Las glorias del Gran Púas
Algarabía 133

Las glorias del Gran Púas

Aquí una probadita de la crónica narrada por un gran escritor aficionado al boxeo, sobre las grandezas y miserias de uno de los mejores

En 1978 Ricardo Garibay publicó Las glorias del Gran Púas, gran reportaje novelado donde hacía una crónica, con lujo de detalles y lenguaje popular, de la vida del boxeador Rubén «el Púas» Olivares 1 Algarabía 100, enero 2013, Genio y figura: «Rubén “el Púas” Olivares vs. Raúl “el Ratón” Macías»; pp. 124-125.

—¿El pleito está arreglado, Rubén? ¿Tongazo?

Estábamos en los vestidores, a 15 minutos de la pelea donde el ídolo de la Bondojo destazara en 15 segundos al tailandés Paget Lupicanete, flan de encargo, mucho antes de que las lámparas acabaran de alumbrar completamente el enlonado del drama. El drama era de Olivares. Victoria relámpago que no creyó nadie entre los 10 mil fanáticos que el imán del Púas y el anillo del promotor gringo embodegaran en las graderías del Sports Arena, en Los Ángeles, aquella maliciosa noche del 2 de junio del 76: arranque del derrumbe definitivo de una maciza gloria mexicana, derrumbe que se vaticinara banderazo hacia el quinto campeonato mundial del otrora aclamado Mister Knock Out por la prensa deportiva del Imperio.

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Sísifo casi de veras, inagotable casi, Rubén Olivares emprendía esa noche una nueva ascensión, a cuestas su fardo de mujeres, de alcohol, de mariguana, 
de parásitos, de coca, de vagancia, de tedio, de impaciencia, de desamor, de anarquía, de nota roja, carnitas y totopos y fatalismos y resignaciones y prodigiosas facultades naturales para el arte de desmadrarse entre las doce cuerdas.

—¿Cuánto tiempo más de este tren?— le pregunté dos semanas después en México.

—Ps lo que dure— dijo empujándose el tercer farolazo del día, poniéndole con fe a los de moronga. Eran las 11 a.m.

—¿Y luego?

—Ps luego ya nos preocuparemos de a ver qué ¿no crees? ¡Pero acábatela, no la platiques! Y qué vamos a hacer, a dónde vamos de aquí o qué vamos a hacer o qué. ¿Ya te la acabaste? Señor, aquí lo mismo, por favor.

—¿Lo mismo, Rubencito? Cómo de que no. ¿No quieres chicharroncito, Rubencito? En verde, va saliendo orita, te va a gustar, regalo de la casa, mi Rubén.

—No señor, muchas gracias, nomás bebidas por favor.

—Ora mismo, Rubencito. Qué buenos chingadazos le acomodaste al chale ese, pa que se le quite ¿no mi Rubén?

—Es un boxeador como yo, señor, de eso vivimos.

Eso es rasgo saliente del Púas. No acepta familiaridad que no pida él mismo. Cuando lo llevó Nacho Castillo 
a la desvencijada suite monumental que me habían dado en el Alexandria Hotel, no lo bajé de «señor Olivares esto» y «señor Olivares lo otro», hasta que se rió y pidió permiso para pedir algo.

—Por supuesto, señor Olivares, dígame.

—Pues… que usted me hable de tú… porque… como que no checa… lo de señor Olivares me chivea.

—Sale. Tú eres Rubén y yo soy Ricardo. Se rió con ganas, largamente.
—Qué pasa.
—Qué pasa.

—No ps me descontó, así no, no me la estire tanto, estuvo rudo.

—Por qué. Cómo entonces.
—Usté me habla de tú y yo le hablo de usted.

—No, no. Lo que es parejo, Rubén y Ricardo. Somos lo mismo. Aparte, yo también he andado en esto de las trompadas.

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Nueva risa, como si hubiera yo dicho algo muy gracioso. Y se soltó ya en confianza: —Bueno. Sale. Si no, vamos a seguir de mamones… Y entns qué, cómo está este rollo, digo, qué pedo saco. Digo, con todo respeto ¡ay sí!

—Lo dicho. Tú me cuentas tu vida, tal cual; yo la escribo; el periódico la edita; y vendemos un millón 
de ejemplares.

—¿Un millón? Dónde fue el truene ¡ay sí! Y eso ¿qué? ¿a cuánto?

—Chingo de luz.

—Para mirármelo a gusto ¡ay sí! ¿no? Chingo de luz para mirármelo a gusto…

Acabamos amigos entrañables esa primera reunión. Había llegado con «la señora de la Lindavista» y había estado conversando tumbado en el sofá, los pies sobre la mesilla de centro, los ojos entrecerrados, la voz soñolienta, extenuado por los bárbaros ejercicios del entrenamiento, y sobre todo por la dieta de agua.

Conozcan la narración completa de Garibay sobre el Gran Púas en Algarabía 133: Especial de Deportes

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