Siete turismos capitales del nuevo trotamundos
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Siete turismos capitales del nuevo trotamundos

Los turismos capitales, destinos a los que muchos desean vacacionar.

Los días de asueto, los puentes, las vacaciones son música para los oídos. Es imposible no echar a volar la imaginación, ya sea que uno quiera simplemente estirar las piernas, andar en chanclas todo el día, cambiar ahora sí el foco fundido del pasillo, reventarse un maratón de series, salir a dar la vuelta o romper el cochinito para turistear… total: «mi reino por un Acapulcazo».

Vacacionar es un hábito social de reciente adopción. La primera excursión programada, de Leicester hasta Loughborough, en Inglaterra, para 500 personas fue en 1841. A Thomas Cook, el organizador, se le ocurrió entonces la idea de crear una agencia de viajes que llegó a transportar a 20 millones de personas anualmente y que luego de 178 años de existencia anunció su quiebra en 2019, dejando varados a 150 mil turistas.

Los atractivos turísticos son dictados por el canon regularmente expresado en guías de viaje que sugieren las cosas que hay que ver. Por otro lado, también están determinados por las coyunturas históricas, los recursos, la moda y, desde luego, las motivaciones individuales.

Los usos y costumbres de nuestros tiempos en relación con el ocio, las redes sociales y el culto a la personalidad moldean atractivos, invenciones y tendencias que rápidamente son adoptadas por viajeros ávidos de verse bien, de ser el centro de todas las experiencias. He aquí con usted, querido lector, al nuevo trotamundos y sus siete turismos capitales.

Uno: Turismo elitista
Si usted practica el delicado arte de mirar al resto por encima del hombro, si sus problemas no son de dinero, si está dispuesto a invertir la morralla en un café con polvo de oro, un tucán o una isla… Si se aventura a llegar a los lugares más inhóspitos con tal de alejarse de la chusma pero al mismo tiempo le gusta ostentar; este turismo capital está hecho a su medida.

La distinción es la práctica turística más añeja. La capacidad económica ha permitido a las clases dominantes colonizar espacios naturales y culturales para transformarlos en refugios exclusivos. En sus inicios, los tours por sitios emblemáticos, los baños termales, los juegos invernales: la conquista del ocio fue reservada a las élites.

Hoy, en las listas de los lugares de más privilegio repiten París, Fiji, Nueva York, las Islas Vírgenes Británicas, Bora Bora —con su domingo puede rentar una isla completa—, Seychelles, la Toscana, Dubai, Cayo Musha y Oslo. Para responder a Amado Nervo sobre «Quién será, en un futuro no muy lejano, el Cristóbal Colón de algún planeta» hay que apuntar a algún eliturista ansioso de tapar la Tierra con un dedo.

Dos: Turismo masivo

¿Y por qué usted no? ¡No se deje ningunear! Usted ya lo vio en las historias de Instagram y en el Facebook de su comadre. Ya sabe cuáles son los lugares que no se puede perder. ¡Anímese! Y de una vez con toda la familia y los amigos de la cuadra al fin que ya le va a tocar la tanda. Un pequeño lujo, sí, pero usted lo vale.

No hace ni un siglo —1936— que surgió el concepto de «vacaciones pagadas» como raíz de un convenio entre el gobierno francés y los sindicatos. El desarrollo de las vías de comunicación y transporte, la propagación de recomendaciones y fotografías en publicaciones a gran escala, incluso el aumento en la expectativa de vida estimularon la curiosidad turística y facilitaron la apropiación de comportamientos, prácticas y lugares antes reservados para los pudientes.

Y ni hablar: El hacinamiento de los «sitios de interés» trae consigo impactos ecológicos —como las alertas por contaminación en las playas—, sociales —Venecia tiene menos pobladores que visitantes diarios— y culturales —costumbres locales se han visto desplazadas por las de los visitantes.

Tres: Turismo revolucionario
Si a usted se le enchina el cuero con la entrañable transparencia de —la— querida presencia —del— comandante Che Guevara puede interesarle este turismo capital. No se trata de arriesgar el físico, ni de poner en juego su estilo de vida. Se trata de estar en contacto momentáneamente con alguna de sus utopías.

Le recomendamos visitar Christiania, un reducto hippie de la capital de Dinamarca —en Pusher Street venden mota y hachís por si andaba con el pendiente—, o tomar uno de los «zapatours» por San Cristóbal de las Casas en México — si reserva ahora se lleva una foto con pasamontañas o con blusa floreada en plena selva Lacandona.

Cuatro: Turismo samaritano

Si prefiere que su mano derecha sí sepa lo que hace su mano izquierda, inscríbase a cualquiera de los paquetes de este turismo capital, siempre y cuando le garanticen una playera, un brazalete o al menos un listón del color correspondiente que dé fe de su buena voluntad. Causas no faltan, ni a quién pedirle que lo capte generoso y alejado del bullicio y de la falsa sociedad.

¿A dónde ir? Hay más de 187 mil localidades marginadas en México, pero si anda en busca de mayores indulgencias, algunas oficinas de viaje ofrecen altruismo en países como Kenia, Sudáfrica, Tailandia, Sri Lanka, Perú y Costa Rica. En el último de los casos invéntese un país, la cosa es ayudar.

Descubre los otros tres turismos en Algarabía 182.

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