Lenguaje

Los arabismos del español I

En Algarabía siempre habíamos querido hablar de los arabismos, sobre todo porque el nombre de la revista ¡es un arabismo!

Por lo tanto, escogimos un capítulo entero del excelente libro 1001 años de lengua española1 Tomado de: Antonio Alatorre, «Los arabismos en el español», Los 1001 años de la lengua española, México: F. C. E., 2002. pp. 99-103. escrito por Antonio Alatorre. Por la extensión de dicho capítulo esta será una publicación de dos partes. Que la disfruten.

algarabía. Sustantivo femenino. Alboroto, barullo, fiesta y alegría. Proviene del árabe al’arabiya y significa «lengua arábiga». También se refiere a hablar en voz alta, a gritos; es decir, a hacer bulla y ruido con voces confusas y estridentes.

Los 4 mil arabismos de nuestra lengua tienen su razón de ser: corresponden a 4 mil objetos o conceptos cuya adopción era inevitable. De manera «fatal», el añil, el carmesí, el escarlata y hasta el azul vienen del árabe. Un caso típico: la terminología de la hechura del barco se tomó básicamente de los moros. Y un caso extremo: las palabras almaizal y acetre, que designan objetos propios de la liturgia católica, ¡son arabismos! [Sin embargo] “el alud de arabismos no afectó la estructura fonética ni sintáctica de las lenguas iberorromances, y que ni siquiera en cuanto al vocabulario las volvió ‘irreconocibles’ como hijas del latín”.2 Ibid., «La lengua de los mozárabes», id. p. 108.

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Si no existieran tantas espléndidas muestras de la cerámica musulmana medieval, bastaría el vocabulario referente a alfarería —comenzando con la palabra misma alfarero— para saber que los cristianos españoles admiraron y aprendieron ese arte de los árabes. Pero los árabes fueron también horticultores, molineros, carpinteros, alfayates —‘sastres’—, talabarteros, almocrebes —‘arrieros’—, alfajemes —‘barberos’—, panaderos, cocineros —y gastrónomos—, marineros, pescadores, agricultores, expertos en equitación, en cultura del aceite —las palabras aceite y aceituna son árabes—, en medicina y farmacia, en pesas y medidas, grandes constructores y decoradores, albéitares —‘veterinarios’—, alatares —‘perfumistas’—, tejedores de telas y de alfombras. En capítulos como éstos puede dividirse el estudio lingüístico de los arabismos, lo cual equivale a conocer capítulos enteros de la historia cultural de España y de buena parte del mundo.

El alud de arabismos no afectó la estructura fonética ni sintáctica de las lenguas iberorromances, y que ni siquiera en cuanto al vocabulario las volvió ‘irreconocibles’ como hijas del latín

Entre los arabismos hay meras golosinas —almíbar, alcorza, alajú, alfajor, alfeñique...— y pequeñeces frívolas como el aladar —‘mechón de pelo’— o importantes como el alfiler.

Pero siempre se ha dado un lugar prominente a las “grandes palabras”, las que se refieren al pensamiento matemático y a la especulación científica. Al pensamiento matemático pertenecen las palabras cero, cifra, algoritmo y guarismo, y la palabra álgebra.

Los árabes hicieron que toda Europa abandonara la numeración romana, tan incómoda para sumar, restar, multiplicar y dividir. Introdujeron el concepto de ‘cero’, que no existía en la tradición grecorromana, y enseñaron un método totalmente nuevo de ‘reducción’, que eso es álgebra.

Con el pensamiento matemático se relaciona la palabra ajedrez —y sus alfiles, sus jaques y mates—: los árabes fueron quienes introdujeron este endiablado juego en Europa. A la especulación científica se refieren las palabras cenit, nadir y acimut, y también la palabra alquimia con sus redomas, sus alambiques, sus alquitaras: los árabes fueron grandes astrónomos; y si alguien cree que la alquimia no significa gran cosa, es que no sabe la importancia que en la historia de la ciencia tuvo la piedra filosofal, ese ’iksîr —de donde viene la palabra elixir— que los árabes enseñaron, no a hallar, sino a buscar. Y además, también las palabras alcanfor, atíncar, azogue, almagre, alumbre, álcali y alcohol, son arabismos.

Veamos, más de cerca, unas cuantas zonas de esa cultura hispanoárabe a través de sus manifestaciones léxicas:

Jardinería y horticultura

Plantas y flores como la alhucema, la albahaca, el alhelí, el azahar, el jazmín, la azucena y la amapola; frutas como el albaricoque, el albérchigo, el alfónsigo —pistache—, el alficoz —cierto pepino—, la sandía, el limón, la naranja y la toronja.

Agricultura

Algunos de estos arabismos se refieren a las obras de riego: la acequia, el aljibe, la noria, el arcaduz, la zanja, el azud, la alberca; otros dan fe del gran número de cultivos que los moros introdujeron: la alfalfa, el algodón, el arroz, la caña de azúcar, el azafrán, el ajonjolí, la acelga, la alubia, la celebradísima berenjena, la zanahoria, la algarroba y la alcachofa.

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Economía y comercio

Ceca ‘casa de moneda’, almacén, alcaicería ‘bazar’, atijara ‘comercio’, albalá ‘cédula de pago’, almoneda, dársena, alhóndiga, alcancía, alcabala, aduana, tarifa y arancel; pesas y medidas: azumbre, arrelde, alqueire, celemín, adarme, quilate, quinta y arroba.

