Así funcionan los medicamentos
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Así funcionan los medicamentos

Curan nuestras enfermedades, nos quitan el dolor, nos hacen sentir mejor, nos salvan la vida. Pero, ¿cómo funcionan?

Existen muchos tipos de medicamentos, dependiendo de la enfermedad o síntomas que curan; su forma, tamaño y consistencia y, por supuesto, del principio activo —sustancia que ejerce una acción farmacocinética— que contengan.

¿Quién inventó los fármacos?

Cuenta la leyenda que durante una oscura y silenciosa noche en Pérgamo, el dios Asclepio —la gran deidad griega de la medicina y la curación— decidió visitar en un sueño a Aeulius Nicon, un terrateniente y arquitecto que tenía fama de hombre trabajador. El motivo de tal «visita» fue indicarle el destino de su único hijo, Galeno: el de una vida entera dedicada al arte de la curación.

Fue así como Galeno, a sus 20 años, partió al Asclepeion de Pérgamo, donde se convirtió en discípulo de los grandes estudiosos de su tiempo, aquellos que veían en la obra del célebre Hipócrates de Cos los descubrimientos más importantes de la medicina de su época. Galeno terminó su carrera en Alejandría, Egipto, donde aprendió la importancia de los estudios anatómicos y fisiológicos para la medicina, diseccionó cadáveres y entró en contacto con la obra de importantes anatomistas, como Herófilo y Erasístrato.

Fue Galeno quien llevó la medicina un paso más cerca de la ciencia, al cambiar las formas de curar las enfermedades y establecer las combinaciones y cantidades de «sustancias» que deben consumir los humanos para su adecuada curación.

Formas farmacéuticas

Sabemos que existen pastillas, jarabes, cremas, suspensiones, emulsiones, comprimidos, lociones, pomadas, entre muchas otras presentaciones de remedios y medicamentos. Cada una de estas presentaciones se encuentra dentro de una clasificación —sólidos, líquidos, semisólidos—, y podemos encontrar uno o más principios activos en cada forma farmacéutica.

Sólidos

  • Polvos. La presentación es la más simple, ya que el principio activo se deberá absorber directamente en el estómago y no requiere protegerlo del ácido clorhídrico o de la acción de las enzimas mediante coberturas de sustancias adicionales.
  • Cápsulas. Pueden ser duras, elásticas o perlas. Las cápsulas son pequeños contenedores o envases solubles —generalmente fabricados a base de algún tipo de gelatina— en cuyo interior se halla la dosis del fármaco que se administrará por vía oral. Es la segunda forma farmacéutica más utilizada, después de los comprimidos.
Foto de Paweł Czerwiński en Unsplash.

Su principal ventaja es que integran el fármaco más rápidamente a los líquidos gástricos y que, dependiendo del material del contenedor, pueden prolongar la absorción del medicamento. Protegen el fármaco de los agentes externos, excepto de la humedad.

  • ˞Tabletas o grageas. Es el principio activo con una cobertura de una o varias capas de filme o laca para enmascarar el sabor, color u olor de algunas fórmulas químicas. En esta categoría entran los efervescentes, a los que se les agrega algún tipo de bicarbonato para conseguir ese efecto.
  • Comprimidos. Son formas farmacéuticas sólidas, generalmente redondas, con una dosificación exacta del medicamento contenido en su interior. Además los comprimidos tienen otras sustancias que forman la estructura necesaria para mantener su forma y sus características inalteradas en el tiempo.
Foto de Halacious en Unsplash.
  • Píldoras. Son sólidas, redondas y de administración oral, poco usadas desde la aparición de los comprimidos y las cápsulas. Se preparan de manera artesanal: se mezclan los ingredientes activos con excipientes, como jarabes de glucosa, en un mortero, resultando en una pasta a la que se le da la forma de cilindro delgado; luego se secciona en porciones individuales de igual tamaño en forma de pequeñas esferas que se cubren con un barniz azucarado para hacerlas más agradables a la ingestión.
  • Supositorios. Son de consistencia sólida, forma cónica y redondeada en un extremo que se introducen por el recto. Tienen una longitud de 3 a 4 centímetros y un peso de entre 1 y 3 gramos. Cada unidad incluye uno o varios principios activos, incorporados en un excipiente que no debe ser irritante, el cual debe tener un punto de fusión de entre 37°C y 43°C. Los óvulos que se emplean para uso vaginal tienen características similares.

