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Amancebarse

Esta palabrota refiere a una de las prácticas más comunes y de mayor actualidad, a pesar de la antigüedad del propio acto y del término que le da nombre.

A partir del surgimiento del «amor libre» y el rechazo a los lazos conyugales, el amancebamiento es la forma de 
llevar una vida en común con aquel que se ama
sin el papeleo y trámite amatorio conocido como matrimonio. Pero, ¿qué es un mancebo?, ¿de dónde viene tal término y cuáles son las cláusulas que uno acepta en el acto del
 amancebamiento?
Pues bien, la palabra mancebo
 encuentra su origen en el
indoeuropeo, con el verbo kap yo,
 que significa «coger» o «agarrar»;
 a partir de éste, en latín se adopta
 la forma ceps para designar «al que 
coge». Sin embargo, en esta
 cultura tan acostumbrada a 
contener el mundo dentro de sus imperiales manos, se le agrega la partícula man-, proveniente de la palabra manus, que en español da «mano».
Tenemos entonces que para los latinos existe el manceps, que es «quien toma con la mano», y por analogía ésta se vuelve la palabra para designar a los compradores. De este modo surge el mancipium: «quien es tomado con la mano», o bien, «comprado» —esto es, el esclavo.
«Sombra y luz, yema y polen a un tiempo fuiste, despertando en las almas el crimen nuevo, ya con virilidades de dios mancebo, ya con mustios halagos de mujer triste.» Amado Nervo
Al ser los esclavos generalmente jóvenes, la palabra mancipium extiende su uso a todo aquel que goce de la edad y las fuerzas necesarias para trabajar, y es así como ésta se vuelve la voz para nombrar a los hombres «en edad de merecer», es decir, capaces de trabajar para sostener una familia.
Con la llegada de los latinos a la Península Ibérica y tras los ajustes que tuvo su lengua para dar origen al español, la palabra mancipium evolucionó a mancebo, conservando su significado de hombre joven y con las fuerzas necesarias para desempeñar las labores propias de su sexo. De ahí mismo proviene el término «emanciparse», que es liberarse de la sujeción o de la esclavitud.
La palabra mancebo, y su forma femenina, manceba,
estuvieron presentes en la lengua española por muchos siglos —ya se halla en La Celestina de Fernando de Rojas—, aunque poco a poco fueron sustituyéndose por términos como «joven» o «muchacho», hasta caer en desuso y considerarse prácticamente un arcaísmo.
Aunque nunca faltarán aquellos arcaizantes que prefieran el término mancebo para nombrar a quien resulte pertinente. Por todo ello, es importante tener mucho cuidado al momento de amancebarse y estipular claramente quién de los dos ha sido tomado por la mano del otro y cuáles son los servicios que ha de prestar.
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