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Frijolidades de la palabra

Quienes hablamos todos los días, llevamos un registro en la memoria de aquello que escuchamos para relacionarlo con lo que ya sabemos y lo incorporamos a nuestro acervo cultural; sólo que, a veces por ruido perceptual, mal oído o, incluso, por falta de atención, lo percibido no es escuchado y se repite con errores que producen lo que en algarabía hemos denominado una frijolidad1.

Frijolidades disléxicas

Un estudiante de la carrera de nutrición explicaba a sus compañeros que determinados ingredientes se incorporaban a la preparación «a ojo de buey culero».

El consejo pontifical del bolero: «Mire, joven, como dice el viejo soberbio chino». ¿Se referiría a Mao o a Confucio?… ¡Habiendo tanto proverbio! «Prefiero no ir, porque esta semana no estoy muy follante que digamos», decía una dama explicando a sus amigas por qué no asistiría a una comida… Quizá su condición de poco follante —en vez de boyante— era la causa de su transitoria situación económica. Una vecina —por extrañas analogías—combinaba la palabra bandeja y vasija para echar a la calle una «sabandija de agua». «Una vil coca…», dicho por una oficinista para quejarse de que el salario recibido era una bicoca.

La nueva cocinera de la tía Vipo de mi amigo Javier aprendía sus secretos culinarios y muy orgullosa le decía: «Ahora sí, señorita Vipo, la pasta quedó ardiente», en lugar de al dente. O todas éstas en tropel, que encontramos todos los días: redline, por deadline; censo, por consenso; «así está la sitioacción», por situación; reterendum, por referéndum; «me causa irrealidad», en lugar de hilaridad; «me pone tieso» en lugar de «me pone tenso»; «me dio el traumafat», en lugar del tramafat; «me saca del guiso», en lugar de «me saca de quicio»; «no hay lugar», en los juicios, en lugar del «no ha lugar»; etcétera.

La medicina y su frijolidad

Y hay quienes, al hablar de temas ginecológicos, se enredan con los términos «científicos» y dicen que la adolescente «salió premiada», al querer decir preñada; o la cincuentona, a quien además ya le llegó la mesopotamia, que se queja de que su marido es imponente en lugar de impotente. O éstos, extraídos de los pasillos de una delegación: «Tiene que pasar con el médico florense», mientras una mujer era atendida, porque le dio un simposium.

Ejemplo de la vida real

«Hay mujeres que abortan por salud (ya sea propia o del bebe); jamás deben ser juzgadas, y las niñas, adolescentes y mujeres que sufran de violación no deben ser obligadas a vivir con algo que siempre las hará sentir dolor y "sucias" ante el recuerdo del perpetuador

Lo que quiso decir, seguramente, era “perpetrador”. Este es un típico ejemplo de frijolidad cotidiana.

Así que ¡a parar oreja! y a poner atención para recolectar estas perlitas de humor accidental, y no olvide compartirlas con nosotros, que nos preciamos de ser sus amigos ínfimos.

Para saber más de estos hilarantes errores, lee “Los gases del oficio II—y más frijolidades—“ de Dante Escalante en Algarabía 51, p. 80.


1. A este fenómeno se le conoce como «etimología popular», que es la
interpretación espontánea de una palabra, relacionándola con otro término o
raíz. v. Algarabía 18, marzo-abril 2005, ESTÁ EN CHINO: «Los gases del oficio —y otras frijolidades—»; pp. 33-35.


Dante Escalante es diseñador gráfico, ilustrador, escultor, lector, diletante de las letras bien escritas y aspirante a Cristóbal Colón de otros planetas.

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