Borges y el tango

Borges generó polémica en Argentina, por sus opiniones sobre el tango y su «influencia italiana».
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Si en algo Jorge Luis Borges generó polémica en Argentina —además de sus declaraciones políticas—, fue por sus opiniones sobre el tango y su «influencia italiana», ocurrida con la oleada de inmigrantes europeos a principios del siglo xx. He aquí una síntesis de sus opiniones.

Jorge Luis Borges amaba el cine, no se consideraba un entendido en artes plásticas —a pesar de que su hermana Norah era pintora—, despreciaba la ópera y distaba de ser un melómano, a diferencia —por ejemplo— de Julio Cortázar.

Te puede matar una guitarra

Se dice que, aparte de Brahms —gusto inculcado por Bioy Casares y Silvina Ocampo—, sus preferencias eran la milonga y el blues. Muchos historiadores han definido a la milonga como la «hermana mayor» del tango, del mismo modo que el blues ha ejercido una tutela indiscutible sobre el jazz y, más adelante, sobre el rock. Y a nadie debería extrañar que Borges se inclinara hacia dos músicas donde la guitarra es eminente porque, si se revisan sus primeros poemas, se advierte enseguida que, después de vereda, patio y luna, una de las palabras más repetidas es guitarra: «Mi patria es un latido de guitarra…» —«Jactancia de quietud»—, «Pampa: yo te oigo en tus tenaces guitarras sentenciosas…» —«Al horizonte de un suburbio»— «Los muchachos de guitarra y baraja del almacén…» —«Barrio Norte»—.

A tal punto que cuando, cuatro décadas más tarde, Borges concluye su poema «1964» con «…y te puede matar una guitarra», resulta difícil no pensar en aquellos bluesmen pioneros que en la madera de su instrumento grababan —como esos carros con inscripciones que tanto atraían al joven Borges—: «Esta guitarra puede matar».

La «guardia Vieja»

Desde temprano, Borges mantuvo una relación de franco conflicto con el tango: en sus poemas lo laudó algunas veces, pero en los reportajes solía formularle toda clase de reparos o explicar que allí donde sus versos decían tango, debía leerse en realidad milonga. Los tangos de cabecera de Borges eran pocos y antiguos: «La morocha», «La tablada», «El choclo», «El Marne»; vale decir que amaba lo que hoy se denomina «guardia vieja», periodo intermedio entre las milongas de campo de fines del siglo xx y la irrupción en 1917 del tango- canción con el cantor y melodista Carlos Gardel como figura emblemática. «Posiblemente un hombre que ha nacido en 1899 no puede gustar de Gardel, porque está en otra tradición» —sostenía.

La milonga y el primitivo tango «criollo», expresiones musicales hijas del mestizaje entre lo español y lo indígena —y lo negro, según el estudioso Vicente Rossi a quien Borges elogiaba—, eran para el «Georgie» de los años 20 muy superiores al «italianizante» tango sentimental surgido a partir de «Mi noche triste», donde el letrista Pascual Contursi fijó sin proponérselo el tópico del hombre abandonado por la mujer.
Diversos investigadores indican que este tema recurrente en los tangos se debe a que, después del aluvión inmigratorio —la segunda gran oleada, coincidente con la i Guerra Mundial—, en Buenos Aires había una mujer por cada siete u ocho hombres. Entendía Borges, sin embargo, que el tono de «lamento» que atravesaba estas letras —cosa nueva en un género que, salvo raras excepciones, hasta entonces había sido instrumental— resultaba una flagrante traición a ese universo de guapos y malevos que aparece aun en sus libros pretendidamente más cosmopolitas.

Por: Eduardo Berti

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