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El libro de El Diablo y sus demonios

La figura de El Diablo es poseedora de una ambivalencia con la que nos seduce, es dador de los placeres más sorprendentes y de las condenas más severas.

El Diablo es uno de los personajes míticos que encierra los misterios más agudos y que representa una de las mayores antítesis: por un lado se le conoce como la figura creada por la divinidad, por el otro, como el rebelde, el que renegó de su origen celestial para guiarse por sus propios medios hacia la libertad, lejos de su creador.

Esta figura es poseedora de una ambivalencia con la que nos seduce, es dador de los placeres más sorprendentes y de las condenas más severas, lo mismo nos causa dicha que pena.

A lo largo de la historia, El Diablo ha formado parte de múltiples expresiones que van desde la pintura, la escultura, la música, la literatura, entre muchas otras, pues el hombre no puede concebirse a sí mismo sin la representación de lo que guarda en su interior: la felicidad que encuentra por realizar acciones prohibidas. En El libro de El Diablo y sus demonios encontrará muchas de aquellas manifestaciones demoniacas que lo harán regocijarse de gusto, pero también lo harán sentirse intimidado por saber que, tal vez, esté leyendo algo que no debería.

¡Escúchame y sabrás!

 

  • Cristobal Garza

    Leo y releo en el diccionario de la RAE, en el Diccionario Panhispánico de Dudas y hasta en la Biblia Reina-Valera que «el diablo» se escribe siempre con minúsculas, a menos que vaya al inicio de una frase o sea le nombre propio de una persona especifica. Tampoco se escribe en mayúscula el artículo «el» y sí se contrae con «de» y «a»: del y al. La razón exacta no la sé, tal vez sea porque en la Biblia aparece «diablo» más veces para identificar cualquier representación del mal y que a un personaje especifico con Satanás o Belcebú. Hagan su tarea, muchachitos.

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