La costumbre de tutear. El habla de usted o de tú —primera de dos partes— – Algarabía
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La costumbre de tutear. El habla de usted o de tú —primera de dos partes—

El uso de un pronombre específico para referirse a las personas con respeto —en español es ‘usted’— no es algo nuevo, proviene

Estaba su segura servidora —creo que esta forma es ya arcaica— esperando en el salón de belleza —otro término arcaico, ¡diantres!— su turno, al tiempo que corregía las pruebas de algún número de esta egregia publicación, cuando una voz llegó a mis oídos:

—Muñeca, muñeca, ¿qué te vas a hacer?

Obviamente hice caso omiso de tal apelación y seguí plácida leyendo mi protoalgarabía, cuando otra vez noté la voz, que ahora de manera más explícita, se dirigía a mí.

—¡Muñequita! Te estoy hablando, ¿qué te vas a hacer?

Volteé a ver a la apelante —que rondaba los 20 años de edad—, y con cara de incredulidad absoluta le pregunté:

—¿Me está usted hablando a mí? ¿Cuántos años tiene? ¿Me conoce acaso? No, ¿verdad? Entonces, ¿por qué me muñequea? Y más aún: ¿por qué me tutea?

Después de semejante experiencia, pensé en lo necesarios que son los términos políticos, de respeto y de cortesía para relacionarse socialmente, marcar distancias, otorgar venias o, simplemente, convivir, y en lo mucho que me alarma —tal y como si yo fuera un viejito filólogo de la Academia— que algunos de ellos estén cayendo en desuso. Por ello decidí escribir este artículo.

«El insulto mental sólo admite el tuteo». Javier Marías

De usted

Como sabemos, la lengua cambia de acuerdo con los 
usos y costumbres, con las épocas, con las culturas y las generaciones, y también de acuerdo con la región en que se habla. Si existen ciertas formas y variantes, es porque son necesarias para los hablantes, y si caen en desuso es porque quizá han dejado de serlo.

En español tenemos dos formas de referirnos a la segunda persona:

– La forma de confianza: tú, vos, vosotros

– Y la forma de respeto: usted, ustedes

Esta última también existe en otras lenguas romances —por ejemplo, en francés es vous, y en portugués, você—, y existió en algunas lenguas como el inglés y otras lenguas germánicas —por ejemplo, durante la Edad Media se usó el Thou y el Thee—, pero dejó de usarse en la lengua coloquial y sólo se emplea en textos jurídicos o eclesiásticos.

¿De dónde viene?

La costumbre de utilizar una segunda persona de respeto proviene de las formas elegantes, respetuosas y lejanas con que se llamaba a personas con mayor jerarquía que la propia. Por ejemplo, al rey —Su Majestad—, al papa —Su Santidad— o al juez —Su Señoría—; todas ellas, formas de tercera persona, aplicadas al interlocutor para lograr una distancia adecuada con el hablante dentro de una jerarquía social dada. La historia la cuenta así Carlos Alonso Vargas:1 «El uso de los pronombres “Vos” y “Usted” en Costa Rica», en la Revista de Ciencias Sociales, Universidad de Costa Rica, pp. 7-9.

Durante la Edad Media, al establecerse el rígido sistema de diferencias sociales en que era muy importante la relación señor-vasallo o superior-inferior, se vieron las lenguas
 europeas en la necesidad de emplear, además de la forma gramáticamente constituida, algún pronombre que sirviera para dirigirse en segunda persona a alguien que se consideraba superior y merecía por lo tanto un respeto mayor que el dado a los iguales.

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De este modo el francés, el ruso y el inglés, por ejemplo, añadieron a la forma de trato familiar —respectivamente tu, ty y thou— el pronombre de segunda persona plural —vous, vy y you—, dándole a éste, además de su significado original, el de pronombre singular usado como forma respetuosa; el inglés llegó incluso a eliminar del habla la forma singular thou. El italiano hizo lo mismo al dar al pronombre plural voi un significado singular, pero además añadió otra forma, lei, que significa «ella», confiriéndole el uso de pronombre de segunda persona singular en forma también respetuosa.

El alemán tenía el pronombre singular du; y para las diversas formas respetuosas tomó el de tercera persona plural, Sie = ellos, el de tercera singular masculino, Er, y la segunda plural, Ihr —los dos últimos ya no tienen uso hoy en día—. El portugués tenía también el , pero llegó, por un proceso semejante con respecto al español, a la forma você, que se usa con los verbos de tercera persona singular —você tem, pero tu tens—, igual que el usted en español —aunque con diferentes matices en cuanto a las situaciones en que se emplea.

