Los juegos de azar no solo cumplen la función del entretenimiento en la sociedad, también son una fuente de inspiración en otras áreas, como la literatura. Los juegos de cartas como el blackjack, los dados y la ruleta han sido utilizados en grandes obras literarias, y hasta han constituido las tramas de importantes películas en la industria audiovisual global.
En el campo de la literatura es interesante analizar no solo cómo y cuándo aparecen los juegos de azar en sí, sino cómo se toma el componente de la suerte y los finales aleatorios para construir personajes e historias apasionantes. Son muchos los escritores que basan su obra en la lógica del azar para construir cuentos o novelas, lo que no quiere decir que su escritura sea azarosa.
En este artículo profundizaremos sobre el simbolismo del juego en la literatura, y daremos ejemplos sobre obras en las que aparecen casinos y personajes que apuestan, conectando el universo clásico y moderno con el interés contemporáneo en el mundo de las apuestas. Quienes deseen enterarse más sobre este, pueden encontrar los mejores juegos de casino en estafas.com.mx, un sitio que brinda información sobre plataformas en México.
“La Ilíada” de Homero
Aunque el azar no aparece explícito en la obra épica de Homero, sí existe como un elemento simbólico ligado a la inevitable incertidumbre de la vida. En “La Ilíada”, los guerreros humanos están supeditados a la suerte del desenlace de la guerra; un flechazo puede cambiarlo todo, y el destino pende de una fuerza superior: la voluntad de los dioses.
De a momentos la guerra parece marcar un rumbo, pero la interferencia caprichosa de algún dios puede torcer cualquier predicción. El guerrero troyano Héctor muere en combate contra Aquiles porque Atenea, la diosa griega sabia y bélica, interviene haciéndose pasar por Deífobo, el hermano de Héctor; un engaño que le cuesta la vida Héctor y que ilustra cómo Homero introduce un hecho que altera el curso de los acontecimientos esperados.
El azar en la literatura de Paul Auster
Paul Auster fue un escritor endeble, uno de esos aficionados en crear universos de ficción que se tejen entre lo enigmático y lo onírico. Fallecido el 30 de abril de 2024, y de regreso a las tapas de muchos medios que lo recordaron como el inventor del azar, Auster dejó un legado literario repleto de pasadizos que se desenvuelven con la pluma de quien escribe al ritmo de los eventos azarosos, fascinado por ellos.
Los desenlaces librados a la suerte no son eventos aislados en sus libros; lo azaroso es una característica troncal de su escritura que atraviesa tanto novelas, como cuentos y ensayos. La trilogía de Nueva York (1985-1987) muestra cómo los personajes toman decisiones a raíz de coincidencias que abren puertas inesperadas en su destino. Auster escribe con una fuerza narrativa que bordea lo absurdo, salpica astucia y un poco de magia.
“La Carta Robada” de Poe
Edgar Allan Poe escribió “La Carta Robada” en 1844; un cuento en el que aparecen figuras como detectives y policías. Hay encubrimientos y prima el pensamiento estratégico. La policía intenta encontrar una carta siguiendo los pasos de un protocolo de investigación mecánico, pero los personajes fallan porque la carta está a simple vista. Aquí el azar aparece como símbolo, es decir como la fuerza opositora a la lógica.
El simbolismo es tal en La Carta Robada que hasta se ha tomado como ejemplo por el mismo Jaques Lacan para explicar mecanismos de pensamiento y conducta en el campo del psicoanálisis. Poe nos muestra que para resolver un conflicto ha de considerarse lo inesperado, lo oculto que muchas veces está frente a nuestros propios ojos.
“El Jugador” de Fiódor Dostoievski
Hasta ahora hemos mencionado ejemplos del azar como símbolo en la literatura. Pero Dostoievski nos ha dejado una obra repleta de ejemplos muy concretos, en donde la ruleta, los dados y las cartas sí aparecen para contarnos sobre los personajes. Aunque muchos consideran que Dostoievski forma parte de los clichés de la literatura rusa, Fiódor es uno de los más grandes autores de la literatura universal del siglo XIX.
Tal como se conoce, sus obras fueron escritas por una mano veloz; “El Jugador” no fue una excepción, ya que fue escrita en solo 26 días. En la novela, las deudas, el amor obsesivo y la tendencia al impulso moldean el carácter de un personaje que sufre de adicción al juego. El azar en el juego aparece en su faceta más literal, aunque se trata de una pieza literaria bastante simbólica si se tiene en consideración su semejanza con la vida del mismo escritor.












