La tribu TOC
Ideas

La tribu TOC

Ellos son un conjunto de personas que por increíble que parezca viven con un transtrono que afecta su día a día.

Vivo en medio de tres gatos y no puedo vivir con uno solo de sus pelos sobre mí. Cuando termino de vestirme, suelo dedicar algunos minutos más a sacudir mi ropa y pasar sobre ella un artefacto que arrasa con todas las fibras de animales. Este proceso, por fuerza de la costumbre, es casi automático. Creo hacerlo con sumo cuidado; sin embargo, cuando llego a identificar algún malhadado residuo de mis gatos —a quienes, por lo demás, quiero con locura—, ese pelo, cuyo peso ni siquiera es distinguible, adquiere dimensiones colosales: como si una viga de peso respetable se hubiera adherido a mi suéter.

Sé que no soy la única. Pertenezco a un selecto grupo de obsesivos-compulsivos que hacen del mundo un lugar mejor… o más angustiante. Es fácil identificarlos, demudan el rostro cada que algún acontecimiento quiebra la armonía que ansían con tanto ardor; por ejemplo, cuando un lado de las sábanas queda más largo, o cuando la punta del lápiz no es quirúrgicamente simétrica, o cuando rozan, aunque sea brevemente, una de esas diabólicas y pequeñas grietas que surcan las calles de la ciudad, o cuando, al dormir, se percatan de que las puertas del armario no están cerradas del todo, o cuando las figuras presuntamente simétricas de los mosaicos del piso presentan una falla en su secuencia… En fin, cuando la malhadada realidad pone ante nuestros ojos una discrepancia que altera la endeble calma que habita en nosotros, la tribu TOC.

Una tribu ilustre

Enrique Vila-Matas es un virtuoso rastreador de paradojas. Entre las más inquietantes, el escritor español se ha topado con la de los escritores que no escriben, un raro y exclusivo linaje de artistas a quienes la modestia o el más descarnado de interés apartó de la producción creativa. «Bartlebys» les llamó, en homenaje al indescifrable personajillo que le dio la espalda al mundo de la manera más simple y radical: negarse a hacer lo que todos los demás esperaban que hiciera.

Sin aspirar a lograr un ejercicio ni remotamente similar,
ésta muy modesta contribución, que nadie debe tomarse en serio, se propone enumerar a aquellos que, por sus propias obsesiones y compulsiones, saltaron a la escena de las artes. Y es que, ¿qué sería de nosotros sin todas las manías y defectos que tenemos a cuestas, sin esa «patria» íntima —como decía Juan José Millás—, la única verdaderamente nuestra?

Galería de obsesivos

Cine y series
La tribu TOC no puede pasar inadvertida, sus peculiaridades son lo suficientemente llamativas como para atraer las miradas de propios y extraños: las de aquellos que se reconocen contemplando el mismo mosaico mal puesto, y la de quienes no terminan por entender el placer de admirar un escritorio perfectamente ordenado.

Hemos sido retratados en numerosas películas y series. En Mejor imposible —As Good as it Gets— (1997), Jack Nicholson interpreta a Melvin Udall, un curioso escritor de novelas románticas que, entre otras cosas, no puede pisar las grietas de las aceras, antes de ponerse los zapatos debe tocar el piso un determinado número de veces, y el cerrojo de su casa, naturalmente, debe ser cerrado una y otra vez hasta sentirse satisfecho. En fin, un digno representante de nuestra tribu.

En El aviador — The Aviator— (2004), de Martin Scorsese — director TOC—, un jovencísimo Leonardo Di Caprio da vida al magnate Howard Hughes, el TOC quintaesencial, aquejado por un transtorno incapacitante, tanto que durante largos periodos debía ausentarse del mundo.

Tampoco en las series nos quedamos atrás, aunque nuestra presencia no sea tan arrasadora como en el cine. En Monk (2002-2009), el personaje principal, Adrian Monk, es un brillante miembro de la tribu que se ocupa de resolver los homicidios que han dejado estupefactos a los policías de San Francisco. ¿Su secreto?, se detiene a analizar aquellos pequeños detalles que un mortal común y corriente no repararía, como un cajón mal cerrado, polvo nuevo sobre la mesa, o un minúsculo rasguño en el piso de una habitación, exactamente esas cosas en las que un miembro de la tribu consideraría.

Lee el artículo completo en Algarabía 181.

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