Semisólidos

  • Pomadas. Preparaciones destinadas a ser aplicadas sobre la piel o sobre las mucosas. Contienen un excipiente, generalmente un cuerpo graso, y principios activos. Su consistencia es generalmente pastosa y su acción es local.
  • Cremas. Son preparados semisólidos para el tratamiento tópico. Se hacen a base de agua —de 60% a 80%— para formar un líquido espeso y homogéneo.
  • Jaleas. Geles comestibles dulces o salados, obtenidos mediante la adición de gelatina o pectina. Su vía de administración es oral, son muy empleadas para pacientes pediátricos, por ser fáciles de tragar.
Foto de Bee Naturalles en Unsplash.

Líquidos

  • Soluciones. Vienen por lo general en ampolletas, las cuales contienen el principio activo en su forma líquida con más soluciones que constituyen una mezcla homogénea para aplicarse de forma subcutánea, intramuscular, intravenosa, etcétera, por medio de inyecciones.
Foto de National Cancer Institute en Unsplash.
  • Jarabes. Líquidos viscosos que por lo general contienen soluciones concentradas de azúcares —como la sacarosa— en agua o en otro líquido. Se usan desde hace mucho tiempo; antes de descubrirse el azúcar se preparaban con miel. Los líquidos que habitualmente integran un jarabe son agua destilada, soluciones extractivas, zumos, entre otros. Su empleo se generalizó ampliamente porque enmascaran el sabor desagradable de los fármacos y se conservan por más tiempo.
  • Emulsiones. Son un compuesto de dos sustancias que no se mezclan. En medicina se habla de emulsión en el caso de una sustancia grasa en suspensión en un líquido fisiológico. Esta presentación se usa para que el principio activo se absorba por medio de soluciones grasas dentro del organismo.
  • Suspensiones. Son mezclas heterogéneas formadas por un sólido en polvo o por pequeñas partículas no solubles que se dispersan en un medio líquido. El principio activo del fármaco requiere este proceso para absorberse.

Gasesosas

Aparte del oxígeno y el óxido nitroso existen otras formas farmacéuticas gaseosas, tales como los aerosoles, que son dispersiones finas de un líquido o sólido en un gas en forma de niebla. Lo importante es que están diseñadas para absorberse dentro de la mucosa nasal.

Foto de InspiredImages en Pixabay.

Formas de absorción según el tipo de medicamento

En el caso de los medicamentos que se ingieren por vía oral, tenemos que la tableta, pastilla o comprimido se toma con ayuda de algún líquido —no se debe masticar para evitar que pierda sus propiedades al disolverse—, entonces baja por el esófago hacia el estómago, donde puede o no disolverse —hay tabletas que se disuelven en el estómago y hacen su acción directamente ahí o puede que pasen de largo y se disuelvan en el intestino.

En el intestino se absorben los nutrientes y los principios activos de los medicamentos. De ahí pasan a la sangre —el intestino está rodeado de una gran cantidad de vasos sanguíneos— y una vez ahí, tal como hacen los nutrientes de los alimentos, el principio activo se distribuye por todas las células del cuerpo que requieran modular su actividad. Una vez cumplida su acción, el principio activo sigue circulando en la sangre hasta llegar al hígado.

A Galeno le debemos la Farmacia Galénica, que es una de las ciencias farmacéuticas y se encarga de la transformación de drogas y principios activos en medicamentos de fácil administración, que proporcionen una adecuada respuesta terapéutica.

El hígado es el órgano encargado de limpiar la sangre, debido a que en él existen enzimas que modifican la estructura del principio activo para hacer que sea más hidrosoluble —soluble en agua—. Aquellos principios activos que no se pueden volver más hidrosolubles, son excretados por las heces.

En el caso de las otras vías de administración de medicamentos, lo que cambia es el lugar de absorción, sin embargo, todos los fármacos siguen el mismo mecanismo de llegar al torrente sanguíneo para distribuirse por todo el organismo y así cumplir con su función específica en las células que lo requieren.


Selynda Pérez Argueta es médico del IPN. Estudiante RI/UNAM. Oradora, polemista y aficionada al arte. Comprometida con la difusión científica y cultural. Puede encontrarla en twitter como @argueta_p

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