Edward Weston y Tina Modotti en México

Te contaremos la historia de un maestro y su discípula, la de un fotógrafo y su musa, la de unos viajeros que terminaron enamorados; mejor aún, la de una búsqueda artística compartida.
Tina Modotti

En julio de 1923 el fotógrafo Edward Weston reunió sus pertenencias y subió al barco Colima con destino a México, acompañado de su hijo mayor y de su amante, Tina Modotti.

Cuando el artista se embarcó en busca de nuevos horizontes, no imaginaba que su aventura en México duraría cuatro años durante los cuales viviría una intensa experiencia de autodescubrimiento en contacto con los intelectuales mexicanos más célebres de la época.

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Edward Weston

A principios de los años veinte, Weston tenía un pequeño estudio de fotografía desde el cual producía retratos que iban más allá del simple encargo. El trabajo bastaba para mantener a sus cuatro hijos y su esposa Flora May Chandler, sin embargo, no se sentía satisfecho creativamente, y era asfixiado por sus responsabilidades para mantener a su familia.

Con el paso de los años, la calidad de los retratos de Weston le otorgarían fama internacional, y hasta lo llevarían a recibir importantes galardones.

La amante de Weston durante esa época era Margrethe Marther, quien había trabajado como su asistente y lo había ayudado a fundar su club de fotografía. Marther fue quién introdujo a Weston en la comunidad de artistas de Los Ángeles, y fue ahí donde el destino lo encaminó a conocer a la actriz italiana de cine mudo, Tina Modotti.

Tina Modotti, un rumbo libre

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Tina Modotti, fotografía de Edward Weston.

Modotti había llegado a EE.UU en 1913 y había conseguido cierta fama en el cine mudo. Sus facciones expresivas y delicadas atrajeron la atención de Weston de inmediato, y Tina se convirtió primero en su modelo, luego en su asistente, y más tarde en su enamorada.

Ella estaba casada con el poeta y pintor Roubaix de L’Abrie Richey –Robo–, quien tenía contacto con numerosos intelectuales que huyeron de la complicada situación política en México para refugiarse en su país vecino del norte. Así, Modotti comenzó a generar peculiares dudas e interés por la cultura mexicana, de la cual sólo podía tener contacto a través de los mitos y relatos que le compartía su esposo, y que llegó a compartir con Weston durante el affaire que para entonces ya tenían.

«Robo» murió durante una visita a México en 1922 y Tina viajó a este país para su entierro. Después de eso Tina Modotti regresó a California, pero no podía dejar de pensar en su breve visita al país que aún le parecía desconocido. Fue tal su obsesión que convenció a Weston de abandonar a su familia y acompañarla de vuelta a México.

Tina Modotti y Edward Weston en México

Ni Modotti ni Weston imaginaban la intensidad, el hechizo que México provocaría en ellos. Poco después de su llegada se pusieron en contacto con los artistas del momento, como Diego Rivera, José Clemente Orozco, David Alfaro Siqueiros y Frida Kahlo. Durante su visita, ambos deciden darle un viro distinto a su trabajo fotográfico con un estilo bautizado por ellos mismo como fotografía directa.

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Fotografía de Tina Modotti

Esta técnica intentaba ir más allá de la apariencia de los sujetos y objetos retratados para enfocarse en su esencia. En sus retratos combinaban desnudos y naturaleza muerta para lograr una abstracción simbólica que permitiera transmitir un mensaje significativo, más allá de los superficial o pasajero.

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Fotografía de Edward Weston


La relación se volvió cada vez más intensa y es difícil saber quién de los dos produjo cada obra durante este periodo. Weston tenía la tarea de tomar fotografías para ilustrar el libro de Anita Brenner, y su búsqueda de artesanías para ese trabajo llevó a la pareja a recorrer gran parte del país. Así también se dedicaron a documentar el trabajo de los artistas plásticos que componían su círculo social.

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José Clemente Orozco, foto de Edward Weston.

El límite de la inspiración

Hacia finales de 1926 la relación entre Modotti y Weston comenzó a desintegrarse. Las fotografías de ella comenzaban a tener un tono de denuncia social enfocado a las desigualdades de la postrevolución, y su activismo político comenzaba a anteponerse a su trabajo.

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Fotografía de Tina Modotti

Weston, por otra parte, sufría por la separación que tuvo con sus hijos más pequeños, así que debió realizar varios viajes a California para visitarlos, pero eso implicaba regresar a los brazos de Modotti con mayor dificultad. Ese mismo año, Edward Weston se despidió finalmente de México y de Modotti. Su estancia en el país duró sólo cuatro años, mientras que la de Tina se extendería hasta 1930.

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Fotografía de Edward Weston

A pesar de que el idilio terminó, los artistas continuaron un intercambio de cartas que duró hasta que Tina se mudó a Moscú. Al final de su último viaje, mientras iba en el tren, Weston escribió en su diario: «Esta vez, México, debo decir adiós para siempre. ¿Y tú, Tina? Siento que debo despedirme para siempre también».

Esos años compartidos les sirvieron de inspiración para obtener instantáneas de México con una lente foránea y disconforme, que sin duda merecen admirarse:

Fotografía de Tina Modotti

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