Ese oscuro verboide del deseo: el gerundio
Algarabía Libros

Ese oscuro verboide del deseo: el gerundio

Reglas para usar correctamente el gerundio

El gerundio en español es —en palabras de la Real Academia Española— una forma invariable no personal del verbo, con terminaciones -ando, -iendo o -yendo, que se usa para denotar estados durativos; o sea, en los que la acción es durable y no nos interesa el comienzo ni el posible fin de la misma. Tiene muy distintos y variados usos, aunque la mayoría de las veces lo reconocemos por su carácter de adverbio —la parte de la oración que modifica al verbo—.

Si al gerundio se le conoce como una forma no personal del verbo o verboide, es porque, a semejanza del participio y del infinitivo, no aclara el tiempo, ni el modo, ni la persona, así que éstos sólo se expresan en conjunción con otros elementos: yo voy caminando, tú vas caminando, él va caminando y así, ad infinitum.

Frente al uso del gerundio no es fácil permanecer indiferente; por ejemplo, un ministro brasileño prohibió el uso del gerundio en la redacción de documentos oficiales en portugués;1 En «Brasilia prohíbe los gerundios», El País, 3 de noviembre de 2007. y, si hablamos de casos más cercanos, en español hay quienes prefieren desmembrar, rearmar, reconstruir, pulir y encerar una oración para eliminar esta forma verbal, con el único objeto de ahorrarse cualquier vergüenza con respecto a su mal uso, así que sacan al pequeño dictador lingüístico que todos llevamos dentro y sueltan a los perros, para cazarlo.

Por ello, a continuación veremos las diferentes funciones del gerundio, tanto cuando se usa de manera correcta como equivocada.

El uso del gerundio

Para comprender su complejidad, podemos usarlo sin temor, siempre y cuando hagamos caso a algunas reglas simples.

Gerundio conjunto. El sujeto de la oración principal debe ser el mismo al que alude el gerundio cuando éste es conjunto. En este primer punto habrá que olvidar oraciones como la siguiente: El granjero atrapó al conejo comiendo zanahorias. Debido a que, si bien, el sujeto puede realizar ambas acciones, tendría que ser el granjero quien comiera las zanahorias mientras atrapa al conejo. Por sentido común, sabemos que esto no puede ser así.

Por ello, no hay solución más sencilla para distinguir al sujeto de una oración que hacernos la pregunta: ¿quién es el que realiza la acción del verbo principal y la del gerundio? Por ejemplo: Agustín se baña cantando, de este modo, la oración anterior nos dice que Agustín puede realizar ambas acciones.

Gerundio absoluto. El gerundio, cuando es absoluto, sí puede tener su propio sujeto, el cual no se refiere ni al sujeto ni al objeto directo de la oración principal y en donde ambas acciones deben ir separadas por una coma. Por ejemplo: Siendo el médico de la familia, confiamos en su ética. La oración nos permite descubrir que el sujeto del gerundio absoluto se refiere al médico y que el verbo confiamos, posee otro sujeto tácito: nosotros.

Gerundio de posteridad. Al gerundio de posteridad hay que darle una despedida. Para entender por qué no debemos usarlo, imaginemos esta oración: Entró a la habitación sentándose. Al decir lo anterior, casi podemos recrear cómo es que el sujeto tácito cruza el umbral, mientras se va dando sentones. ¡A eso se le debe llamar una entrada triunfal! Sin dudarlo, este ejemplo describe, de nuevo, la necesidad de que los verbos de la oración sean compatibles.

Gerundio de simultaneidad. Para usar el gerundio recordemos que la acción del verbo tiene que ocurrir simultáneamente o previamente a la del verbo principal. Ejemplo: Ella camina sonriendo. En la oración, las acciones ocurren al mismo tiempo; es decir, son simultáneas. Se puede caminar por la calle, al mismo tiempo que se esboza una sonrisa, por lo que se cumple con otra premisa muy importante: los verbos deben poder realizarse al mismo tiempo. O como en el siguiente caso: Ella llegó llorando, lo que comprueba que se puede llegar a algún lugar a mitad de un ataque de llanto.

Para conocer más sobre el uso del gerundio, consulta El manual para escribir bien, coordinado por María del Pilar Montes de Oca Sicilia, México, Editorial Lectorum/Editorial Otras Inquisiciones, 2009, pp. 99-104.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Publicidad

Algarabía en 5 minutos

Revista del mes

Libro del mes

Visita Algarabía niños

Crea y personaliza

Taquitos de lengua

Suscríbete a algarabía niños

Visita Algarabía para recordar