Patoaventuras y ciencia. —Para releer al pato Donald— – Algarabía
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Patoaventuras y ciencia. —Para releer al pato Donald—

La historieta del Pato Donald, creada por Carl Barks en los años 40, incluía datos científicos reales para resolver las patoaventuras de

En el prólogo de 1971 al libro clásico
 de los chilenos Ariel Dorfman y Armand Mattelart,1 Ver Algarabía 43, marzo 2008, Ideas: «Disney: el maestro del embrujo»; pp. 23-28. Para leer al pato Donald. Comunicación de masa y colonialismo, se lee: «…nada escapa a la ideología. Nada, por lo tanto, escapa a la lucha de clases». Años más tarde, Rius agregaría en La vida 
de cuadritos: «…después, Walt Disney perfeccionará la ideología capitalista y hasta intentará hacer héroes simpáticos a los exploradores». En esos años de «Che» Guevara, de revolución, de guerra fría, de lucha de clases y de aversión a todo aquello que tuviera la etiqueta made in usa, en algunas ocasiones el bosque de la ideología no permitió ver el árbol de las ideas.

Lo que quedó en el tintero de Dorfman y Mattelart

En el caso de las historietas del pato Donald, el árbol tenía nombre: Carl Barks, quien fue el escritor y dibujante de casi todas las historietas publicadas por Walt Disney entre 1942 y 1966, y que creó nuevos personajes como el tío Rico McPato y Pánfilo Ganso.

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En ese entonces, los cómics de la compañía Disney no daban el crédito al autor correspondiente, así que el nombre de Barks nunca apareció en ellos; pero cuando
 se le reemplazó por otros artistas, los lectores resintieron el cambio radical en la calidad del dibujo y de las historias, y exigieron a Disney, mediante numerosas cartas, que Carl Barks regresara.

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Lo que en su tiempo Dorfman, Mattelart, Rius y muchos más no vieron —o no mencionaron porque no les interesó, porque no quisieron, porque no les pareció importante, porque no era el punto que querían tratar o por cualquier otra razón— fue que, en las «patoaventuras» escritas por Barks, la ciencia fue compañera invaluable de Rico McPato, de Donald y de Hugo, Paco y Luis, además de que sus peripecias e invenciones tenían bases científicas y siempre fueron rigurosamente ciertas.

¿Quién fue Carl Barks?

Carl Barks nació el 27 de marzo de 1901 en Merrill, Oregon, en el seno de una familia de granjeros. A los 16 años ya era un dotado dibujante, pero cuatro lecciones de un curso por correspondencia pulieron sus habilidades. En 1935, comenzó a trabajar para Walt Disney, primero como asistente y, al año siguiente, en el departamento de historias. En 1937, Barks se encargó de producir su propia historieta con el Pato Donald como protagonista.

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Las difíciles condiciones de trabajo en Disney lo llevaron a renunciar en 1942, poco tiempo después de publicar, junto a Jack Hannah, «Donald
 Duck Finds Pirate Gold» —El pato Donald encuentra el
 oro del pirata—, la primera historieta de Donald pensada como libro. Luego de Disney, Barks trabajó en Western Publishing, donde produjo más historietas del Pato Donald. «The Victory Garden» —El jardín Victoria—, publicada en 1943, fue la primera de las 500 historietas hechas por Barks para Western.

Se jubiló en 1966, pero continuó participando en la creación de historietas. Murió de leucemia el 25 de agosto de 2000.

Patoaventuras con ciencia

En una entrevista publicada en 1985, Barks afirmó: «Yo no estoy de acuerdo con la idea de los editores de que quienes compraban […] cómics eran niños ignorantes, balbuceantes. Yo asumía que mi 
lector promedio 
tenía alrededor de
 20 años de edad, era 
semimundano y en
 verdad letrado en
 mecánica, historia,
 ciencia, naturaleza, 
viajes, etcétera.» Algo
 que debió añadir es 
que siempre que en 
sus historias intervino 
la ciencia, ésta tuvo 
un papel privilegiado: gracias al buen uso de ella, Donald y sus sobrinos pudieron salvar el día —y, muchas veces, sus plumas—. Los ejemplos abundan, como las historietas citadas por Lois Gresh y Robert Weinberg en su libro The Science of Superheroes, aún sin traducción al español:

– En «Bajo el hielo polar», escrita en 1960, Donald y
 sus tres sobrinos viajan en submarino por debajo de 
los casquetes polares del Ártico. Barks dibujó tanto el exterior como el interior de su submarino basándose en los planos reales del submarino nuclear uss Nautilus, que un año antes había realizado la misma travesía.

