El filin y la trova cubana – Algarabía
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El filin y la trova cubana

Durante la década de los 50, Cuba tuvo un gran apogeo en el ámbito musical. Si bien el mambo se posicionó en esos años, la trova también

La contradanza, la danza habanera, el danzón, el son y el bolero son todos antecedentes de lo que hoy conocemos como trova, en todas sus variantes y nacionalidades, ese cante que llega al corazón de vez en vez. Durante la primera mitad del siglo xx, infinidad de compositores e intérpretes provenientes de Cuba endulzaron, con sus voces y guitarras, el espíritu romántico del mundo de habla hispana. Continuemos con estas trovas y sus caminos.

En la vida hay amores / que nunca pueden olvidarse, / imborrables momentos / que siempre guarda el corazón […]
«Inolvidable», Julio Gutiérrez.

En los años 40, en Cuba surgen compositores de la talla de Pedro Junco Junior, a quien una sola canción le bastó para pasar a la historia de los grandes compositores de la canción romántica, «Nosotros»: Atiéndeme. / Quiero decirte algo / Que quizá no esperes / doloroso tal vez. […] Nosotros, que nos queremos tanto, / debemos separarnos, / no me preguntes más […].

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Por su parte, Isolina Carrillo compondría el bolero «Dos gardenias», que fuera un éxito en las voces de Daniel Santos, Fernando Torres y Toña «La Negra», 
y que devendría en el himno romántico cubano: Dos gardenias para ti, / con ellas quiero decir, / te quiero, te adoro, mi vida, / ponles toda tu atención, / porque son tu corazón y el mío. […]

Por el año 1950, se puso de moda el mambo,1 Acerca del origen del mambo hay mucha polémica: se dice que los creadores fueron los hermanos Orestes e Israel López «Cuchao»; también se dice que Antonio Arcaño fue su creador, por el año 1939, como una variación del danzón. un nuevo ritmo que se haría famoso internacionalmente de mano de Dámaso Pérez Prado y que hizo que Cuba se conociera más por él que por su trova, aunque el trovador Julio Gutiérrez combinó su estilo romántico con el nuevo ritmo y compuso «Qué es lo que pasa» y «Así, así».

Los años 50

Durante esta época, Cuba vivió el apogeo de su vida de farándula. Todos los artistas que destacaban en otros países, por fuerza viajaban a actuar en La Habana, y allí se presentaban artistas de categoría impresionante. El bolero seguía siendo el ritmo romántico de mayor éxito; fue la época en que los boleros interpretados por La Sonora Matancera causaron furor. Esta banda cimentó su fama en la calidad de los intérpretes que respaldó: sus cantantes fijos fueron, primero, Bienvenido Granda —«En la orilla del mar» y «Angustia»—, luego Celio González —«Total» y «Cien mil cosas»— y, sin ser fija, Celia Cruz.

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También quedaron grabaciones extraordinarias con los argentinos Leo Marini —«Historia de un amor», «En la palma de la mano» y «Luna yumurina»— y Carlos «Argentino» Torres —«Cuando tú seas mía»—, el colombiano Nelson Pinedo —«Corazón sin puerto» y «Te engañaron, corazón»—, el dominicano Alberto Beltrán —«Aunque me cueste la vida» y «Todo me gusta de ti»— y el puertorriqueño Daniel Santos. El gusto musical de sus arreglos orquestales, el extraordinario respaldo de sus trompetas y el ritmo que impusieron en todo su repertorio hizo de la Sonora Matancera, la más famosa de las orquestas cubanas que aún mantienen su actividad musical.

Total, si me hubieras querido / ya me hubiera olvidado, de tu querer […] «Total», Ricardo García Perdomo

Ésta fue la época de oro de los tríos, pero curiosamente, no hubo en Cuba ninguno que alcanzara el prestigio y la popularidad de Los Panchos o de Los Tres Diamantes, entre los tríos cubanos que alcanzaron alguna resonancia internacional podemos mencionar el de Servando Díaz, el Oriental, el trío La Rosa y el de los Hermanos Rigual.

El bolero cha-cha-chá

Para mediados de los años 50, el mambo se había impuesto como género bailable. Después del mambo, por el año 1951, surgió el cha-cha-chá como otra variante del danzón, y también se compusieron boleros cha-cha-chá. Nuevamente, Julio Gutiérrez aportó varios temas que se escucharon bastante: «Romance en cha-cha-chá», «Serenata en cha-cha-chá» y el «Nocturno en cha-cha-chá». Sin embargo, la vigencia de este ritmo fue pasajera.

