Homeopatía – Algarabía
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Homeopatía

Aquí hablaremos de una teoría médica que tuvo una legítima razón de ser en sus orígenes, pero que hoy es cuestionada. Me refiero a la

En la actual comercialización de la salud se encuentran métodos y técnicas tanto emergentes como tradicionales1 Versión editada y resumida de «Bolitas», en Pedro Miramontes, Río de tiempo y agua. Procesos y estructura en la ciencia de nuestros días, México; CopIt ArXives, 2010. Disponible en línea: http://scifunam.fisica.una.mx/mira/copit/index.html [Todas las notas son de la edición.]. El torbellino con el que nos atosigan los medios incluye la medicina biomagnética, la iridología,2 Diagnóstico realizado a través de la observación del iris del ojo. la cirugía psíquica, la alfabiótica,3 Práctica alternativa que tiene como principio de salud el equilibrio de la energía vital; cualquier desequilibrio desemboca en una enfermedad. la aromaterapia y muchas otras.

La medicina en el siglo xix

Pese al esfuerzo racionalista del enciclopedismo francés de finales del siglo xviii y xix, la medicina era vista como un oficio más cercano a la brujería que a la ciencia. Fue hasta la segunda mitad del siglo xix que científicos como Louis Pasteur, Claude Bernard, entre otros, sentaron las bases para su estudio sistemático y que se liberase del lastre de las prácticas empíricas sin sustento.

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Por si fuera poco, la mayoría de la población no tenía acceso a las prácticas médicas. Las grandes masas, con suerte, tenían que recurrir a barberos que simultáneamente ejercían su oficio y el papel de cirujanos o dentistas. Allí entra la historia del joven Samuel Hahnemann, cuando ingresa a la Universidad de Leipzig con el noble ánimo de estudiar medicina para aliviar el dolor de la gente.

Similia similibus curantur

En 1775, Hahnemann se matriculó en la escuela de medicina de la Universidad de Leipzig, misma que abandonó rápidamente. De ahí pasó a la Universidad de Viena, donde su estancia duró nueve meses, pues no pudo sostenerse económicamente. Gracias a un profesor consiguió un trabajo como médico y bibliotecario de un poderoso e influyente funcionario publico en Hermannstadt —hoy Sibiu, Rumania.

En 1784 se muda a la ciudad de Dresden. En esa época se siente horrorizado por la práctica médica; abandona la medicina y se labra una buena reputación como traductor de textos científicos.

Ocupado en esta labor, en 1790 cae en sus manos el libro Materia Medica, de William Cullen, y mientras lo traduce, Hahnemann aprende que el autor recomienda la quinina como un remedio contra la malaria. Poco convencido de las razones que expone Cullen, decide experimentar en su persona y someterse a pequeñas dosis de quinina durante periodos largos, lo que le produce fiebres intermitentes, síntomas de la malaria y esto le sugiere el principio médico de similia similibus curantur —«los semejantes curan a los semejantes»—. En 1804 se establece en la ciudad de Torgau, sobre el río Elba, [de la que] puede decir[se] que es «la cuna de la homeopatía».

Una lágrima en el mar

La homeopatía es una doctrina producto de una intensa y prolongada reflexión, y sus postulados son claros:

  1. La ley de la similitud. En la naturaleza no existe nada que pueda dañar y que, a la vez, no pueda curar —aunque exclusivamente aquello que la misma sustancia causó—.
  2. La experimentación pura. Es decir, la imposibilidad de determinar con certeza, a priori, el efecto de un medicamento sobre una persona enferma.
  3. Las reglas de curación. Se refieren al tratamiento de las enfermedades siguiendo órdenes temporales y espaciales perfectamente bien especificadas. La primera regla dice que la curación se produce de adentro hacia afuera, donde adentro quiere decir el plano mental y afuera las mucosas y la piel.
  4. La dosis infinitesimal y el medicamento único. Éste es el núcleo de la medicina homeopática, y quizá el más difundido y el menos entendido. Para que las sustancias naturales alcancen el grado necesario para actuar sobre el organismo, tienen que ser sometidas a una preparación física especial.