– En «Rico Mac Pato No. 46», de diciembre de 1963, 
el tío Rico y Donald descienden nueve kilómetros al fondo del mar en un batiscafo cuyo diseño se basó en el del Trieste, que tres años antes descendió casi once kilómetros en la Trinchera de las Marianas, localizada en el Océano Pacífico.

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En esta historia, un tanque de gasolina instalado en la parte superior del batiscafo le permite tener flotabilidad positiva, dado que la gasolina tiene menor densidad —es decir, la masa entre el volumen— que el agua.

– En «Tiempo de vacaciones», publicado en 1950, Donald y sus sobrinos deciden acampar juntos. Hay que recordar que Hugo, Paco y Luis tenían mucha experiencia en estos asuntos dado que pertenecían a la tropa de los Pequeños Castores.2 Hace varios años se podía conseguir, incluso, el Manual de los Pequeños Castores en dos tomos, lleno de sugerencias para acampar, algunas no tan prácticas y otras inaplicables en México, dado que el manual se tradujo originalmente para su venta en España y nunca fue adaptado para nuestro país. Donald y sus sobrinos encienden una fogata que cumple con el requisito de seguridad de estar rodeada de un anillo de piedras, pero otros excursionistas no son tan cuidadosos y el bosque se incendia.

Al quedar atrapados por las llamas, Donald y sus sobrinos cavan trincheras lo suficientemente profundas para yacer acostados en ellas; mojan sus ropas con el agua de sus cantimploras y se tienden en las trincheras con sus chaquetas húmedas sobre sus cabezas, detenidas por sus palas, de manera que puedan tener aire para respirar. Después, Donald cubre a sus sobrinos con tierra y sigue el mismo procedimiento consigo mismo. El fuego pasa sobre los cuatro, pero ellos permanecen ilesos y son salvados por el buen uso de la ciencia.

«Cómics y ciencia combinan. Sólo se necesita un genio como Carl Barks para que combinen bien.» Lois Gresh y Robert Weinberg

Una «patopatente» para salvar barcos sumergidos

El 14 de septiembre de 1964, un barco carguero se hundió cerca del puerto de Kuwait, en el Golfo Pérsico. Como la ciudad de Kuwait bombeaba su agua potable desde el puerto, era necesario recuperar el barco y su carga lo más pronto posible. El ingeniero danés Karl Kroyer lo consiguió en diciembre de ese mismo año a través de un método bastante ingenioso: bombeó al interior del barco hundido 27 millones de bolitas de poliestireno expansible, con un peso total de 65 toneladas, que desplazaron el agua del barco y le dieron la flotabilidad suficiente para que ascendiera.

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¿De dónde obtuvo Kroyer esta brillante idea? No de una revista de ingeniería ni de conversaciones con científicos
 o con alguno de sus colegas: cuando era un niño en Copenhague, leyó una historieta de Donald escrita por Carl Barks titulada «El yate hundido». En ella, Donald y sus sobrinos emplean pelotas de ping-pong para recuperar un barco que se encuentra sumergido. Cuando, ya de adulto, el ingeniero Kroyer intentó patentar el procedimiento, la oficina de patentes denegó su petición porque la descripción del mismo había sido publicada, quince años antes, en las páginas de las aventuras de Donald.

Epílogo

Atrás ha quedado la época en que el adulto que compraba cómics debía hacer frente a un señalamiento doble: por enanismo intelectual y por entreguismo a la ideología capitalista. Hoy en día, tendrá que enfrentarse sólo a uno de ellos. Si sale victorioso, quizás pueda averiguar por sí mismo para qué sirve saber sobre ciencia, y sorprenderse —más allá de lo señalado con certeza por Dorfman y Mattelart— al releer el pato Donald de Carl Barks.

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Texto publicado en Algarabía 59. En esa edición también encontrarás artículos sobre el origen de la palabra bigote, el humor zen y el «Che» en el Congo.

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