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Criaturas mitológicas

La fantasía es una cualidad propia e inseparable del ser humano, que le ha servido para explicarse lo desconocido y misterioso. Gracias a ella, éste ha ideado una colección de criaturas que oscilan entre el bien y el mal, y que, hasta la fecha, forman parte del imaginario colectivo.

Pobladora de los rincones del inconsciente, esta fauna se torna casi tangible a través del folclor, la cultura popular y los cuentos, leyendas y proverbios de cada pueblo, así como gracias a los textos de los autores, teólogos, antologistas, enciclopedistas, poetas y viajeros medievales. En un mundo inexplorado y tan poco conocido como el de la antigüedad, estos seres se antojaban tan reales como podrían serlo un lobo, una cabra o un ornitorrinco.

Alrededor del año 1000, estas criaturas comenzaron a proliferar en los capiteles y vitrales de los templos religiosos de Europa occidental. Al arribo del Renacimiento, la visión del mundo se transformó radicalmente: la ciencia y la moral se disociaron, la zoología se separó de la predicación y los animales reales pasaron a un plano diferente del de los imaginarios. No obstante, el progreso científico y cultural no hizo menguar la fascinación por estos seres ilusorios.

Es curioso el patrón de «hibridación» que existe en ciertos arquetipos que gozan de una excepcional difusión y longevidad; entre éstos, resaltan el unicornio —mezcla 
de caballo con animal astado—, el hombre con cabeza de animal, el animal con cabeza humana, el cuadrúpedo alado y el dragón —animal constituido a partir de reptiles como las serpientes o los cocodrilos.

Debido a que, a pesar del paso del tiempo, la fascinación por ellas no ha menguado, presentamos un «repertorio bestial» de doce criaturas míticas sobresalientes, a manera de diccionario:

Basilisco. Se trata de una bestia venenosa cuya mirada era letal: marchitaba las plantas, resquebrajaba las piedras y mataba todo lo que se ponía a su paso. Plinio «el Viejo» lo describió como un híbrido de gallo y serpiente, cuya sangre, se decía, tenía propiedades terapéuticas. Coronado como el rey de las serpientes en numerosos bestiarios medievales, es la encarnación de lo satánico y de la lujuria —que suele ser tan devastadora como este culebrón.

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Cíclope. Brontes, Estéropes y Arges, hijos de Urano
y Gea, constituyeron la primera generación de cíclopes
 en la Teogonía de Hesiodo. Eran artesanos de oficio y sus especialidades eran la metalurgia y la arquitectura. Podemos identificarlos como una raza de gigantes con un solo ojo en el centro de la frente. Se rumora que tenían un carácter de los mil demonios y que devoraban hombres, de lo cual da fe Ulises, el de la Odisea, cuyos compañeros fueron engullidos por Polifemo. Con eso de que «ojo que no ve...»

Centauro. Descendientes de Ixión y Néfele, los centauros eran bestias con cuerpo de caballo y torso y cabeza humanos que vivían en Tesalia. Las leyendas que los mencionan los describen como «seres primitivos, violentos y libidinosos —¿y cómo no serlo con el envidiable “atributo” del caballo?—, que se alimentaban de carne cruda y vivían en estado salvaje en los bosques o en los montes.» Quirón fue quien reivindicó a esta especie, ya que fue una criatura sabia y de carácter afable; no por nada fue tutor de los héroes Aquiles y Jasón.

Dragón. Esta criatura es, tal vez, la más difundida universalmente, pues está presente en casi todas las culturas antiguas. En el mundo occidental tiene una connotación negativa y generalmente se asocia con el fuego o con elementos diabólicos; en contraste, en
 Oriente es símbolo de felicidad y brinda protección contra los malos espíritus. En la América prehispánica, Cipactli y Quetzalcóatl —la serpiente emplumada— eran las versiones mexicas de esta criatura, mientras que Kukulkán era la maya. La imagen más conocida del dragón es la de un gran reptil alado de cuya boca emana fuego.

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Esfinge. Es una de las invenciones más célebres del Egipto faraónico. Su figura aparece en el arte egipcio a partir del reinado de Ra’jedef, a mediados del siglo xxv a.C., pero fue su sucesor, Kefrén, quien mandó construir el colosal monumento de Gizeh con su propio rostro. La esfinge es un claro ejemplo del animal con cabeza humana: posee el cuerpo de un león y, usualmente, la cabeza de una mujer. La esfinge griega poseía, además, un par de alas, así como rostro y pecho femenino. En el mito de Edipo, la esfinge de Tebas proponía un acertijo a
todo aquel que se dirigía a esta ciudad y devoraba 
al que no acertaba; Edipo resuelve el enigma y la esfinge, derrotada, se lanza de una roca y muere; así, esta criatura simboliza el misterio de la existencia humana... y quizá haya sido la primera histérica de la historia.

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Sirena. Las nereidas —y no es danzón— eran sensuales criaturas oriundas de los Balcanes que tenían cuerpo de mujer de la mitad hacia arriba y, como
 decía Rigo Tovar, «cola de pescado». Con 
frecuencia se les describía hermosas, de largos
 cabellos, cantando angelicalmente y merodeando 
las costas exhibiéndose en topless. Sin embargo, todo
 era un plan con maña: estas femmes fatales de la mitología tenían temperamento malévolo y explotaban al máximo sus dotes seductoras con los hombres que se hacían a la mar; los atraían con su canto y su atractivo y los ahogaban. Bien dicen que «más jalan un par de tetas...»

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unicornio. Dicen por ahí que sólo tiene un cuerno porque su novia es «medio» golfa. Cierto o no, según los bestiarios de la antigüedad, este animal gustaba de las muchachitas puras y castas, y se dejaba no sólo apapachar, sino amamantar por ellas —por eso se ha llegado a pensar que su 
asta tiene una connotación fálica o sexual—;
 de hecho, la única forma de atraparlo era
 valiéndose de una doncella como carnada. El primer registro sobre el unicornio se encuentra en un texto de Ctesias, el cual reseña a un animal salvaje cuyo único cuerno tenía poderes curativos; otras fuentes señalan la eficacia de éste como antídoto contra ciertos venenos. En Occidente, el unicornio se asocia con el intelecto, la pureza y la fuerza.

Conoce a otras criaturas mitológicas en Algarabía 55.

José Antonio Valverde es un diseñador gráfico que confiesa que le aterraba 
la oscuridad y, cuando las luces se apagaban, se escondía bajo las sábanas e imaginaba que un zoológico de monstruos lo acechaba. Por fortuna, ya entendió que el miedo es algo aprendido y así ha podido lidiar con sus monstruos...
 y hasta escribir un artículo sobre ellos.

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