Basquiat "El niño radiante"
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Basquiat “El niño radiante”

Desde los años 50, Nueva York se volvió el centro intelectual del mundo con Jackson Pollock y la escuela de expresionistas abstractos, seguidos por los artistas pop, como Warhol y su Factory; los conceptuales, como Yoko Ono, y los minimalistas como Kosuth.

La década de 1960 había sido el boom de la experimentación artística en la que se apreciaba por primera vez la influencia del entorno citadino, la vida urbana
y cosmopolita en las obras de arte. Pero hacia finales de los años 70, Nueva York cayó en una depresión tanto económica como social y se transformó en un imán para escritores, músicos, artistas plásticos, bailarines y cineastas que encontraron en ella una especie de parque recreativo donde poder mezclar su inspiración y su creatividad. La ciudad fue un lienzo donde hallaron libertad de expresión absoluta. Sus barrios, sus bajos fondos, sus paredes, sus callejones, su oscuridad, su basura, sus ruidos, sus peligros y sus posibilidades crearon las condiciones para que las minorías se hicieran de una voz que se escuchara, pero también se leyera: el graffiti.
“El trabajo de Basquiat motivó el reconocimiento del graffiti como parte del mundo del arte”.

A star is born

Gérard Basquiat —haitiano— y Matilde Andradas —de familia puertorriqueña— fueron los padres de Jean-Michel Basquiat (1960-1988), nacido y formado en Brooklyn. A muy temprana edad sus padres se separaron a causa de la enfermedad mental que aquejó a su madre, quien fue recluida en un asilo. En consecuencia, Jean-Michel fue criado, junto con sus hermanas pequeñas, por su padre. Sin embargo, fue Matilde quien acercó a su hijo al arte y al dibujo llevándolo a museos y contagiándole su propio interés en el mundo de la moda. El pequeño, desde que tuvo dominio de su pulso empezó a dibujar sin parar, y tampoco lo hizo en su avidez por la lectura. Durante algún tiempo vivió en Puerto Rico y aprendió español.

A lo largo de su vida absorbió como una esponja idiomas, ideas, estética de todo aquello que pasó frente a sus ojos, desde el arte de los museos, historia, música, los cómics, la televisión, la poesía, el arte pop y, desde luego, la carga de los reveses de la existencia misma. A los 17 años el niño rebelde salió definitivamente de su casa con algún dinero que su padre le entregó. Iba dispuesto a devorarse al mundo y demostrarle a Gérard que podía solo: «Papá, un día voy a ser, muy muy famoso». Sin dinero ni lugar para vivir, Basquiat se refugiaba en parques, trenes, botaderos de basura: «Había días que no podía hacer otra cosa más que caminar».

La última escuela a la que asistió estaba enfocada a jóvenes talentosos emproblemados con la educación tradicional. The–City–as–School fue un lugar donde detonó su creatividad inagotable; ahí conoció personajes con bagaje
e intereses similares a los suyos, como Al Diaz, con quien creó un personaje ficticio que dejaba mensajes en los muros de la ciudad: SAMO —apócope de Same Old Shit—. Comenta el artista Fab 5 Freddy: «En aquel entonces los graffitis no eran más que etiquetas, marcas y huellas para apropiarse del espacio, sólo escribíamos nuestros nombres, pero SAMO rompió con eso y nos llenó de ideas profundas, mensajes críticos y una posición ideológica que nos hacía mucho sentido»”.

En su escritura, siempre en mayúsculas, Jean Michel deja ver no sólo un contenido sagaz, sino una tendencia al orden y al ritmo que se puede observar también dentro de sus libretas de apuntes y, más tarde, dentro de sus lienzos y cuadros, donde las letras casi se desvinculan de las palabras y de sus significados; adquieren la función de elementos pictóricos como lo es una línea, una silueta o un triángulo; su obsesiva repetición genera una especie de textura homogénea en cada obra y, sin embargo, las enmiendas y tachaduras frecuentes se vuelven no sólo correcciones, sino parte del mensaje, lo que se niega, lo que es nulo, lo que está ausente.

Subcultural, contracultural, emergente y alternativo

Su actividad como grafitero le había ganado cierta fama y reconocimiento entre los grupos bohemios y subculturales de Lower Manhattan, en Soho y Greenwich Village. El infatigable Basquiat había pasado por el teatro y la música, desde luego con una postura emergente y vanguardista que nada tenía que ver con el mundo pop repleto de frivolidad y con la evasión de la música disco. En 1979, al lado de Shannon Dawson, Michael Holman y Vincent Gallo, fundó Test Pattern, después llamado Gray, un grupo de música noise rock, cuyas formas hacen pensar en cuán ferviente, creativa, ilimitada y despreocupada era la búsqueda en aquel momento. Las subculturas y los movimientos urbanos realmente lograron un sonido único que todavía conserva su espíritu fresco y alternativo.

En 1980 Basquiat expuso por primera vez en un colectivo donde se enfrentaba la obra producida por los artistas del downtown —de corte new wave y neo-pop— contra los vanguardistas del uptown y su corte grafitero y rapero. El trabajo de Jean-Michel captó la atención de Aninna Nosei quien, de inmediato, le propuso patrocinarlo.
“Basquiat sólo trabajaba sobre papel y en materiales alternativos, como puertas y ventanas que recuperaba de la basura, pues carecía de dinero para telas y bastidoras”.
El patrocinio, desde luego, representaría ganancias millonarias para la galería Nosei, pero dio pie a los primeros lienzos del artista, que fueron pintados en el sótano del establecimiento. La obra íntegra fue vendida en la noche de apertura, lo que le significó a Basquiat no sólo un cómodo ingreso, sino la entrada definitiva al circuito más alto de marchantes, coleccionistas y críticos de arte.

Uno de ellos, Larry Gagosian, lo instaló en su casa de Los Ángeles para que produjera con tranquilidad los cuadros de su siguiente exposición. La expectativa general esperaba pinturas extraordinarias y, en consecuencia, le provocaba una presión tremenda, la sensación de ser explotado y de estar solo. Entonces hizo venir a su novia, una joven que se abría paso en el mundo de la música, de la que dijo: «Es tan talentosa que seguramente llegará a ser una de las grandes
estrellas de la música». Y no se equivocó, pues esa «noviecita» no era otra que Madonna.

Lee el artículo completo en Algarabía 173.

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