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Vida extraterrestre

¿Y tú crees que los marcianos existen y que llegarán un día a visitarnos, aunque no sea bailando chachachá?

«Los marcianos llegaron ya, y llegaron bailando chachachá»

¿Y tú crees que los marcianos existen y que llegarán un día a visitarnos, aunque no sea bailando chachachá?
La verdad es que hasta ahora sólo podemos imaginar e intentar descubrir si en alguna parte de nuestro vasto universo se pueden dar las condiciones necesarias para la vida tal y como la conocemos. Un elemento imprescindible para que esto suceda es el agua.

¿Vida en nuestro Sistema Solar? ¿Vida en Marte?

Marte sigue siendo el favorito entre nuestros planetas vecinos para buscar algún indicio de vida porque se parece mucho a nuestro planeta:

  • Da una vuelta sobre sí mismo en 24 horas y 37 minutos, por lo que un día marciano apenas es más largo que uno terrestre.
  • Un año en Marte corresponde a 1.88 de la Tierra.
  • También tiene estaciones, como las nuestras, por su posición respecto al Sol.

En cuanto a las diferencias:

  • El diámetro de Marte es más pequeño: la mitad del de la Tierra.
  • Su masa es diez veces más chica.
  • Su fuerza de gravedad es un tercio de la terrestre.

Máquinas terrícolas «inteligentes»

La «Mariner 9» era una sonda terrestre que, hace mucho tiempo —unos 42 años—, mandaron a que investigara el planeta rojo. Con la ayuda de esta «maquinita» descubrieron que su superficie era polvorienta y yerma1 Yermo/a: Terreno inhabitado o no cultivado. . Luego, cinco años más tarde, mandaron otra sonda —la «Viking 1»— que tomó fotos, ayudando así a los científicos a descubrir que la temperatura entre el día y la noche variaba mucho, que en invierno caía hasta, imagínate, ¡ -118°C!
También, que su superficie está llena de rocas color marrón fragmentadas y pequeñas dunas de arena, casi como un desierto; y, precisamente, como un desierto es el ambiente en general: como es tan seco, se producen masas de polvo de tonos rosados y cobrizos que impiden que el cielo sea azul.

Sin embargo, lo que en realidad querían probar con la «Viking 1» era que había vida marciana, cosa que no lograron. Desde entonces, no se había vuelto a intentar, hasta hace unos años.

El 2 de junio de 2003, fue lanzada otra sonda: «Mars Express», que transportaba el explorador «Beagle 2», llamado como el barco en el que Charles Darwin emprendió su famoso viaje. Con ella, se dieron cuenta de que en la superficie marciana hay erosión por agua, igualita a la que se forma en la Tierra; que en su atmósfera hay polvo y, también, auténticos glaciares. Con eso, podrán investigar si en algún momento, hubo vida en Marte.

Las nubes ácidas de Venus

Otro de los planetas en los que podría haber vida, según los científicos, es éste, el segundo de nuestro Sistema Solar. Pero no precisamente en la superficie —donde es demasiado caliente—, sino en las alturas: en sus nubes, donde la temperatura es de 70ºC, y la presión, como la que tenemos en la Tierra.

Aun cuando el ambiente es ácido, hay mucha agua, la suficiente como para que se dé la vida.

Los investigadores dicen que hace varios miles de millones de años, cuando hacía mucho más frío y su superficie estaba cubierta por grandes océanos, en Venus pudo haberse desarrollado vida bacteriana como en la Tierra, la cual habría ido huyendo a capas más frescas de la atmósfera debido al calentamiento gradual del planeta. Por lo tanto, los científicos están a favor de lanzar una nueva misión a Venus.

Otras opciones

Al mismo tiempo, la nasa busca otros planetas habitables en la Vía Láctea, fuera del Sistema Solar, pero hasta ahora no se han tenido buenos resultados. Ahora, si la naturaleza no ha creado vida en Marte, en Venus o en cualquier otro planeta fuera de nuestro sistema, tal vez los hombres podamos poner manos a la obra y crear las condiciones necesarias para llevar la vida a ellos. ¿No crees?
Este artículo fue publicado originalmente por Detlev Ganten, Thomas Deichmann y Thilo Spahl, en Vida, naturaleza y ciencia. Todo lo que hay que saber, México: Taurus, 2004; pp. 348-351, y editado después en La ciencia platicadita, México: Lectorum, 2008, pp. 143-146.

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