En la práctica homeopática se emplean únicamente sustancias después de ser dinamizadas por un sistema de diluciones sucesivas, fundamento de la preparación de los remedios homeopáticos: se toma una parte del compuesto esencial, que puede ser mineral, vegetal o animal, y se diluye en agua o alcohol; se emplea la letra x, el número diez romano, para representar la dilución a la que llega después de mezclar una parte del original en nueve de agua.

Esta dilución se puede repetir varias veces; así, una dilución 6x indica que se realizó seis veces el proceso. Se emplean los números romanos c y m para representar las diluciones 1:100 y 1:1000 respectivamente.

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La segunda parte del proceso de dinamización de los remedios homeopáticos es la sucusión, o la manera como se agita la mezcla después de cada paso de dilución. Tiene que agitarse vigorosamente golpeando el recipiente con la mano o con una pieza de cuero, con un mínimo de cien enérgicas agitaciones por minuto —hoy, este paso se hace mecánicamente—.

Hahnemann recomendaba y empleaba diluciones de 6x o de 24x, la norma hasta comienzos del siglo xx

Una vez completado este proceso puede hablarse de, por ejemplo, la primera dinamización centesimal —1c— o de la sexta dinamización decimal —6x—, y así sucesivamente. Con el líquido resultante se impregnan unos glóbulos de azúcar, y es ésta la presentación que recibe el paciente.

Hahnemann recomendaba y empleaba diluciones de 6x o de 24x, la norma hasta comienzos del siglo xx, cuando James Tyler Kent, un médico estadounidense que tuvo gran influencia en el crecimiento de 
la homeopatía en su país y en Inglaterra,
 emprendió una cruzada a favor de diluciones más altas y, dependiendo de la enfermedad, recomendaba las diluciones 30c, 200c, 1m, 50m, cm, dm y mm.

La estructura molecular de la materia

Hagamos un ejercicio aritmético: veinte gotas de líquido hacen un mililitro —un centímetro cúbico—, por lo tanto, tenemos 20 millones de gotas por metro cúbico. Por otra parte, si la molécula de glucosa mide un nanómetro, entonces —como los volúmenes van con el cubo de las dimensiones lineales— hay un número igual a un diez seguido de 20 ceros de moléculas en una gota.

¿Qué es lo que cura la homeopatía, si es que cura?

Si a esta gota la sometemos a una dilución homeopática de 30x, entonces hace falta un volumen igual a un diez con 39 ceros de gotas para encontrar una molécula. Prosiguiendo el ejercicio, llegamos al resultado de que tal cantidad de gotas ocupan un volumen igual al de una esfera de diez millones de kilómetros de radio. Resumiendo, después de una dilución 30x existe una molécula del compuesto original en una esfera que tiene un radio semejante a la distancia del Sol a Venus. Si de ahí sacamos una gota para mojar nuestros chochitos de azúcar, es absolutamente seguro que no habrá ninguna molécula del compuesto original. Entonces, si no queda una sola molécula de la sustancia original en mis chochitos de azúcar, ¿qué es lo que cura la homeopatía, si es que cura?

Dynamis o «fuerza vital»

Tenemos a teóricos de la homeopatía clásica, como el contemporáneo inglés Peter Morrell, que afirman que ésta se basa en un agente llamado dynamis o «fuerza vital». Según Morrell, ésta es la hipótesis de trabajo con la cual se explica cómo una sustancia «potenciada» —que no es del mundo físico— entra en contacto con la estructura física de un organismo y altera su estado.

