Desde la redacción

La importancia de soñar despierto

Afuera, por unos segundos, todo parece una ilusión. Adentro, la mente vuela hacia lugares que, sin formas definidas, se nos antojan más reales. Los ojos abiertos y perdidos: necesitamos soñar, también despiertos.

El ruido se confunde en el último plano, cuando afuera la gente, los automóviles y la prisa son uno solo. La conversación de los pasajeros del asiento trasero, las salsas de Mark Anthony en el estéreo del chofer, el olor a pescado que carga en un paquete sobre los muslos esa señora que salió apenas de la marisquería.

Sólo es capaz de realizar los sueños el que, cuando llega la hora, sabe estar despierto.

León Daudí

Afuera, por unos segundos, todo parece una ilusión. Adentro, la mente vuela hacia lugares que, sin formas definidas, se nos antojan más reales. Los ojos abiertos y perdidos: necesitamos soñar, también despiertos. Y de hecho lo hacemos hasta una tercera parte del día.

Los sueños, según el oxidado DRAE, tienen dos acepciones: en la primera, definen a aquellas cosas que carecen de realidad o fundamento y, en especial, proyectos, deseos, esperanzas sin probabilidad de realizarse. En la segunda se refieren al acto de representarse en la fantasía de alguien, mientras duerme, sucesos o imágenes. Ambas provienen del latín somnus, «el acto de dormir».

Desde la psicología, «soñar despierto» se define como una desconexión del ambiente inmediato, durante la cual, la realidad se nubla y es parcialmente sustituida por alguna fantasía, normalmente feliz y agradable, sobre nuestros deseos y ambiciones.

Soñar despierto, por lo general, ha tenido connotaciones negativas, por ejemplo, en el aspecto laboral: además de considerársele un rasgo de improductividad, se pensaba peligroso. Incluso alrededor de 1950, los psicólogos recomendaban vigilar que los niños no soñaran despiertos, por temor a que pudieran caer en algún tipo de neurosis o psicosis.

Sin embargo, Sigmund Freud1 opinaba al respecto que la importancia de soñar despierto radica en que este tipo de sueños expresan, como los sueños nocturnos, los instintos reprimidos de los seres humanos. Los adultos, como los niños, tenemos una necesidad innata de jugar, de crear, de imaginar un mundo propio y recrear el otro como mejor nos convenga. Y desde niños lo tomamos muy en serio. Pero, al crecer, muchos renuncian al placer de jugar, porque ésa es la norma.

Según Freud, el arte tiene la capacidad de expresar los deseos más profundos del hombre, y es por eso que un espectador se identifica, en la medida que un poema, una canción o un cuadro le recuerdan su necesidad de soñar y de conectarse con sus sueños.

Según la revista estadounidense Science, nuestras mentes pueden divagar en la realización de tareas aburridas o poco interesantes porque, de hecho, soñar despierto es el estado normal de la mente, más que una distracción sin motivo. Así, la mente se concentra en pensamientos de mayor importancia —pero no relevantes de manera inmediata—, y viaja de un pensamiento al otro generado imágenes, voces, sensaciones y emociones. Y aunque suene impráctico, es en este momento cuando la gente se concentra, por ejemplo, en su futuro.

Asimismo, mediante las investigaciones cerebrales hechas a partir de imágenes de resonancia magnética funcional —IRMF, o FMRI, por sus siglas en inglés— se ha descubierto que no es sólo la «red predeterminada» del cerebro —ligada a las tareas mentales de descanso, fáciles o rutinarias— la única zona que se activa al soñar despierto. Por el contrario, al mismo tiempo se activa la llamada «red ejecutiva» —asociada con el juicio, el lenguaje, la memoria y la resolución de problemas complejos o aparentemente inconexos—, muy importante, en tareas relacionadas con la creatividad, lo cual demuestra que el cerebro tiene la asombrosa capacidad de llevar a cabo varias tareas a la vez.

Por último, dicen que tanto los post-its, como la teoría de la relatividad surgieron en unos de estos «trances»; así que no descarte los suyos: justo en ello radica su importancia.

Para contactar a Karla Covarrubias, jefa de redacción de Algarabía, síguela en Twitter como @karla_kobach.


1.«The relation of the Poet to Day-Dreaming», en One hundred major modern writers; EE. UU: The Bobbs-Merrill Company, Inc.; 1984.


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