Desde la redacción

La mujer de Víctor Hugo le pone el cuerno… con su mejor amigo!

Queridos míos, el escándalo que estoy a punto de contarles es puramente romántico, pues los protagonistas de este triángulo amoroso son: Víctor Hugo, su esposa Adèle Foucher, y el amigo de ambos Charles Agustin Saint-Beuve.

Queridos míos, el escándalo que estoy a punto de contarles es puramente romántico. ¿Y saben por qué? Pues porque los protagonistas de este triángulo amoroso son, nada más y nada menos, que el poeta, novelista y dramaturgo Víctor Hugo —cuya carrera va en vertiginoso ascenso—; su esposa —y amiga de la infancia— Adèle Foucher, y el amigo de ambos —y también escritor— Charles Agustin Saint-Beuve.

París, Francia, invierno de 1831

Así es, hijos míos, en esta romántica ciudad —no me refiero a que París sea romántica, sino que estamos en el auge de la corriente literaria llamada Romanticismo—, tres almas, tres cuerpos, tres corazones se debaten entre el amor, la amistad y el deber.

La historia empezó hace tres años, cuando Víctor Hugo buscó a Saint-Beuve para agradecerle una crítica positiva e inteligente que hiciera de su poesía en una revista. De inmediato hicieron clic y se volvieron muy buenos amigos, tanto así que Charles empezó a frecuentar la casa de los Hugo hasta visitarlos ¡dos veces al día!

Obviamente, esta familiaridad tuvo sus consecuencias, y cómo no. Víctor Hugo, ocupadísimo escribiendo teatro, novela y demás, pasaba casi todo el tiempo trabajando, así que a Adèle le tocaba actuar de anfitriona con Saint-Beuve. La amistad se transformó en amor, y estos dos le dieron vuelo a la hilacha a espaldas de Hugo, mientras él hacía las últimas correcciones de su más reciente novela Nuestra Señora de París.

Y, bueno, chicos, que Víctor Hugo no tiene un pelo de tonto y en cuanto leyó un libro de poesías de Saint-Beuve llamado Las consolaciones (1830), de inmediato se apercibió de que la inspiradora de esos bellos versos era ¡su propia esposa! Cabe aclarar que no sólo se sintió traicionado por el adulterio de Adèle, sino también porque, la verdad, los poemas de Saint-Beuve tienen mucha calidad.

Hugo, herido como marido y como escritor, ha decidido vengar la traición publicando su propio libro de poesía, llamado Las hojas de otoño, para demostrar que su calidad literaria es superior a la de su «amigo» Saint-Beuve.

Y aquí viene otro chismecillo, pequeñuelos: resulta que no es la primera vez que Hugo tiene problemas por las pasiones de su esposa. Víctor Hugo y Adèle se conocían desde niños y eran muy amigos; pero, en 1822, él le propuso matrimonio y ella aceptó. Entonces, el hermano de Víctor, Eugène, ¡se volvió loco! pues estaba perdidamente enamorado de Adèle. Bueno, que esta mujer sí sabe cómo traer loquitos a los hombres.

Pues qué más puedo agregar: Eugène sigue en el manicomio, Adèle cuida a su pequeño hijo mayor, Léopold, y la amistad entre Hugo y Saint-Beuve está definitivamente resquebrajada. Sólo falta que Víctor Hugo se consiga una amante para acabar con este romántico cuadro de engaños y amor, y no dudo que lo haga más temprano que tarde… ¡Ay, dolor!

Au revoir!

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