El sustrato en la gramática del español mexicano
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La influencia del sustrato en la gramática…

Hemos querido poner en tela de juicio un artículo de sobre la influencia gramatical del sustrato náhuatl.

Como sabemos, y lo hemos dicho ya en numerosas ocasiones, la tradición lingüística que ha regido durante muchos años en los países de Latinoamérica, está basada en la tradición castellana; es decir, en la establecida como norma peninsular.

La Real Academia Española aún hoy en día, en los estatutos que publica en su sitio web, dice que no sólo la RAE, sino también las veintiuna Academias de América y Filipinas que junto con ella integran la Asociación de Academias de la Lengua Española, tienen como fin primordial el de «trabajar asiduamente en la defensa, unidad e integridad del idioma común, y velar porque su natural crecimiento sea conforme a la tradición y naturaleza íntima del español».

Dentro de esta tradición hispanista, ha habido muchos lingüistas —entre ellos, mi maestro Juan Miguel Lope Blanch, ciertamente uno de los precursores de la escuela lingüística mexicana—, que no sólo eran españoles, sino que aún tenían ciertos miramientos hacia las lenguas vernáculas. En muchas de sus obras se trasluce ese temor de que la lengua española, al verse invadida por otras lenguas, se corrompa y ya no sea tan pura, y por ello trataban casi siempre de encontrar una raíz o causa hispanista a todo fenómeno lingüístico de los diferentes trayectos del español. Esa tradición, por ejemplo, rechaza la procedencia náhuatl de la palabra tocayo —de tocáitl, ‘nuestro nombre’— y busca procedencias rebuscadas en los votos de las bodas latinas del tipo «Yo Caio, Tú Caio», que son tan absurdas que ni vale la pena mencionarlas.

Hay, por su lado, otra tradición que quizás se va hacia el lado contrario, en el afán de encontrar una herencia indígena más allá de la real en el español de nuestro país. Pero es la única que estudia nuestras lenguas indígenas a profundidad —tradición que comenzó con los misioneros desde la Conquista—, y trata de documentar las peculiaridades de cada una de ellas, conocer su procedencia, sus influencias, la cantidad de hablantes que tienen y, sobre todo, sus rasgos y peculiaridades fonéticas, morfológicas o sintácticas, es decir, sus propiedades gramaticales.

En Algarabía hemos profesado siempre una política que se inserta en la cultura posmoderna y que plantea el relativismo y la igualdad de las lenguas, sean occidentales, indígenas, polinesias o africanas, y por lo tanto ve posibilidades en ambas corrientes o tradiciones, para quizás plantear un tercer camino que vea al español de México como un español hecho y derecho, con ciertas influencias de diferentes lenguas e incluso del sustrato como parte de nuestra cultura e idiolecto.

En este número 90, que en gran parte está dedicado al pasado indígena, hemos querido poner en tela de juicio un artículo de Juan M. Lope Blanch, sobre la influencia gramatical del sustrato náhuatl en el español de México. Por sustrato se entiende «los rasgos léxicos, fonéticos y gramaticales que ejerce la lengua originalmente hablada en un territorio sobre la lengua que la sustituye» —sobre todo, tratándose de los pueblos conquistados por otros de lengua distinta.

Un ejemplo de sustrato es el caso del dominio romano en la Península Ibérica, que produjo la desaparición de las lenguas aborígenes de la región, con excepción del euskera;

sin embargo, muchas de las características de esta lengua todavía quedan como sustrato en el español —como la desaparición de la inicial latina f– resultando una h-, en origen aspirada y posteriormente muda—. Otro ejemplo de influencia del sustrato son, obviamente, los más de dos mil nahuatlismos, mil toponimias, y miles de frases y refranes derivados de voces de origen náhuatl que tenemos en el español actual.

Ponderando

El citado artículo habla de la posible influencia del sustrato en la gramática del español de México —cuando hablamos de influencia gramatical, nos referimos a construcciones, orden, sufijos, fonemas, etcétera—. En éste, el autor refuta cinco de las influencias más reputadas, acerca de la influencia que pudo haber tenido el náhuatl en el español de México. Nosotros hemos querido enumerarlas, sin los argumentos en contra expuestos por Lope Blanch, para que usted las tome en cuenta, las valore, investigue más sobre ellas y haga su propio juicio al respecto.

