaba cómo el vigoroso gigante ruso, bajo su joven zar, Nicolás II (1868-1918), tendía una línea férrea de nueve mil kilómetros entre Moscú y Vladivostok, el ferrocarril transiberiano; y cómo competía por el dominio de China, Afganistán y los Balcanes, al tanto que se deleitaba con las muestras de su gran potencial: la literatura de Pushkin, Tólstoi y Dostoievski; el arte de Riepin y Fabergé; o la música de Chaikovski, Glinka o Rimski-Korsakov.

Sin embargo, la realidad del imperio, en parte moderno y en parte todavía feudal, era mucho muy distinta y poco alentadora: su diversidad, sus dimensiones, su sistema político y hasta su crecimiento económico planteaban problemas tan grandes como el país mismo, empezando porque «a la dedicación y arduo trabajo del zar no se les unía mucha inteligencia». Las largas fronteras de Rusia y su imperialismo le granjeaban la enemistad de Japón, el Imperio Austrohúngaro, Alemania, Turquía, Gran Bretaña e incluso Francia. El crecimiento dela industria y de la clase obrera urbana que la acompañaba difundía la ideología socialista, mientras que el enriquecimiento de la burguesía fomentaba el liberalismo, ambos contrarios al gobierno absoluto y despótico del zar, cuyos pilares eran el ejército y la policía secreta, la Ojrana.

El Imperio Ruso, de hecho, no era ruso, pues sólo 44% dela población era de raza, lengua y cultura rusas. Fineses, armenios y polacos —con identidad nacional mucho más desarrollada que la rusa—, georgianos, alemanes —con una desproporcionada representación en la burocracia y la oficialidad del Ejército—,mongoles, ucranianos, lituanos, chechenos, entre muchos otros, conformaban las distintas nacionalidades de «Rusia». Formaban su crisol de fe budistas, musulmanes, judíos —Rusia era la nación con mayor población judía del mundo—, luteranos de varias denominaciones, católicos de Polonia y Lituania, fieles de las iglesias ortodoxas de Armenia, Georgia y Rusia, y los de las iglesias uniatas de Ucrania y Bielorrusia. Por supuesto, tampoco podía haber una cohesión social en un imperio en el que convivían una aristocracia que vivía lujosamente en los palacios italianos de San Petersburgo y que hablaba francés en vez de ruso, una clase proletaria miserable e idealista que trabajaba en condiciones infrahumanas en los barrios bajos y un campesinado en su mayoría analfabeta sólo leal a sus respectivas óbshchinas —aldeas que funcionaban colectivamente; comunas rurales.

En 1905, Rusia fue terriblemente humillada por Japón en la guerra en la que se disputaban Manchuria y Corea. A esto se sumó que las tropas del zar dispararon a una multitud que se manifestaba en San Petersburgo, por lo que estallaron disturbios a lo largo y ancho del país: revueltas nacionales en Armenia y Polonia, alzamientos campesinos, huelgas obreras, surgimiento de concejos—soviets— de soldados, obreros y campesinos, y el amotinamiento del acorazado Potiemkin —que haría famoso Eisenstein. Sólo varios regimientos leales y la vaga promesa de crear un parlamento o Duma salvaron al zar de ser derrocado. No obstante, no estaba entre los planes de Nicolás el ceder ni uno solo de sus poderes autocráticos y convertirse en un monarca constitucional como su primo hermano, Jorge V de Gran Bretaña. Los Romanov continuaban en el trono, pero el imperio seguía atrasado, desunido, oprimido y ávido de un cambio radical, que sólo sería posible con el tiempo o a causa de una catástrofe de proporciones bíblicas, como la Gran Guerra.

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En 1891, Rusia había acordado una alianza militar con Francia en contra del Imperio Alemán, a la que, más tarde, en 1907, se sumó el Imperio Británico, una vez que Jorge y Nicolás hubieron dejado sus disputas coloniales de lado. El capital franco-británico fluyó entonces a Rusia y ésta intentó modernizar y hacer más eficiente su precaria red ferroviaria —que sería el factor decisivo de cualquier esfuerzo bélico— y fortalecer su industria de armamentos. Esto llevaría, en 1914, a que Rusia, como la «hermana mayor eslava» y bien alineada detrás de su emperador, defendiese a Serbia de Austria-Hungría y se confrontase con Alemania, provocando la I Guerra Mundial.

El Ejército Ruso, enorme y poderoso pero torpe y pesado, que antaño había aplastado a Federico «El Grande» y a Napoléon, se lanzó valientemente en ayuda de Francia y Serbia en el verano de 1914 para apalear al Imperio Austrohúngaro y ser apaleado por Alemania —no sin antes haberla sorprendido y ayudado a estropear sus planes en Francia más de una vez—, perdiendo, en el proceso, casi dos millones de hombres en los dos primeros años de lucha.