s29-ciencia-3En sus palabras: «Podemos definir la “fuerza vital” como una nada. Una entidad invisible e intangible que manipula la sustancia del cuerpo y produce el fenómeno que llamamos vida. La fuerza vital es la fuerza motriz y la organizadora de las moléculas. Es aquel agente que se encuentra en un organismo vivo y claramente ausente en un cadáver. En la muerte, las moléculas pierden su organización y velocidad de movimiento. Ya se encuentra ausente la fuerza que las obliga a moverse en patrones con significado o que las une en una matriz armónica y bien coordinada. El cadáver carece de percepción o voluntad aunque todavía posee una bioquímica estacionaria bastante sofisticada». […]

Desafortunadamente, más para mal que para bien, ésta es la esencia de la homeopatía clásica. Los escritos de Samuel Hahnemann y de sus principales seguidores no difieren esencialmente del discurso de Morrell. No obstante, hay que intentar ser justos y analizar la obra de Hahnemann en su contexto; no podemos culparlo por pensar que la diferencia entre la materia viva y la inerte es una fuerza vital […], aunque hoy en día, las personas educadas no acepten como explicación de algún fenómeno natural la existencia de sustancias que no se puedan ver, medir, oler, sentir ni detectar o cuyas propiedades no sean consecuencia de un cuerpo teórico comprobado. […]

La memoria del agua

En 1988, apareció en la prestigiada revista británica Nature un artículo cuyo título no presagiaba la tormenta que iba a desatar. El punto medular [de éste] era que un grupo de investigadores afirmaba que habían logrado la liberación de sustancias de los leucocitos basófilos cuando los exponían a dosis extremadamente diluidas —homeopáticas— de anticuerpos. Jacques Benveniste —el investigador principal— y su equipo interpretaron su resultado como la transmisión de información biológica pese a la ausencia de moléculas activas; en pocas palabras, el medio usado para la dilución homeopática podía provocar una reacción alérgica.

«Un descubrimiento francés que podría trastornar los fundamentos de la física: la memoria del agua», tituló su nota, con buena dosis de nacionalismo galo, el periódico Le Monde en su edición del 30 de junio de 1988. Aquellos homeópatas honestos […] creyeron encontrar la explicación científica a su disciplina. Aquellos escépticos, pero de buena fe, estuvieron dispuestos a conceder el beneficio de la duda. Sin embargo, el grueso del establishment científico se escandalizó ante algunas afirmaciones un poquito exageradas del propio Benveniste, tales como: «Es como si usted sumergiera las llaves de su coche en el río Sena en París y luego descubriera que, si toma una muestra de agua en la desembocadura —a unos 400 kilómetros—, ¡ésta tiene la información suficiente para echarlo a andar!».

«Un descubrimiento francés que podría trastornar los fundamentos de la física: la memoria del agua»

Después de que varios laboratorios independientes no pudieron reproducir los resultados, la agitación llegó a tal grado que sir John Royden Maddox —editor en jefe de Nature y con entrenamiento formal en química— tuvo que pedir que el equipo de Benveniste repitiera el experimento en presencia del mismo Maddox y de un equipo convocado y encabezado por él: un grupo de expertos en desenmascarar fraudes científicos. Los resultados fueron negativos; no hubo memoria en el agua. Intentos subsecuentes de reproducir el experimento en laboratorios independientes también fallaron. La revista retiró el artículo de sus archivos y aunque Benveniste nunca se retractó, su prestigio sufrió un daño irreparable. […]

No existe mecanismo físico conocido que pueda explicar la acción de la homeopatía

Así pues, la situación hoy en día es contundente: no existe mecanismo físico conocido que pueda explicar la acción de la homeopatía. Sin embargo, bien pudiera suceder que ese mecanismo exista y que simplemente la ciencia contemporánea no haya sido capaz de detectarlo. Si se concede el beneficio de la duda a la homeopatía, se puede todavía recurrir a un método muy empleado por los médicos para los casos en los que se requiere probar la acción o falta de acción de algún medicamento: los estudios clínicos.

No se pierda la conclusión de este polémico tema, sólo en Algarabía 85.

3 thoughts on “Homeopatía

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