«Las peculiaridades gramaticales que se han atribuido a la influencia del sustrato nahua son las siguientes:

El sufijo eco (-écatl)

El sufijo –eco (-écatl) propio de la lengua azteca, se aplica en los países en que se ha sentido su influencia, para denotar defectos físicos o morales dundo y dundeco, tonto, patueco, pateta—, de la misma forma en que se aplicaba en el absolutismo náhuatl, y su influencia gramatical es también observable en la utilización del sufijo –eco, en la derivación de algunos gentilicios.

Abundancia de formas diminutivas

De acuerdo con J. Ignacio Dávila Garibi, el empleo constante que se hace de las formas diminutivas en el español mexicano es «indudablemente, debido a la influencia del idioma náhuatl, en que tan profusamente se usa el diminutivo». De su opinión se han hecho eco W. Jiménez Moreno —para quien el sufijo hispanomexicano –ito «es el equivalente del sufijo –tzin(tli), igualmente diminutivo, a la vez que signo de respeto y afecto»—, y Carlos R. Margáin, según el cual las «nanas» que criaban a los hijos de los primeros conquistadores «lo hacían traduciendo del náhuatl; esto es, utilizaban el diminutivo español para hacer el reverencial», dado que en «náhuatl el diminutivo y el reverencial utilizan la misma partícula o desinencia, tzin». La consecuencia de todo ello es que «cuando el mexicano [contemporáneo] usa el diminutivo, muy a menudo, si no es que casi siempre, trata de ser cortés y amable», y podría decirse que el morfema –ito no es hoy en México propiamente diminutivo, sino reverencial o signo de cortesía [y afecto]».

Uso reflexivo de ciertos verbos

Jiménez Moreno alude a «importantes influencias mexicas de orden morfológico», y menciona como ejemplo concreto el hecho de que «en el español de México, muchos verbos se vuelven reflexivos, no siéndolo en España, porque sus equivalencias nahuas tienen tal carácter: regresarse tiene detrás a ninocuepa», que quiere decir justo eso: «regresar yo», formado por ni mo —primera persona— y cuepa —‘regresar, cambiarse en algo, convertirse en’—; por ejemplo, de Molina emplea el texto náhuatl Iuictzinco ninocuepa in totecuiyo dios, «convertirse a Dios, nuestro señor». José Moreno de Alba apunta en Minucias del lenguaje: «la forma regresar, en todo el mundo hispánico, es más usual que regresarse. La forma regresarse no se emplea en el español de España y, aunque mucho menos que regresar, se usa en el español americano, más en la lengua hablada que en la escrita».

Uso redundante de los posesivos y simplificación del paradigma verbal

En su estudio sobre el español de Yucatán, Víctor M. Suárez considera que las construcciones pleonásticas en que aparecen el pronombre de interés y el posesivo correspondiente a la misma persona gramatical, así como aquellas en que la posesión se expresa mediante el adjetivo posesivo y la forma nominal respectiva, tienen raigambre indígena: «En las construcciones genitivas del maya, al hablar de la pertenencia del sujeto, la sintaxis exige que se anteponga al objeto poseído el genitivo u, traducido por su: u nok’ in sukuum, “su ropa de mi hermano”; u tup a na’, “sus aretes de mi mamá”. De ahí la frecuencia, en el lenguaje del pueblo, de frases de pleonasmos pronominales como “su casa de Juan”, “su papá de tu cuñado”. Existe este doble uso también en frases como “ya me cansé mis rodillas”, “me dieron un golpe en mi cabeza”, “tómate tu leche”, “te cortaste tu dedo”, etcétera».

Voces de origen nahua y calcos semánticos

Según Pablo González Casanova, el español mexicano ha traducido del náhuatl ciertas expresiones muy usuales hoy en México, como «tapar la boca» en el sentido de ‘sobornar’ o de ‘hacer callar’, que sería calco del náhuatl tempachoa —con el mismo significado—; de igual manera «la frase popular “échame agua”, ‘avísame’ es una imitación de la frase mexicana xi nech-maua, ‘avísame’». Con respecto a las voces de origen nahua, los estudios son abundantes y su influencia en el español es evidente en el nombre de alimentos, plantas, animales, toponimias, frases y refranes, etcétera.

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