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Por esta época también el número uno fue el famoso Benny Moré, «El bárbaro del ritmo», que también fue un «Bárbaro melódico», ya que interpretó muchos boleros con sabor a mambo, en forma extraordinaria, sin ser el bolero su especialidad. Fueron célebres los dúos que hizo con Pedro Vargas en «Obsesión» y «Perdón», dos boleros puertorriqueños; también escribió «Mucho corazón» y «Cómo fue»: Cómo fue, / no sé decirte cómo fue, / no sé explicarte qué pasó / pero de ti me enamoré […].

La última noche que pasé contigo / la llevo guardada como fiel testigo, / de aquellos momentos en que fuiste mía / y hoy quiero olvidarla de mi ser […] «La última noche», Bobby Collazo

El movimiento del filin

La trova se encuentra, desde su nacimiento, con una corriente romántica ya establecida, una generación de poetas que ha fundado su expresión artística en la meditación delicada y melancólica, la pasión, el erotismo, la emoción casi religiosa, las luchas del espíritu, la expresión viva de sus sensaciones, su historia, su paisaje y su mundo interior. Esa tradición hace que, en las letras de los boleros, las ideas pierdan cualquier valor, y sean sustituidas por sensaciones.

Su única guía es ese misterioso saber —el no saber por qué— llamado intuición. Y es esa volatilidad, ese no fijar límites ni establecer temporalidades, lo que hace del bolero una materia dúctil que resulta tan atrayente. El filin expresa la comunicación por medio de lo subjetivo, rompe moldes melódicos, sus letras tienen que ver con la realidad de lo que se siente, de lo que se vive. Como lo indica la traducción del inglés —de feeling, «sentimiento»—, consiste simplemente en cantar la canción como una amplitud de mayor expresión, tanto en el tiempo como en la armonía, y tuvo su origen en la forma de cantar de las cantantes estadounidenses Ella Fitzgerald y Sarah Vaughan.

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Aun cuando los iniciadores de este movimiento fueron principalmente César Portillo de la Luz, José Antonio Méndez y Frank Domínguez, este movimiento también tuvo compositoras como Tania Castellanos, Marta Valdés y Ela O’Farrill; y como cantantes también hubo más mujeres: Elena Burke y Omara Portuondo.

No existe un momento del día / en que pueda apartarte de mí, / el mundo parece distinto / cuando no estás junto a mí […] «Contigo en la distancia», César Portillo de la Luz

Portillo de la Luz —uno de los iniciadores del filin, junto con José Antonio Méndez— lo expresa con toda precisión: «Me gusta la carga poética que tienen las cosas de la vida y esa misma carga expresarla con el lenguaje que se me ocurra. […] Yo coincido más bien con la poesía coloquial, pero de modo espontáneo, sin proponérmelo, porque así hay más libertad […]». «Contigo en la distancia» —una de sus primeras composiciones, realizada en el año de 1946— es la canción que lo dio a conocer en el resto de Latinoamérica.

La primera grabación de este bolero la hizo Fernando Fernández en 1947 y también la cantó en la película Callejera (1949). Después la grabó Andy Russell y siguieron David Lama, Lucho Gatica, Los Tres Ases y más de 40 intérpretes hasta el momento. Después, en 1948, compuso «Delirio», y siguieron «Perdido amor» y «Realidad y fantasía», entre muchas otras.

[…] Fue mutua la impresión, la misma indecisión, / después que nos miramos. / Yo te quise estrechar, con ilusión besar, / mas no podía. / Me fue imposible hablar, y todo quedó igual, / por nuestra cobardía. «Nuestra cobardía», José Antonio Méndez.

Por otro lado, José Antonio Méndez, grande entre los grandes, compuso una canción entre trova y bolero que hoy es parte del repertorio de cualquier trío en cualquier fiesta o reunión, «La gloria eres tú»: Eres, mi bien, lo que me tiene extasiado / ¿por qué negar que estoy de ti enamorado? […], popularizado por Olga Guillot en Cuba y, en el resto de Latinoamérica, por Los Tres Diamantes. Otras de sus canciones también han tenido un impacto considerable. Entre ellas «Novia mía», «Si me comprendieras», «Me faltabas tú», «Decídete», «Tú, mi adoración» y «Mi mejor canción».

Finalmente, en este movimiento está también Frank Domínguez, autor de un bolero que marcó una época brillante de la popularidad de Lucho Gatica, «Tú me acostumbraste»: Tú me acostumbraste / a todas esas
 cosas, / y tú me enseñaste / que son maravillosas. […]—, y que fue también un éxito en la voz de Olga Guillot.

Y es partir del filin que nacería a mediados de la década de los 70, una corriente de la famosa nueva trova 
cubana —con autores como Pablo Milanés que empieza componiendo canciones de amor como «Para vivir»—, la canción del cantor y la canción de protesta cargada de contenido político, teniendo como exponente máximo a Silvio Rodríguez; pero ésa es otra historia…

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