En la mayoría de los casos, las formas que se usaban 
para dirigirse con respeto eran nombres abstractos y femeninos «provenientes del latín en la mayor parte de los casos, que designaban virtud, cualidad o facultad positiva de las personas»,2 Esbozo de una Nueva Gramática de la Lengua Española. Madrid: Espasa-Calpe, 1989. 2.14.4-3; pp. 341-342. tales como: alteza, beatitud, bondad, caridad, excelsitud, eminencia, excelencia, gracia, grandeza, magnificencia, majestad, merced, nobleza, paternidad, prudencia, reverencia, santidad, serenidad, señoría, etcétera. Con ellos, ya sea que se usaran en singular o plural, se aludía de una manera indirecta al interlocutor, atribuyéndole una deferencia con dicha cualidad: «Su Alteza Serenísima, pase a este recinto eclesiástico a adorar al Santísimo».

De todas las denominaciones usadas al principio con alguna indiscriminación, la mayoría fueron especializándose hasta quedar vinculadas a determinados personajes de alta condición, a veces a un reducido número de ellos o 
a personajes únicos como el Papa o el Rey —santidad, majestad, alteza—, pero en el siglo xv se empezó a usar 
el pronombre posesivo en femenino vuestra, junto con el sustantivo abstracto merced, es decir vuestra merced, que equivale a decir «la merced de vos» de forma respetuosa.

Al tratar de vos a alguien solía decírsele también vuestra merced, lo cual obligaba al hablante a usar los verbos en tercera persona singular —vuestra merced ama, tiene, dice, sabe—; esa forma logró gran difusión, y la recibieron con gusto —o se la arrogaron— aquellos que no tenían títulos nobiliarios, cargos o preeminencia alguna.

Así, vuestra merced se convirtió, por evolución fonética en usted:

vuestra merced > vuestaced > vuasted > vuested > vusted > usted3 Corominas propone otro romanceamiento: vuesarced > voarced > vuarced > voazé > vuacé.

El avance de los tratamientos de terceras personas y la expansión de vuestra merced y sus variantes a partir del siglo xvi, casi se equiparó al y al vos con el trato de confianza
 y es la frecuencia de su uso la que explica la reducción
 a usted, que hoy en día convive con ustedes y con y vosotros al mismo nivel.

Uso actual

El usted existe y sigue en uso en todos los países de habla hispana, pero las normas —obviamente impuestas por el uso—, cambian en cada uno de ellos. Por ejemplo, se dice que en Argentina y en España se emplea mucho menos que en México y Colombia. En Colombia, las reglas son distintas, pues se usa entre amigos, entre novios, y hasta de juego. En Argentina lo sienten arcaico y lejano, por lo que cada vez lo utilizan menos.

Aunque está retomando auge en España, incluso ellos distinguen el vosotros del ustedes en la segunda persona del plural cuando el resto de los hispanoamericanos no lo hacemos y, por ende, cuando nos dirigimos a ellos de «ustedes», piensan que es por respeto y no por descarte o por uso común como en México. Un ejemplo sería el siguiente diálogo:

—Vengan ustedes a la fiesta.

—Sí, vamos. Pero tutéanos, háblanos de vosotros.

Pero hasta Pérez Reverte —en un artículo que publicamos hace tiempo en esta revista4 v. Algarabía 58, julio 2009, Está en chino: «Amo ‘a deharno’ de protocolo»; pp. 49-51.— lamenta el hecho de que se pierda la distinción entre el y el usted:

«Dirán algunos de ustedes que qué más da. Que estamos en España y que los tiempos cambian. Pero me van a permitir que no esté de acuerdo. Los tiempos cambian, por supuesto; y a menudo más para bien que para mal. Pero una cosa es una cosa, y otra cosa es otra cosa».

Y luego, haciendo referencia a una carta que le envió la compañía telefónica en la que el director se dirigía a él —sin conocerlo— de tú, agrega:

«Que el teléfono móvil no sólo lo utiliza la hija quinceañera del director de negocios de marras, sino también dignas amas 
de casa, abuelitos venerables, académicos de la Historia, comandantes de submarino, patriarcas gitanos y novelistas
 de cincuenta y seis años con canas en la barba. Algunos, tan antiguos de maneras que tratamos escrupulosamente de usted a la gente mayor, y a los desconocidos, y a los taxistas y a los camareros y a los dependientes —empleados de Telefónica incluidos—, como a cualquiera que por su trabajo nos preste un servicio, aunque se trate de gente jovencísima».

Y termina vehemente con:

«Hablar de usted a la gente en general supone respeto, convivencia, educación y delicadeza. Por eso el tuteo rebaja 
y molesta a muchos destinatarios, entre los que, es evidente, me cuento. Cosa distinta es recurrir al tuteo —«Permitidme tutearos, imbéciles», por ejemplo— de forma deliberada, buscando la ofensa. Eso de insultar ya es cosa de cada cual, y cada cual tiene sus métodos. Pero dudo que insultarme sea intención del director de negocios de Telefónica que me envía las putas cartas».

Para leer la segunda parte del artículo, consulta Algarabía 106.

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