«A’i va la Lupe, bien acicaladita, ¿andará estrenando novio?», se escucha decir en el pueblo. ¿Es que acaso —como dice el breve diccionario etimológico de la lengua española1 Acicalar viene del árabe s.iqál o siqál, ‘pulir’. Guido Gómez de Silva, Breve diccionario etimológico de la lengua española, México: El Colegio de México / FCE, 2001—, la Lupe se ha esmerado en «pulir» y «adornar» su apariencia, para quedar brillante y pulcra?
La palabra acicalar puede referirse a bruñir, pulir o limpiar armas de metal, aplicándose sobre todo a las blancas; a bruñir o arreglar con esmero el cuerpo: cuidar el rostro, la figura, la vestimenta o, incluso, refiere a las actividades de limpieza, desparasitado y cualquier otra, por medio de la cual un animal cuida las partes de su cuerpo.
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En otra fuente2 http://palabrasenextincion.blogspot.com/2010/12/acicalado.html, se afirma: «Todos conocemos la palabra en la acepción de pulcro. Un hombre acicalado está “de punta en blanco”, huele a baño y perfume agradable, calza zapatos bruñidos y su ropa parece siempre recién a estrenar; […] parece ser que el acicalado es […] una de las principales actividades sociales y sirve para forjar relaciones, reforzar la estructura social y estrechar los lazos familiares y de pareja».
Por ello, volviendo a la Lupe —¡qué retechula la Lupe!—, quién se atrevería a condenar su esfuerzo por iniciar con el pie derecho —limpiecito y perfumado— ese noviazgo que, quiera Dios, termine en algo más…
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Bien adornadita
Proviene del árabe clásico «ṣiqāl», y lo retomamos en nuestro español para referirnos a quien se esmera en su apariencia.