Cácaro

«¡Cácaro! ¡Cácaro!», gritaba el público impaciente, y Rafa debía darse prisa para arreglar la película y calmarlos. Su historia quedó guardada en esta palabrota.

A principios del siglo xx, en plena época porfirista, D. José Castañeda era un emprendedor de negocios que abrió un cine en Guadalajara al que llamó Salón Azul. Castañeda se encargaba de acompañar con sonidos y diálogos esas imágenes que el público veía con incredulidad y asombro.
Rafael González, su asistente, era un muchacho que, como muchos de su época, había sido víctima de la viruela y llevaba en la cara las huellas de esa desgracia. Por lo mismo, llevaba el mote de «Cácaro» —otro modo de decir cacarizo—. Era su tarea exhibir la película, mediante un proyector de manivela que frecuentemente se rompía o hacía que se quemara la cinta. Entonces, tenía que darse prisa para arreglar el mal y así calmar a ese público que, impaciente, gritaba a coro: «¡Cácaro! ¡Cácaro!», nombre que habría de perpetuarse para designar a todos los proyeccionistas del cine mexicano.
De cacarizo suele decirse que tiene origen gallego, pero
la única prueba que se da es que en Galicia se conoce la palabra, como si las palabras sólo pudieran viajar en una dirección. Mejor soporte tiene mi propuesta de que esta voz tiene origen tarasco: en el vocabulario purépecha recogido por fray Maturino de Gilberti en 1542, encontramos que cacarani significaba «llaga reventada».
Se gritaba «cácaro» cuando la película se quemaba en el cine durante la proyección.
Además, es relevante que en versiones antiguas del drae, palabras como cacaraña —hoyos o señal que hay en el rostro, sean o no ocasionados por la viruela— y cacarizo —el cacarañado—, se reportaban como mexicanismos; misteriosamente, las ediciones recientes ya no reconocen este origen.
El cácaro, aquel personaje en el que los cinéfilos desahogaban su molestia cuando la proyección se interrumpía, casi es cosa del pasado.
Pero, como bien lo dijo Borges, el nombre es arquetipo de la cosa y si en las letras de rosa está la rosa, y todo el Nilo cabe en la palabra Nilo, esta historia quedará guardada en la palabra cácaro.
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