Arquitectura y mobiliario

Alarife ‘arquitecto’, albañil; adobe y azulejo; alacena, tabique y alcoba; alféizar y ajimez; albañal y alcantarilla; azotea, zaguán y aldaba.

La palabra ajuar es árabe, y entre las piezas del ajuar se cuentan el azafate, la jofaina y la almofía, la almohada y el almadraque ‘colchón para sentarse en el suelo’, la alfombra, la alcatifa ‘alfombra fina’, el alifafe ‘colcha’ y el alhamar ‘tapiz’. Vale la pena observar que, hasta entrado el siglo xvii, en los “estrados” de las casas hispánicas había pocas sillas y en cambio toda clase de cojines, almohadones y tapetes, como en tiempos de la morería.

Vestimenta y lujo

Prendas como la almejía ‘túnica’, el albornoz, el alquicel ‘capa’, la aljuba o jubón, el gabán, los zaragüelles ‘calzones’, las alpargatas; la cenefa y el alamar, adornos del vestido.

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Entre los arabismos hay también nombres de perfumes y afeites, como el almizcle, el ámbar, la algalia, el talco, el alcohol, el alcandor, y de joyas y piedras preciosas, como la ajorca, la arracada, el aljófar ‘perlas pequeñas’ y las alhajas en general.

‘Arte’ militar

La alcazaba ‘ciudadela’, el alcázar, la rábida, el adarve, la almena y la atalaya; el alarde, la algara, el rebato y la zaga ‘retaguardia’; el almirante, el adalid, el arráez ‘caudillo o capitán’, el almocadén ‘jefe de ropa’, el alcaide y el alférez; la adarga, la aljaba y el alfanje; también hazaña parece ser arabismo.

Muchas palabras que comienzan en al- no son ciertamente moriscas

En cierto momento, Don Quijote le da a Sancho Panza una pequeña lección sobre arabismos: “Este nombre, albogues —le dice— es morisco, como lo son todos aquellos que en nuestra lengua castellana comienzan en al,conviene a saber almohaza, almorzar, alhombra, alguacil, alhucema, almacén, alcancía y otros semejantes, que deben de ser pocos más”.

Don Quijote está aquí algo distraído: en primer lugar, alba y alma y otras muchas palabras que comienzan en al- no son ciertamente moriscas, y en segundo lugar,como puede comprobarse con sólo pasar los ojos por las incompletísimas listas anteriores, los arabismos con al- no son “pocos más”, sino una cantidad enorme.

Ese al- es el artículo árabe, que en los arabismos ha quedado incorporado al resto de la palabra. Por lo demás, el artículo está asimismo en palabras como acequia, adelfa, ajonjolí, arrayán, atarjea y azahar, aunque reducido a a- por efecto de la consonante que sigue. Las palabras jubón y aljuba significan lo mismo, como también los topónimos Medina y Almedina. Se dice “el Corán”, pero puede decirse igualmente “el Alcorán”, y alárabe era sinónimo de árabe

Glosario

acequia, sustancia química
acequia, zanja o canal para riego
acimut, sinónimo de cenit
adalid, guía, cabeza
adarga, escudo de cuero ovalado
ajimez, ventana arqueada dividida en el centro por una columna ajuar, mobiliario
alambique, aparato para extraer la escencia de una sustancia líquida albacora, hoguera para señales
albañal, canal o conducto de aguas inmundas
albanega, cofia para recoger el pelo
albornoz, abrigo
alcabala, tributo o impuesto
alcaide, encargado de una fortaleza
álcali, óxidos metálicos solubles en agua
alcanfor, producto químico utilizado para hacer papel y en medicinas
alcázar/rábida, fortaleza
alfanje, sable
alféizar, vuelta o derrame que hace la pared en el corte de una ventana o puerta
alférez, el oficial de menor graduación que hay, subteniente algara, tropa de a caballo que hacía correrías en territorio enemigo
alhóndiga, mercado y/o depósito de granos
aljaba, caja portátil de flechas
aljibe, barco tanque
aljuba, gabán de manga corta
aljuba/jubón, vestidura ceñida que cubre de los hombros a la cintura
almáciga, lugar donde se siembran las semillas para después trasplantarlas a otro lugar
almagre, óxido de hierro
almena, prisma defensivo sobre los muros de las fortalezas almofía, sinónimo de jofaina
almoneda, venta pública de bienes
almunia, huerto
alpargatas, calzado de lona con suela de cáñamo ajustado con cintas
alquitara, sinónimo de alambique
arcaduz, caño
atalaya, torre de vigilancia
atarjea, caja de ladrillo para las cañerías
atíncar, bórax —sustancia química—
azafate, canastillo
azogue, mercurio (Hg)
azud, máquina que saca agua de los ríos
cahíz, medida de capacidad equivalente a 666 litros
cenit, punto en el espacio que corresponde verticalmente a un lugar en la Tierra
dársena, puerto resguardado contra los elementos fanega, medida de capacidad equivalente a 55 litros gabán, abrigo
jaez, adorno de caballería
jofaina, vasija en forma de taza para lavarse las manos
nadir, opuesto al cenit
noria, máquina para sacar agua de un pozo
rebato, alarma
redoma, botella de cristal
zanja, excavación larga y angosta

Continuará...❧

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