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Exóticas, cómicas y lángaras

Siempre han existido palabras que se cargan de mala fama. Por ejemplo, exóticas y cómicas.

En mi familia, estas dos estaban muy cerca la una de la otra y, como es de esperarse, lo de cómica no tiene que ver con la capacidad de hacer reír, ni lo exótica con gustos extravagantes traídos de países lejanos.

Más bien se trataba de formas coloquiales y no muy amables de referirse a la gente que se dedicaba a la farándula: «No toleraría que mi hijo saliera con una cómica», podía decir la abuela, ante el súbito encandilamiento de su hijo menor con Rosita Quintana o Elsa Aguirre; aunque siempre sería mejor ser una cómica que una exótica, esas mujeres que «atentaban contra el pudor, el recato y el buen gusto», como Tongolele o Ninón Sevilla, quienes se contoneaban incansablemente en los escenarios, con trajes que ahora parecen excesivamente recatados comparados con los de las cantantes de hoy.

En lo que sí se parecen las dos categorías es en que indudablemente eran clasificadas como unas lángaras. Y aunque eso de lángara siempre me sonó como apellido ilustre, hace años era una buena manera de identificar aun hombre y, sobre todo, a una mujer que procede tortuosamente, con falsía o dobles intenciones, indigna de confianza o de credibilidad, una «malora», ahora mejor conocidas como… me imagino que todos los amables lectores tendrán cantidad de adjetivos para este fin.

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