Si la guerra moderna, larga y desgaste, acabaría por consumir a cualquier país desarrollado, era obvio que destrozaría a una nación tan atrasada como Rusia. Además, el zar, en vez de aprovechar el repentino patriotismo y la lealtad hacia su persona creando un gobierno nacional, optó por la represión política. Esto, junto con el comportamiento escandaloso del favorito de los Romanov, el monje Grigori Rasputin, el origen germano de la impopular zarina y el hecho de que Nicolás, al asumir el mando supremo del ejército en 1916, se trasladara a Moguiliev —demasiado lejos tanto del frente como de la capital y de la política interna—; acabó por desprestigiar ala monarquía. «A pesar de su inmenso contingente humano, Rusia adolecía de dos grandes y en última instancia letales inconvenientes: su aislamiento geográfico y su ineficacia administrativa. El primero paralizaba su economía y la segunda la hacía incapaz de encontrar soluciones».

Con la economía no bélica en quiebra, un gobierno completamente inútil, una guerra llena de derrotas y un sistema ferroviario colapsado, el hambre y el caos azotaron las ciudades del imperio en febrero de 1917 .En la capital, Petrogrado, huelgas, motines y saqueos degeneraron en una revolución abierta. Los soldados, en vez de reprimir a las masas, se unieron a ellas y crearon nuevos soviets. El 2 de marzo, Nicolás II abdicó y, al día siguiente, se formó un gobierno provisional —que otorgó todas las libertades individuales, incluyendo el sufragio femenino— a partir de la Duma, con el príncipe Guiorgui Lvov como primer ministro.

Después, Lvov fue reemplazado por el joven Alexander Kerenski (1881-1970), que tenía el apoyo de los socialistas. No obstante, la guerra, el hambre —comida sí había, pero no había medios para transportarla a las ciudades y los campesinos se rehusaban a venderla—, la miseria y el caos continuaban; el ejército desertaba en masa y los alemanes ocupaban más y más suelo ruso, por lo que Kerenski tuvo que pedir ayuda al Comité Central Ejecutivo de Petrogrado —que representaba a todos los comités, sindicatos y soviets— para gobernar. Había un gran vacío de poder, «y había un hombre no sólo dispuesto a llenarlo, sino a transformar a Rusia y al mundo»: Vladímir Ílich Úlianov «Lenin» (1870-1924), el líder del Partido Bolchevique —socialista radical—, que había sido llevado a Rusia desde el exilio en un tren patrocinado por Alemania. Era «un bacilo de tifoidea», en palabras de Churchill, «que enfermaría a Rusia y la pondría fuera de la guerra».

«Lenin sabía que la gran división de aguas de la civilización estaba cerca, que […] el destino de la humanidad sería decidido por la Historia, y que él mismo representaría el papel del profeta. La cosa bien merecía un poco de sangre; más aún, mucha sangre.»

Paul Johnson

Bajo el lema «Paz, pan, tierra, control obrero y todo el poder a los soviets» y mediante un golpe tradicional, los bolcheviques se hicieron del poder en Petrogrado el 25 de octubre de 1917. Lenin, una vez que hubo aceptado la humillante paz de Brest-Litovsk de los alemanes, se dedicó a la creación del primer estado socialista del mundo, concentrando todo el poder estatal en manos del partido, que, como organización ultracentralizada y antidemocrática, estaba enteramente controlado por él. Lenin, aparte de tener una mente agudísima, era un revolucionario e ideólogo de un marxismo flexible e intransigente —muchas veces antimarxista, de hecho—y que tenía una voluntad de hierro y ansia de poder enorme; no sería la Historia, sino el Partido —es decir, la herramienta de su voluntad—, el artífice de la Revolución y el creador de «la dictadura del proletariado», que sería el puente hasta el paraíso del comunismo.

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Para deshacerse de los opositores, Lenin creó una nueva policía secreta, su propio instrumento de terror: la Cheka, que opacaría la brutalidad de la Ojrana y que sería la antecesora de las temidas NKVD y KGB. Para establecer el orden en el país, combatir a los pueblos secesionistas y a los rusos contrarrevolucionarios en la sangrienta guerra civil que siguió, Lenin contaba con su implacable lugarteniente judeo-ucraniano, Liev Davídovich Bronstein «Trotski» (1879-1940), un líder carismático y un hábil teórico político. Y para controlar la nueva élite revolucionaria, tenía al georgiano Iósif Vissariónovich Dzhgashvilli «Stalin» (1879-1953), la silenciosa y maquiavélica bestia de carga que hacía funcionar toda la maquinaria del Partido Bolchevique.

Lenin utilizó a los soviets—infiltrados o controlados por sus bolcheviques— para deshacerse de la Duma y de las libertades individuales, para hacer oficial la expropiación de tierras y la nacionalización dela industria y para destruir el orden de clases imperial. Logró congraciarse con el campesinado ruso, al hacerle concesiones capitalistas con su nueva política económica —NEP—, y, el 10 de enero de 1923, el primer Congreso Panruso de los Soviets aprobó la constitución —redactada por Stalin—de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas —URSS.

