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«Ya te velé, ya te enterré y te puse flores…»

Vea entonces, querido lector, que aunque todos vamos para allá sin remedio, hasta en los vocablos de la muerte «hay diferencias».

Desde hace siglos, en México se tiene la costumbre de despedir a los difuntos en medio de rituales que incluyen oraciones y cánticos muy particulares. Se habla siempre de velorios, funerales, exequias, sepelios y entierros, aunque no siempre con plena conciencia de lo que implica cada uno de estos conceptos.

Aunque en otros países hispanohablantes se prefiere el término velatorio, aquí es más común «ir a un velorio»: por la simple acción de velar un cadáver. En la jerga mexicana, también se habla de «cafetear a alguien» —porque en los velorios se toma café en grandes cantidades—. Los velorios se llevan a cabo en funerarias, casas y, cuando se trata de celebridades o personas de cierta relevancia pública, en teatros, escuelas, museos, recintos gubernamentales, etcétera. Sobre el velorio de Frida Kahlo, Carlos Monsiváis escribió:

El velorio fue en el Palacio de Bellas Artes. Los dolientes tomaban tequila y cantaban rancheras. Estaba bellísima. Con ella estaban sus amigas Chavela Vargas y Concha Michel.

Por otro lado, funeral—del latín funeralis, que a su vez proviene de funus— es, según el Diccionario de uso del español de María Moliner, el oficio religioso solemne que se hace por los difuntos. También refiere a las exequias —honras fúnebres— o los «entierros hechos con pompa». En resumen, además del sentido religioso que se le pueda otorgar, es el conjunto de ceremonias y rituales que se ofrecen por el difunto, desde el velorio hasta su incineración —cremación del cuerpo—o entierro; esta última voz refiere a la acción de colocar un cadáver bajo tierra o darle sepultura. Sin embargo, en algunos lugares también se le llama así a la comitiva que lo acompaña —cortejo fúnebre— y al sitio físico en donde se entierra a los cadáveres. De esta manera, uno puede «ir al entierro» o «formar parte del entierro» de alguien y, en algunos casos, hasta tener que identificar «al cadáver de algún número de entierro».

Es común que este término se confunda con sepelio —del latín sepelire, ‘enterrar’—, sustantivo que refiere a la ceremonia realizada al sepultar a una persona, sin importar si pertenece a alguna religión en específico o no. Así, toda ceremonia que se haga durante el entierro es un sepelio.

Vea entonces, querido lector, que aunque todos vamos para allá sin remedio, hasta en los vocablos de la muerte «hay diferencias».

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