Los últimos presos de Alcatraz
Desde la redacción

Los últimos presos de Alcatraz

Esta fotografía del 21 de marzo de 1963, representa el punto final de la cárcel más famosa en la historia.

«Huevos revueltos, corn flakes, tostadas y café», esto fue lo último que escribieron en la pizarra frente a las mesas de desayuno de la prisión de Alcatraz.

Veintisiete presos, aún con grilletes en los pies y en las manos, marcharon por el pasillo directo a la salida; aunque su destino no era la libertad sino otro reclusorio, el dejar atrás las celdas de La Roca ya representaba para ellos un respiro.

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Fotografía de 1963 que muestra a los reos recorriendo por última vez los pasillo de la prisión de Alcatraz. El último en salir fue Frank Watherman quien al momento de cruzar la puerta de salida dijo: «Alcatraz nunca hizo ningún bien a nadie»

En la bahía de San Francisco, sobre una isla ocupada por un faro y el recuerdo de un fuerte militar, se construyó aquella prisión de Alcatraz. Comedores para cuatro presos, celdas individuales, un agujero húmedo y sin luz en el que los reclusos podían pasar semanas enteras, formaban parte en la vida diaria de sus prisioneros.

Afamada como «la cárcel de las cárceles», Alcatraz empezó su funcionamiento el 1 de julio de 1934, y aunque contaba con la capacidad para mas de 1,500 presos, nunca hubo en el recinto mas de 302 hombres, siendo ésta la máxima cantidad de reclusos registrada.

Existieron únicamente 14 intentos de fuga, uno de ellos ocurrió en 1936. Joe Bowers pasó a la historia cuando trepó un muro de esta prisión con el fin de escapar; un guardia le ordenó desistir pero Bowers lo ignoró y continuó escalando, el guardia disparó su arma, sin dejarle posibilidad alguna de castigo. Su nombre fue el primero en la lista de quienes intentaron huir.

John Gilles, tras pasar diez años guardando retazos de tela, confeccionó un traje militar y abordó un barco con papeles falsos. Estaba a punto de lograr la hazaña cuando, casi al llegar a la orilla, alguien descubrió que su uniforme no coincidía con el resto, lo esposaron y tuvo que reingresar a la prisión.

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Uno tras otro llegaron más intentos, la mayoría de los presos eran descubiertos y regresados, algunos fallecían tras enfrentamientos armados y otros se ahogaban en las heladas aguas de la bahía.

Criminales del calibre de Al Capone llegaron a estar recluidos entre las paredes de esta cárcel, sin consideración alguna por su fama.

Hartos de los múltiples planes de huida, los guardias optaron por esparcir el rumor entre los prisioneros, de que en la bahía nadaban tiburones. Los intentos por fugarse disminuyeron y «la paz» se estableció por cierto tiempo, pues fue hasta 1962 que ocurrió un hecho sin precedentes.

En la noche del 11 de junio de ese año, tres prisioneros: Frank Lee Morris y los hermanos John y Clarence Anglin descendieron por un túnel que fue cavado empleando sólo unas cucharas, subieron a una balsa y remaron hasta desaparecer. Hasta la fecha se desconoce el paradero de los tres presos, aunque algunas fuentes aseguran que se ahogaron en su intento de salir.

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Este escape marcó el fin para la prisión, pues en seguida surgieron los cuestionamientos sobre su eficacia, aunado al deterioro que presentaban las instalaciones por el agua de mar y un coste de cuatro millones de dólares para su reparación, Alcatraz tuvo que cerrar y desalojarse oficialmente.

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