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Un año más tarde, tras un largo periodo de mala salud, Lenin murió, no sin antes haber concluido su tarea, al crear, por medio del terror y en medio de una cruenta guerra civil, un Estado oligárquico todopoderoso, un nuevo orden social y el modelo a seguir para todas las dictaduras del siglo XX; entonces se convirtió en el mítico objeto de culto y el nuevo dios del comunismo «ateo».

Los cimientos, la fachada y la cabeza estaban en su lugar: el edificio soviético estaba terminado. Ahora, Stalin, «El Zar Rojo», llevaría a la URSS a la colectivización forzosa, a la industrialización masiva, al totalitarismo orwelliano y genocida, a la titánica victoria en la «Gran Guerra Patriótica» (1941-1945), a la conquista de la mitad de Europa, a la expansión del comunismo, a la era atómica y a la supremacía mundial; algo con lo que los Romanov sólo pudieron soñar.

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Un nazi se enamora https://algarabia.com/un-nazi-se-enamora/ https://algarabia.com/un-nazi-se-enamora/#comments Mon, 23 Feb 2026 19:00:13 +0000 https://algarabia.com/?p=23191 ¡Ay, queridísimos! El chisme que les traigo hoy es de «oh-my-god», pues lo protagoniza uno de los personajes más distinguidos de la élite militar y política de este país, nada más y nada menos que ¡el ministro de Propaganda del gobierno de Adolf Hitler: Joseph Goebbels!

Berlín, Alemania, 20 de octubre de 1938

Me cuentan que, por unos asuntillos del corazón, este nazi de hueso colorado anda tristeando de tal manera que, ¡hasta intentó suicidarse hace unos días! Además, no duerme ni come, por lo que está más flaco que de costumbre, de plano hecho un esqueleto, y ni el aceite de hígado de bacalao que le recetaron en cantidades industriales le despierta el apetito, ¿cómo ven?La cosa estuvo así: hace poco más de dos años, Goebbels era prácticamente una fiera sexual, con todo y que está casado y tiene seis hijitos muy lindos. Pero una de sus responsabilidades como ministro de propaganda es inspeccionar, aprobar y patrocinar las películas que se filman bajo el régimen nazi, lo que le permite estar muy cerca de un montón de actrices, maquillistas y secretarias que, atraídas por su voz profunda y su aura de poder, lo tientan con sus encantos.
Obviamente, el señor ministro se dio vuelo, y se cuenta que tuvo sus affaires con más de treinta mujeres. Tanto así que lo apodaron «el macho cabrío de Babelsberg», que es el lugar donde se ubican los estudios de cine. Don Joseph, que no es muy guapo pero tiene muy buen verbo, arrasó con todo el elemento femenil del área, hasta que llegó una nueva chica: la bellísima actriz checoslovaca Lida Baarova.
¿Qué les cuento? El ministro se quedó hecho un idiota en cuanto la vio y de inmediato empezó a desplegar sus artes de conquistador frente a ella, con todo y que venía con su amante, el actor Gustav Fröhlich. Finalmente se hicieron «novios»; Gustav les armó un escandalito y abandonó a Lida, con lo que pudieron vivir su romance muy a gusto. Joseph dejó el resto de sus conquistas y se dedicó por completo a Lida: hasta se fueron a vivir juntos.

La relación se hizo cada vez más seria, tanto así que Goebbels decidió divorciarse e incluso dejar su cargo para irse a vivir al extranjero con su amorcito. A todo esto, ustedes se preguntarán, ¿y la esposa? Pues Magda Goebbels está más o menos acostumbrada a las infidelidades de Joseph. Ella es muy amiga del Führer y su ideología es tan nazi como la del marido. Por otra parte, ella también tiene su «detallito», se trata de Karl Hanke, ministro de Estado y ¡secretario de Goebbels!Magda se dijo: «Joseph quiere a Lida, yo quiero a Hank, nos divorciamos, nos juntamos con nuestros respectivos amantes y todo arreglado». Así, se dirigió a hablar con Hitler, pero no se esperaba su reacción: el Führer montó en cólera, mandó llamar a Joseph y después de mesarse los cabellos, les puso a los dos una regañada épica. Les dijo que como altos miembros del gobierno no debían armar escandalitos y tenían que poner el ejemplo y ser una familia unida. Les ordenó dejar a sus respectivos amantes y los conminó a asumir patrióticamente sus responsabilidades al frente del partido nazi.
El matrimonio agachó la cabeza. Joseph —ante testigos— le llamó por teléfono a Lida, le dijo que su lugar estaba junto a Hitler, y dio por terminada la relación. Magda también rompió con Hank y parece que él será removido de su cargo para no darle más tentaciones a la señora Goebbels. Fin de la historia.
Esto pasó hace dos meses, y como decía más arriba, el que más resintió la separación fue Joseph, quien anda por la calle de la amargura: flaco, ojeroso y cumpliendo con su deber de llevar a todo el pueblo alemán la ideología de su partido. ¡Ay, ojón!
Au revoir!

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