zaguán

La palabra zaguán se está volviendo tan antigua que pronto caerá en desuso y sólo nos quedará como recuerdo.

«¡Ya me tiraron el aldabón de mi zaguán, escuinclas mocosas!», gritaba a voces la tía Paca, mientras nos perseguía con su bastón en mano, dando zancadas dentro de su falda negra, que le llegaba casi hasta el suelo y que le tapaba unas medias gruesas que sostenía con un liguero anticuado como de cuero, dentro de unos zapatos de monja renegada. Y es que la tía Paca era medio coja y tenía muy mal carácter y nosotras la hacíamos repatear tocando la manita de fierro, ya toda gastada, hasta que materialmente se cayera.

Ustedes creerán que todo esto pasaba en el siglo XIX, pero no es así, esto sucedía por 1985 en Coyoacán y la tía Paca no era mi tía, sino la tía de mi mejor amiga, que vivía junto a su casa, en una construcción de estilo colonial como del siglo XVIII, con un portón enorme y de madera muy gastada, en el callejón de Espíritu Santo.

Foto: Charlota Blunarova.

Zaguán es la «puerta grande o portón de madera o de hierro situado a la entrada de un conjunto de viviendas, de una vecindad, de un edificio o de una casa» o «el lugar situado inmediatamente después de la entrada dela puerta que da a la calle en una casa o edificio», dice el Diccionario del español usual en México, ya que realmente se trata de un mexicanismo. La palabra viene del árabe ustwan y ésta del griego στοαν/stoán/, «pórtico», y en origen designaba a la «pieza cubierta que sirve de vestíbulo en la entrada de una casa» —según el DRAE—; aún hay personas que lo siguen usando así, pero realmente como arcaísmo.

Y es que la palabra zaguán se está volviendo tan antigua que pronto caerá en desuso y sólo nos quedará como recuerdo en canciones infantiles como «Aserrín, aserrán, los maderos del zaguán piden pan, no les dan; piden queso, les dan un hueso y se les atora en el pescuezo» y «Cuando voy a casa, tío Juan, con la patita, con la patita toco el zaguán». Canciones que todos sabemos, a todos nos cantaron cuando éramos chiquitos y todos les cantamos a los bebés, aunque llegue el día en que no sepamos ni qué queremos decir con ellas. De hecho, en el caso de la primera, mucha gente actualmente suele decir: «los maderos de San Juan», pensando en una etimología popular, por no saber que en realidad son «los maderos del zaguán».

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